Seis claves de un psicólogo para volver al trabajo sin síndrome postvacacional

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Mete paseos o descansos cortos en tu agenda de la primera semana

a cup of coffee next to a planner

El malestar de la vuelta al trabajo es, ante todo, un problema de transición: el cerebro pasa en pocas horas de la libertad horaria del verano a la exigencia del correo acumulado, las reuniones y el despertador. Los síntomas del llamado síndrome postvacacional, como la fatiga, la irritabilidad o la falta de concentración, suelen remitir en pocos días, pero justo en esa ventana la atención funciona peor y crece la tentación de compensar con jornadas maratonianas. Meter paseos o descansos cortos en la agenda de la primera semana convierte la pausa en una decisión, no en un capricho que se sacrifica ante la primera urgencia. La evidencia respalda el gesto: un metaanálisis de 22 estudios publicado en PLOS One concluyó que los microdescansos reducen la fatiga y aumentan el vigor incluso cuando duran menos de dos minutos. Un paseo a media mañana no roba capacidad de trabajo; evita que el desgaste se acumule y que la reentrada se convierta en una semana entera de arrastre.

La condición es que el descanso sea real y, sobre todo, que esté anotado. Si no ocupa un hueco en el calendario, la avalancha de tareas lo engulle. La investigación sobre gestión de la energía laboral, como el estudio de la Universidad de Queensland, muestra que solo una minoría de empleados combina pausas breves con una organización activa de la jornada y que quienes lo hacen alcanzan los niveles más altos de motivación y sensación de control. Un paseo planificado sirve además para recuperar la luz natural de la mañana, que ayuda a reajustar el ritmo circadiano desordenado por las vacaciones, y para cortar las horas de pantalla que disparan la fatiga visual. Conviene elegir bien su contenido: mirar el móvil mantiene la mente estimulada y no recupera; caminar, en cambio, activa la respuesta de relajación del sistema nervioso y reduce el cortisol. Proteger esos minutos en la agenda es también un mensaje a uno mismo: el bienestar no se acabó cuando terminaron las vacaciones.

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