Burbuja de la inteligencia artificial: por qué los inversores temen perder miles de millones

Un informe de Columbia cifra en 3,7 billones de dólares anuales la facturación necesaria en 2032 para que el despliegue rinda un 10%. El flujo de caja libre de Google ya entró en negativo por primera vez desde su salida a Bolsa en 2004.

La burbuja de la inteligencia artificial ya tiene cifra: seis billones de dólares de inversión prevista hasta 2030. Goldman Sachs y JPMorgan firman la estimación. Los inversores firman la duda.

Claves de la operación

  • La inversión prevista hasta 2030: seis billones de dólares, según Goldman Sachs y JPMorgan, con una parte creciente financiada con deuda ajena a los balances.
  • Nvidia multiplica por siete su cotización en pleno ciclo, mientras Meta y Alphabet la duplican. OpenAI y Anthropic apenas facturan 100.000 millones al año.
  • Nueva York frena en seco los nuevos centros de datos y la Reserva Federal elevó los tipos al 3,75%-4%, el primer alza en tres años.

El agujero entre lo invertido y lo facturado

El cálculo que incomoda en las mesas no viene de un fondo bajista, sino de la Universidad de Columbia. Stijn Van Nieuwerburgh, profesor de Negocios, sostiene que el despliegue de la IA absorberá unos 10 billones de dólares entre 2025 y 2032 y que el sector tendrá que facturar 3,7 billones anuales en 2032 para entregar un rendimiento del 10%. En contexto: OpenAI y Anthropic juntas ingresan alrededor de 100.000 millones al año. La distancia entre ambas cifras no es un matiz. Es el núcleo del problema.

Publicidad

La cotización ha corrido mucho más rápido que la caja. Nvidia multiplicó su valor por siete desde el arranque del ciclo y Meta o Alphabet lo duplicaron. Los siete magníficos explican buena parte del crecimiento económico de Estados Unidos, y ahí está la paradoja: el país que mejor mide el fenómeno es también el más expuesto a que se desinfle.

Los propios protagonistas alimentan la desconfianza. OpenAI aparcó su salida a Bolsa, prevista para este mismo año, alegando motivos de seguridad. Sam Altman lo justificó ante Fortune con un argumento que suena a prudencia y también a coartada: no hay presión por cotizar. Dos días después, la prensa estadounidense situaba a la compañía negociando una ronda que la valoraría en dos billones de dólares. Anthropic prepara el debut bursátil más grande de la historia, por encima del que firmó SpaceX en junio.

Burry ha leído las advertencias como herramienta de mercado. El inversor que anticipó el crash de 2008 sostuvo en su cuenta de X que decir ‘somos tan geniales que esto podría volverse peligroso’ es pura expectación y sirve de cobertura para el estancamiento del crecimiento. Sobre el llamamiento a frenar el desarrollo, apostilló que la competencia se acerca y que frenar beneficia a los líderes actuales.

Una burbuja no se confirma hasta que pincha, y cuando eso ocurre ya no queda debate: solo balances que no cuadran.

Los tres requisitos clásicos de una burbuja concurren en el sector: valoraciones desacopladas de los ingresos, una mejora de productividad prometida que aún no se toca y un apalancamiento creciente. El ferrocarril, la radio e internet sobrevivieron a sus respectivas resacas, y la burbuja de las puntocom no fue la excepción. Terra y Netscape sí desaparecieron. Cada salto tecnológico deja ganadores y perdedores.

La deuda invisible que sostiene los centros de datos

La factura se está pagando con dinero prestado. Las compañías estadounidenses captaron 217.000 millones de dólares en los mercados de deuda el año pasado, según Morgan Stanley, y en lo que va de 2026 acumulan 445.000 millones. La previsión para el cierre del ejercicio ronda los 600.000 millones. El flujo de caja libre de Google llegó a entrar en negativo este año, algo que no ocurría desde su salida a Bolsa en 2004.

inversión IA

La parte más opaca es la financiación fuera de balance. El macrocentro Hyperion que Meta construye en Richland Parish (Luisiana) cuesta 30.000 millones de dólares y se articula con un alquiler a dos décadas: la compañía creó una sociedad conjunta con Blue Owl, se quedó con un 20% y dejó que el vehículo Beignet Investor asumiera la deuda. Hay unos 27.000 millones que ya no figuran en el balance de Meta. Goldman Sachs ha rastreado operaciones de este tipo por hasta 1,5 billones.

A esto se suma un entramado de acuerdos circulares. Amazon ha invertido 50.000 millones de dólares en OpenAI y a la vez le ha contratado computación por 100.000 millones. Nvidia se comprometió a inyectar otros 100.000 en 2025, con 30.000 adicionales posibles este año, mientras OpenAI gasta cientos de miles de millones en servicios de Oracle, Amazon y Microsoft, que son a su vez clientes de Nvidia. Sona Asset Management cifró en al menos 3,6 billones de dólares el total de estas conexiones.

Lo que la resaca de Terra enseñó y el mercado de la IA olvida

España ya escribió un capítulo de esta película. Terra Networks se dejó más del 90% de su capitalización entre 2000 y 2002, arrastrada por un modelo que confundía usuarios con ingresos. La lección no fue que internet no sirviera, sino que el mercado sobrevaloró la velocidad a la que llegaría la productividad. Hoy el espejo cotizado más cercano es otro: Cellnex, que levantó su imperio con infraestructura y deuda y lleva dos años vendiendo activos para recomponer el balance.

El frente regulatorio y macroeconómico añade presión. El estado de Nueva York ha impuesto una moratoria a la construcción de nuevos centros de datos y en Europa los gobiernos endurecen las exigencias por consumo de energía y agua, por el precio de la electricidad, el ruido, la contaminación y ahora los riesgos para la humanidad que airean las propias compañías. No hay un equivalente cotizado español con exposición directa al capex de la IA, y esa es la asimetría: aquí el riesgo llega por los proveedores y por la ubicación de los centros de datos.

La Reserva Federal aprobó esta misma semana la primera subida de tipos en tres años, hasta la horquilla del 3,75%-4%, y no descarta nuevos ajustes. Financiar un ciclo de inversión con deuda es una cosa; hacerlo con el precio del dinero al alza es otra. Daron Acemoglu, Nobel de Economía, resumió el detonante: si no hay mejoras de productividad, en algún momento la gente dejará de comprar IA como acto de fe.

Si el desplome llega, no será igual que el de 2000. Gita Gopinath, ex subdirectora gerente del FMI, calculó que una corrección de magnitud similar se llevaría 20 billones de dólares de la riqueza de los hogares estadounidenses, cerca del 70% del PIB del país. De momento nadie levanta el pie: la encuesta de gestores de Bank of America de septiembre constata que la confianza en el ciclo se mantiene, y UBS recuerda que reducir el ritmo no equivale a reducir la inversión. El informe de Columbia y la salida a Bolsa de Anthropic serán los próximos termómetros.


Publicidad