Las 5 obras del museo Del Prado que no puedes perderte si de visita en Madrid

Visitar el Museo del Prado es una de las experiencias imprescindibles de Madrid, pero también una de las más abrumadoras: una colección inmensa, larguísimas salas y nombres universales en cada esquina. Esta lista no aspira a sustituir la visita completa, sino a señalar cinco piezas que ningún recorrido sensato debería dejar fuera. Son obras que, vistas en persona, dicen más que cualquier reproducción; conviene acercarse a ellas con calma, porque cada una es un mundo que merece su tiempo.

El criterio combina significación histórica y capacidad de asombro: cada obra marcó un punto de inflexión o llevó un género a su límite. También hay variedad de épocas y escuelas, para que el recorrido tenga ritmo y contraste. No están, ni mucho menos, todas las obras mayores del museo; estas cinco son una puerta de entrada, un hilo que enlaza con otras muchas salas. Si alguna consigue detenerte más de lo previsto, la lista habrá cumplido su propósito: encender las ganas de volver y seguir explorando.

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Carlos V en Mühlberg, de Tiziano

No es solo el único retrato ecuestre que pintó Tiziano: este óleo sobre lienzo de 335 x 283 centímetros, fechado en 1548, creó el prototipo del soberano a caballo que después replicarían Van Dyck, Velázquez o Goya. Conmemora la victoria de Carlos V sobre los príncipes protestantes de la Liga de Esmalcalda en la batalla de Mühlberg del 24 de abril de 1547, y fue ejecutado en Augsburgo entre abril y septiembre de 1548, durante la Dieta Imperial y probablemente por encargo de María de Hungría, hermana del emperador. Tiziano desoyó a Pietro Aretino, que le proponía alegorías y enemigos pisoteados, y optó por una imagen directa y verista: Carlos como miles christi, con la lanza en ristre que evoca a San Jorge, en una síntesis del retrato ecuestre clásico de Marco Aurelio y del caballero cristiano del grabado de Durero. Hasta la armadura que viste, forjada por Desiderius Helmschmid hacia 1544, es auténtica y hoy se conserva en la Real Armería de Madrid.

Lo que vuelve inolvidable el lienzo es la tensión entre el héroe y el hombre: Carlos, que padecía gota y hubo de ser llevado en litera hasta el campo de batalla, aparece sereno y estoico, y esa imagen del poder autocontenido marcó la manera de representar al monarca moderno. La obra ha sobrevivido a una historia accidentada: se rasgó al caer mientras se secaba, sufrió el incendio del Alcázar de Madrid de 1734 y fue evacuada a Valencia y a Ginebra durante la Guerra Civil, antes de su gran restauración entre 2000 y 2001. Hoy preside la Galería Central del edificio Villanueva, donde entre noviembre de 2025 y marzo de 2026 convivió con las instalaciones de Juan Muñoz, y en abril de 2026 el Consejo de Estado, fundado por el propio Carlos V en 1526, se fotografió ante esta pintura para conmemorar su quinto centenario. Pocas piezas del Prado condensan a la vez una obra maestra absoluta y la historia de España.

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