El telescopio James Webb lleva años captando objetos diminutos, rojizos y extraordinariamente brillantes en el universo temprano. La interpretación de esos destellos, conocidos como little red dots, se ha convertido en uno de los debates más ásperos de la astrofísica reciente. Según recoge Quanta Magazine este 14 de septiembre, dos equipos defienden que al menos un par de ellos podrían ser estrellas de agujero negro: envolturas de hidrógeno doce veces más grandes que la órbita de Plutón con un agujero negro en su núcleo.
Al principio, los astrónomos los clasificaron como galaxias lejanas. Su brillo era tan extremo que, para encajar en los modelos, deberían haber crecido demasiado deprisa: alguien llegó a llamarlos rompedores del universo. Luego, los espectros detallados cambiaron el guion. Las líneas de hidrógeno aparecían ensanchadas, una firma típica del gas que gira a velocidades enormes alrededor de un agujero negro supermasivo.
Durante un tiempo, la explicación dominante fue esa: los puntos rojos eran agujeros negros supermasivos rodeados de gas caliente. Encajaba con la firma espectral y no rompía la cronología cósmica. Sin embargo, faltaban dos detalles incómodos. Los agujeros negros de este tipo suelen parpadear al engullir materia y emiten rayos X intensos; la mayoría de los puntos rojos no hacían ni una cosa ni la otra.
En la primavera de 2025, dos colaboraciones golpearon la mesa. Los equipos de Anna de Graaff, del Instituto Max Planck de Astronomía, y de Rohan Naidu, de la Universidad de Hawái, presentaron dos puntos rojos excepcionales. Eran tan rojos que el Webb apenas detectaba luz azul. Y en una franja concreta del espectro, el brillo subía de golpe: una discontinuidad de Balmer, la huella de una superficie estelar de hidrógeno a unos 5.000 kelvin.
El problema es que esos objetos no podían ser estrellas normales: brillaban como una galaxia entera. Tampoco parecían agujeros negros clásicos, porque estos no producen una curva suave de Balmer. La salida que propusieron de Graaff y Naidu es una estrella de agujero negro, un sistema híbrido sin confirmación observacional previa.
Si colocáramos una de ellas en el lugar del Sol, se extendería una docena de veces más allá de la órbita de Plutón. Su capa exterior herviría de forma inestable y expulsaría masa al espacio; en el centro, un agujero negro calentaría el gas circundante y empujaría hacia fuera la envoltura. Ese motor oculto explicaría por qué no se ven los rayos X y por qué apenas parpadea: el capullo de hidrógeno actúa como pantalla.
El hallazgo deja de ser una rareza cromática y se convierte en una posible pieza perdida del nacimiento de los agujeros negros supermasivos.
Los puntos rojos que desconcertaron al Webb
La historia de estos objetos comenzó en las primeras imágenes profundas del telescopio. Apenas ocupan un píxel, pero aparecen por todas partes. En 2023, los investigadores empezaron a llamarlos little red dots. Al principio se pensó que eran galaxias remotas; después, agujeros negros supermasivos en el corazón de galaxias bebé. La diferencia no es menor: un agujero negro central no obliga a revisar la formación galáctica.
Para distinguir entre escenarios, los equipos apuntaron el Webb durante horas a esos destellos. Las campañas, Rubies y Mirage descompusieron su luz con precisión. Cada elemento químico deja una firma de color distinta. Si el hidrógeno aparece ensanchado, algo lo acelera; si aparece un salto de Balmer, hay una superficie gaseosa densa. Los dos objetos de 2025 mostraban ambas cosas a la vez.
Nace una hipótesis: la estrella de agujero negro
La propuesta es audaz. Dentro de una estrella de estas dimensiones, el agujero negro sería el auténtico motor, no la fusión nuclear del hidrógeno. El gas arremolinado cerca del agujero brillaría en una gama amplia de colores; al filtrarse hacia la superficie, el hidrógeno absorbería el azul y dejaría pasar el rojo. El resultado sería un cuerpo con la firma térmica de una estrella de 5.000 kelvin y la luminosidad de un agujero negro activo.
Un tercer equipo, con Vadim Rusakov de la Universidad de Manchester, propuso en paralelo una explicación para las líneas anchas. Si parte del ensanchamiento se debe a electrones que dispersan luz, y no solo a gas girando a velocidades extremas, el espectro encaja con una envoltura de hidrógeno más lenta y densa. Los tres grupos publicaron sus resultados el 20 de marzo de 2025, una fecha que algunos investigadores bautizaron como el día de la estrella de agujero negro.

Un debate polarizado en la astronomía
La interpretación no ha convencido a todos. Roberto Maiolino de la Universidad de Cambridge admite que los datos son convincentes, pero no el modelo. Un agujero negro supermasivo del universo temprano podría tener un suministro de gas más estable y alimentarse sin parpadear. El polvo en forma de rosquilla bloquearía los rayos X. Y el enrojecimiento podría deberse al ángulo de visión: si observamos la rosquilla de canto, vemos un punto rojo; si la vemos desde arriba, un punto azul.
En una conferencia celebrada en Aspen en abril de 2026, el astrofísico Dale Kocevski intentó resumir un punto aparentemente pacífico sobre la luz azul residual de estos objetos. La sala estalló en discusión antes de superar el primer apartado. Anna-Christina Eilers, del MIT, lo resume con una frase: el campo se ha polarizado.
Me parece un debate sano. La navaja de Occam es subjetiva: lo que para unos es la explicación más simple, para otros es una clase de objeto jamás confirmada. Conviene recordar que las piezas clave aún no han pasado una revisión independiente; varios de los estudios citados son preprints. Sea cual sea el desenlace, el Webb ha convertido un puñado de píxeles rojos en una pregunta sobre el origen de los agujeros negros supermasivos.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: dos little red dots extremadamente rojos que podrían ser estrellas de agujero negro, un nuevo tipo de objeto astronómico.
- Dónde: universo temprano, en los primeros mil millones de años tras el Big Bang.
- Institución responsable: equipos liderados por el Instituto Max Planck de Astronomía, la Universidad de Hawái y la Universidad de Manchester; interpretación pendiente de revisión por pares.
- Cuándo: primavera de 2025 para las observaciones clave; debate vigente a 14 de septiembre de 2026.
- Impacto a futuro: podría explicar cómo nacieron los agujeros negros supermasivos que hoy ocupan el centro de las galaxias.




