Dos cabeceras estadounidenses demandan a OpenAI y Microsoft por usar su periodismo como entrenamiento de ChatGPT sin permiso.
The Seattle Times y Newsday acusan a las tecnológicas de reproducir pasajes de sus informaciones en las respuestas del chatbot. la lista de medios que lleva a la IA generativa a los tribunales crece cada semana, y esta vez el frente abarca las dos costas del periodismo regional.
Claves de la operación
- Uso no autorizado de artículos. Los dos editores sostienen que sus textos alimentaron los modelos de OpenAI sin negociación previa.
- Microsoft, demandada por Copilot. El producto conversacional hereda la tecnología de OpenAI y convierte a la tecnológica en codeudora.
- Precedentes en cascada. The New York Times, Ziff Davis, Merriam-Webster y Encyclopedia Britannica ya presentaron demandas similares.
La prensa redobla el cerco sobre el modelo estrella de OpenAI
La demanda alega que utilizaron su periodismo como datos de entrenamiento sin autorización y que ChatGPT a menudo reproduce fragmentos de los reportajes al responder a los usuarios. No se trata de una acusación genérica: los medios señalan pasajes concretos en los que el modelo recupera su trabajo sin atribución.
Microsoft entra en el caso porque Copilot se apoya en la misma tecnología. Microsoft es demandada por Copilot, construido sobre la tecnología de OpenAI, lo que amplía la responsabilidad más allá del laboratorio de San Francisco.
La demanda se suma a la ofensiva de casi 400 cabeceras locales que han llevado a las dos compañías ante los tribunales en los últimos meses. El dato dibuja un frente descentralizado que los gigantes de la IA no pueden ignorar.
El riesgo financiero va más allá de una eventual indemnización. Cada litigio encarece la factura legal y el acceso a los datos, y sitúa a OpenAI ante un dilema: pagar licencias o reentrenar sus modelos sin ese material.
El copyright deja de ser un debate técnico: cada sentencia fija el precio de los datos con los que se entrena la IA.
El frente local se convierte en la mayor amenaza económica para OpenAI
Los analistas jurídicos consideran que la acumulación de demandas obliga a negociar acuerdos de licencia con cada editor. El efecto dominó amenaza con acelerar los pagos por licencias a los medios, y cada acuerdo público establece una referencia para el siguiente. OpenAI ha firmado ya acuerdos con grandes grupos editoriales, pero el precio de esos pactos sube con cada sentencia. Microsoft, por su parte, arrastra la exposición de Copilot en el segmento corporativo, donde la fiabilidad del contenido es un argumento de venta.
El coste no será solo directo: las tecnológicas, podrían verse obligadas, a renegociar sus relaciones con proveedores de noticias y a blindar sus procesos de entrenamiento. La presión reputacional se traduce en exigencias de transparencia que ya están en la agenda regulatoria europea. En la UE, la Ley de IA obliga a documentar el origen de los datos de entrenamiento, lo que añade costes de cumplimiento. Para un modelo como ChatGPT, eso supone auditorías internas y controles de trazabilidad que conviven con la litigiosidad estadounidense.
Lo que se juega la prensa española en esta batalla global
España ya vivió un episodio parecido con los agregadores. Google News cerró en España en 2014 por el canon editorial que imponía la Ley de Propiedad Intelectual a los editores. Aquel pulso terminó con el regreso del servicio en 2022 tras un cambio normativo. Aquella pelea se libró en el terreno de los enlaces; la actual, en el de la reproducción sustancial de textos.
Ahora el equivalente es distinto: la IA generativa no enlaza, reproduce. Observamos que la prensa local española se enfrenta al mismo riesgo de expropiación digital, aunque con una ventaja: el marco europeo de derechos de autor obliga a los modelos a negociar. Reentrenar los modelos sin contenido protegido dispararía los costes de OpenAI, pero también dejaría a los medios fuera del mercado de datos si no pactan pronto. La posición de cabeceras regionales como las demandantes estadounidenses es más frágil: su marca no tiene la fuerza de The New York Times y su supervivencia depende de activos legales, no de acuerdos comerciales.
La siguiente cita judicial en este caso puede llegar con la contestación de las demandadas. Hasta entonces, la varita del juez va trazando el precio del periodismo en la era de la IA.





