Google invierte 13.000 millones en centros de datos en Finlandia y dispara la puja energética de Iberdrola

El gigante tecnológico firma con Fortum un contrato de compra de energía que extiende 22 años la vida útil de una nuclear. El movimiento intensifica la competencia por asegurar electricidad limpia en el norte de Europa.

Google anuncia 13.000 millones en Finlandia para centros de datos e infraestructura de IA, su mayor desembolso en Europa. El movimiento dispara la puja por energía limpia en la que compite Iberdrola con la finlandesa Fortum.

13.000 millones para centros de datos e IA

La cifra supone el mayor desembolso de Google en Europa y consolida a Finlandia como uno de los principales destinos para la infraestructura de inteligencia artificial. Fuentes del sector confirman que el plan contempla levantar varios centros de datos en el sur del país, donde la red eléctrica es especialmente estable.

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Google lleva años operando en Hamina, una de sus instalaciones europeas de referencia. La nueva inversión multiplica la capacidad existente y busca responder a la demanda de servicios de nube y modelos generativos. Para hacerse una idea, los 13.000 millones superan el presupuesto anual de algunos países europeos en transformación digital.

No se trata de una apuesta aislada. Microsoft y Amazon también han intensificado sus inversiones en Escandinavia, atraídos por la combinación de frío, fiscalidad estable y acceso a energía renovable. La disponibilidad de electricidad se ha convertido en el primer filtro para decidir dónde aterriza un centro de datos.

Fortum, Iberdrola y una nuclear con 22 años más de vida

El acuerdo con Fortum es el corazón de la operación. Google no solo compra electricidad; también asegura la viabilidad de una central nuclear que prolongará su actividad 22 años más, algo poco habitual en el sector tecnológico. La finlandesa presta el suministro y, a cambio, obtiene un cliente ancla para justificar la extensión de la planta.

Iberdrola no se queda quieta. La eléctrica que preside Ignacio Sánchez Galán mantiene contactos con los promotores de otros centros de datos en Finlandia y en el resto de la región nórdica. De hecho, la competencia por la energía para IA está obligando a las eléctricas a ofrecer contratos a muy largo plazo, algo que tensiona sus balances.

La inteligencia artificial no se alimenta solo de chips: necesita un suministro eléctrico blindado durante dos décadas.

La acción de Fortum se ha disparado en la bolsa de Helsinki. Aunque no hay cifras oficiales, los inversores interpretan que el contrato con Google aporta previsibilidad de ingresos durante más de dos décadas. Esa señal vale casi tanto como el acuerdo en sí.

Finlandia cuenta con una capacidad nuclear que cubre cerca de un tercio de su generación anual, según los datos de la industria local. A ello se une una red hidroeléctrica consolidada y un despliegue eólico que no deja de crecer. El resultado es un mercado mayorista con precios competitivos y menos volatilidad que el resto de Europa.

Finlandia se ha convertido en el interruptor de Europa.

Finlandia, el nuevo nodo energético de la IA

La elección de Finlandia no responde solo al clima frío, que abarata la refrigeración de los servidores. Tiene que ver, sobre todo, con la disponibilidad de electricidad descarbonizada y predecible. Mientras otros países europeos pelean por conectar nuevos parques eólicos o plantas solares a la red, Finlandia ya ofrece un excedente energético gracias a su mix nuclear e hidroeléctrico.

Aquí aparece una contradicción que conviene mirar de cerca. La expansión de los centros de datos en el norte de Europa está chocando con la capacidad real de la red. Los gestores de transporte tienen que priorizar qué proyectos se conectan y qué empresas esperan. La apuesta de Google por una nuclear con una vida útil ampliada no resuelve el cuello de botella: lo maquilla en su propio beneficio.

En 2022, la crisis energética puso en jaque a la industria europea. Aquella experiencia explica por qué los contratos a diez o veinte años han dejado de ser una rareza para convertirse en la nueva norma. No obstante, el movimiento tiene lógica empresarial. Para una compañía con la escala de Google, asegurar energía a 22 años vista es una decisión de gestión de riesgos, no un capricho. La volatilidad de los precios mayoristas y las tensiones geopolíticas convierten a la energía europea en un activo estratégico. Si Iberdrola o cualquier otra competidora quiere disputar ese terreno, tendrá que ofrecer condiciones similares de estabilidad y precio.

Seguiré con atención la próxima presentación de resultados de Iberdrola. Si la puja por estos contratos se concreta en algo más que conversaciones, aparecerá en la cartera de renovables y en la visibilidad de ingresos. Finlandia ha dejado de ser un mercado secundario para convertirse en la mesa donde se decide quién alimenta a la inteligencia artificial en Europa.


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