Jensen Huang proclama que la AGI ya está aquí. El CEO de Nvidia vincula el lanzamiento de GPT-6 Astra con la llegada de la inteligencia artificial general, sin aportar evidencia técnica que lo respalde. La afirmación reaviva una pugna financiera entre los gigantes de la IA y condiciona la narrativa bursátil de Nvidia, que se ha consolidado como el principal proveedor de infraestructura para el sector.
Claves de la operación
- Huang vincula la AGI a GPT-6 Astra. El modelo de OpenAI se entrenó con más de 100.000 GPU Nvidia Grace Blackwell, un detalle que el propio Huang subraya.
- El sector responde con cautela. Microsoft, Anthropic y Yann LeCun recuerdan que no existe una definición consensuada de AGI ni evidencias de que los modelos actuales la hayan alcanzado.
- Nvidia defiende su negocio. La narrativa de Huang se alinea con la posición de Nvidia como proveedor de infraestructura: cada nuevo modelo justifica más GPU y más inversión en centros de datos.
La pugna por definir la AGI se traslada al tablero bursátil
No es la primera vez que Jensen Huang anuncia la llegada de la inteligencia artificial general. En marzo de este año ya aseguró que los agentes de IA capaces de alimentar un Tamagotchi por nosotros confirmaban ese hito. En la llamada de resultados del pasado 26 de agosto fue más lejos: afirmó que ‘para muchas tareas, ya hemos alcanzado la AGI’. El patrón es constante: Huang repite el mensaje ante audiencias financieras y tecnológicas.
El contexto importa. Nvidia se ha convertido en el pegamento de la industria: vende las GPU, el software y la infraestructura que sostiene la carrera de la inteligencia artificial. Su CEO tiene incentivos contables para acortar los plazos. El lanzamiento de GPT-6 Astra ha exigido más de 100.000 GPU, y ya hay 400.000 en la línea de salida para modelos futuros. Cosas que pasan en 2026.
GPT-6 Astra no convence a los investigadores
OpenAI no ha abierto la boca. La empresa que ha lanzado GPT-6 Astra no ha confirmado que su modelo haya alcanzado la inteligencia artificial general. Tampoco existe ningún organismo que haya validado la afirmación de Huang. El investigador Gary Marcus lo resume sin rodeos: el mensaje del CEO de Nvidia se apoya en la nada más absoluta.
Otros pesos pesados comparten la cautela. Satya Nadella, CEO de Microsoft, considera que ‘estamos muy lejos de la AGI’. Dario Amodei, de Anthropic, habla de que quedan años. Yann LeCun, padrino de la IA, describe los modelos actuales como ‘teclados predictivos en esteroides’ y reclama capacidades de planificación que aún no existen. La mayoría de los expertos considera que GPT-6 Astra está a la par de Fable 5.1 de Anthropic, una iteración aditiva más que un cambio de paradigma. El silencio es elocuente.
Huang prefiere hablar de cifras. Celebró que GPT-6 se entrenó con 100.000 GPU Nvidia y que ya hay 400.000 GPU en línea para los siguientes modelos. Para su cuenta de resultados, la discusión perfecta no necesita definiciones, solo demanda sostenida de hardware.
La AGI no se anuncia en una llamada de resultados, se demuestra con pruebas que nadie tenga que interpretar.
Nvidia se juega más que una etiqueta tecnológica
La dependencia de Nvidia se ha convertido en un asunto de política industrial europea. En España, los grandes proyectos de inteligencia artificial dependen de la disponibilidad de GPU estadounidenses, sin ningún fabricante local capaz de ofrecer una alternativa. El Barcelona Supercomputing Center y los principales centros de investigación utilizan tecnología de Nvidia, lo que sitúa a la compañía en una posición estructural dentro del sector tecnológico europeo. Europa perdió la batalla del microchip en los años 90 y ahora repite el patrón con la IA.
Nvidia no tiene un competidor comparable en el IBEX 35. No hay una empresa española que fabrique semiconductores de alto rendimiento ni que compita en el mercado de infraestructura para inteligencia artificial. La referencia más cercana en el entorno europeo es ASML, con su monopolio en litografía, pero incluso ASML depende de la demanda de fabricantes que, a su vez, compran a Nvidia. Esta concentración de poder tiene implicaciones regulatorias que la Comisión Europea estudia en el marco de la nueva normativa digital.
El riesgo para Nvidia no es tecnológico, sino de credibilidad. Si la AGI no llega en los plazos que Huang promete, la burbuja de expectativas puede desinflarse. La compañía cotiza a múltiplos que descuentan un crecimiento sostenido de la demanda. Cualquier señal de agotamiento golpearía su valoración. El próximo hito concreto para observar será la publicación de resultados trimestrales de Nvidia, prevista para finales de 2026. Entonces se verá si los ingresos acompañan a las palabras. El desenlace está en los números.





