Hay una Rusia que no sale en los titulares de Moscú. VisualPolitik la llama la otra Rusia: el conjunto de regiones que están pagando con presupuestos descuadrados y ataúdes la invasión de Ucrania. En su último análisis, el canal sostiene que Vladimir Putin está sacrificando deliberadamente a media Rusia para proteger a Moscú y a las élites de la capital.
La alerta fiscal no llega de un activista: la lanza el propio ministro de Finanzas ruso, Antón Siluanov. Según recoge VisualPolitik, Siluanov admitió que los déficit presupuestarios regionales podrían alcanzar 1,9 billones de rublos y calificó la situación de grave. El agujero conjunto de las 89 regiones rozará, según el canal, el récord absoluto desde el inicio de la guerra. La razón, sostiene, es que el Kremlin no ha repartido el coste: lo ha concentrado en la periferia.
La subasta de soldados que rompe los presupuestos regionales
No existe un impuesto específico para financiar la guerra, explica VisualPolitik. En su lugar funciona una subasta. Cada año el Estado fija un objetivo de reclutamiento, unos 400.000 hombres para 2026, y lo reparte en cuotas entre las regiones. Moscú pone un suelo: 400.000 rublos por contrato, congelado por decreto desde julio de 2024. Todo lo que excede esa prima lo pagan las propias regiones. Como necesitan cumplir la cuota, compiten entre ellas por un bien escaso: varones en edad de combatir.
El ejemplo que cita VisualPolitik es el de Samara. En enero de 2025, la región ofreció bonificaciones de hasta 4 millones de rublos por enrolarse en unidades de asalto, una oferta récord en toda Rusia. Hombres de otras provincias viajaron hasta allí para firmar y capturar el bonus. La puja disparó el gasto. En otoño de 2025, la desesperación obligó a recortar: Samara hundió su oferta un 90% y San Petersburgo canceló, con efecto retroactivo, pagos prometidos a soldados que ya habían firmado. Pese a ello VisualPolitik asegura que los bonos han vuelto a subir por la presión del Kremlin y la escalada de bajas.
Gobernadores sin poder, boyardos del Kremlin
Detrás de esta obediencia fiscal hay una historia de veinticinco años. VisualPolitik recuerda que, tras la caída de la URSS, las regiones rusas negociaban casi de tú a tú con el Kremlin. Putin desmontó ese sistema: en 2002 expulsó a los gobernadores de la Cámara Alta, en 2004 abolió su elección directa y, aunque en 2012 devolvió los comicios, los condicionó a firmas de concejales afines. El resultado, dice el canal, es un gobernador convertido en directivo territorial: no rinde cuentas al elector, sino a un solo hombre en Moscú. Por eso prefiere hipotecar su región antes que incumplir la cuota.
En Rusia no hay un impuesto de guerra; lo que hay es una subasta en la que 89 regiones pujan por el mismo producto escaso: hombres en edad de combatir.
— VisualPolitik
La cadena de mando no termina en el gobernador. VisualPolitik menciona un decreto de marzo de 2026 en Tuvá que obliga a las empresas a identificar candidatos al ejército: al menos dos empleados idóneos en pequeñas compañías y cinco en las grandes. El director de fábrica se transforma en reclutador. Sin elecciones reales, sin prensa independiente y sin tribunales que frenen, la periferia queda atrapada en una cadena que va del Kremlin al jefe de personal de cualquier empresa.
El mapa de la muerte: Tuvá multiplica por 50 a Moscú
El desequilibrio también se mide en ataúdes. Con 239.747 muertes confirmadas a mediados de agosto de 2026, según recuentos de medios rusos citados por VisualPolitik, la letalidad es radicalmente desigual. En Moscú se registran unos nueve fallecidos por cada 100.000 habitantes; en Tuvá, 476. Un hombre nacido en esa república siberiana ha tenido unas 50 veces más probabilidades de morir que un hombre de la capital. Además, dos tercios de los fallecidos proceden de localidades de menos de 100.000 habitantes.
El canal añade otro dato: dos repúblicas del Volga, entre las más industrializadas del país, suman más de 18.000 muertos, más de los que la Unión Soviética perdió en diez años de guerra en Afganistán. Mientras tanto, Chechenia, pese a ser de las regiones más pobres, apenas aparece en el mapa de muertos. VisualPolitik sostiene que la diferencia no es casual: Ramzán Kadírov tiene un ejército propio y peso político para negociar con Moscú. El gobernador de Tuvá no. La suerte de una región depende de la influencia de quien la gobierna.
La morfina de la economía de guerra
El canal advierte de que buena parte del país está compensando el agujero con empleo y rentas ligadas al rearme. Las fábricas trabajan sin descanso para abastecer el frente y eso actúa como morfina económica: oculta los problemas mientras se consume capital real y se hipotecan las cuentas públicas. Si la guerra termina o se desmoviliza la economía bélica, VisualPolitik estima que el golpe sería tremendo. Por eso, añade, el Kremlin no quiere oír hablar de desmantelar esa estructura.
Por qué importa más allá de Rusia
Para el lector europeo, el desequilibrio no es un asunto interno menor. Un sistema de reclutamiento sostenido por bonos regionales es inflamable: depende de presupuestos locales ya en déficit, de gobernadores sin apoyo popular y de una economía de guerra que tapa los costes. VisualPolitik sugiere que Putin está consumiendo el colchón que mantiene la estabilidad del país. Si la periferia deja de tragar, el problema deja de ser solo ucraniano y se convierte en un riesgo de gobernanza dentro de Rusia.
La pregunta que deja el análisis es si hay un límite. Hasta ahora las regiones han cumplido, incluso a costa de recortar en sanidad y de enviar a sus hombres a unidades de asalto. Pero el propio relato de VisualPolitik indica que la munición fiscal no es infinita. La Rusia de los boyardos puede seguir obedeciendo un tiempo más; la Rusia de los presupuestos rotos quizá no. La otra Rusia ya está pagando la factura. Falta saber cuándo dejará de hacerlo.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de VisualPolitik en YouTube.






