La posible introducción de aranceles para proteger a los fabricantes europeos frente al exceso de capacidad china tendría un beneficiario indirecto: la siderurgia. El automóvil consume cerca de 25 millones de toneladas de acero al año en Europa y genera más de un tercio de los beneficios del sector, según Citi.
La protección podría sostener durante 10-20 años una demanda superior a la que existiría sin estas medidas, aunque el encarecimiento del acero amenaza con reducir los ya estrechos márgenes de los fabricantes y trasladar más inflación al consumidor, explica Ephrem Ravi.
Nuestros colegas del sector del automóvil parecen cada vez más convencidos de que la UE aplicará aranceles significativos para proteger su industria automovilística. El dato adicional es el informe de Handelsbatt (24 de agosto) según el cual la UE, junto con Corea, Japón y el Reino Unido, está trabajando en un plan para “proteger sus industrias automovilísticas frente al exceso de capacidad china”.
Esto podría suponer un impulso para las acciones siderúrgicas europeas, ya que el sector del automóvil representa una fuente importante y muy rentable de demanda de acero (que alcanzó un máximo de unos 35 millones de toneladas y actualmente se sitúa en unos 25 millones), y supone, según nuestras estimaciones, casi el 20% del consumo y más de un tercio de los beneficios del sector siderúrgico.

Europa: por qué el automóvil es tan rentable para las acereras
La Automoción es la segunda mayor fuente de demanda de acero por volumen (y posiblemente la mayor en términos de beneficios): la demanda de acero por parte de la industria automovilística de la UE ha sido volátil. Alcanzó su máximo en 34,5 millones de toneladas en 2007 (justo antes de la crisis financiera global) y, posteriormente, se recuperó desde un mínimo de 15,8 millones en 2009 hasta alcanzar los 32,4 millones en 2018 (justo antes del “dieselgate”).
Desde entonces, la COVID-19, el conflicto entre Rusia y Ucrania y las presiones de las importaciones procedentes de Asia (especialmente de China) han hecho que la demanda de acero por parte del sector del automóvil se sitúe actualmente en torno a los 25 millones.
Cabe destacar que la industria automovilística representa aproximadamente el 20% de la demanda de acero acabado de la UE, uno de los niveles más altos de la historia (y superior al nivel de alrededor del 17% registrado antes de la crisis financiera global).
Aunque los datos son escasos para demostrar de forma concluyente que el acero para el sector del automóvil sea significativamente más rentable que el de otros sectores de consumo final, estimamos que, en la mayoría de los casos, el acero para automoción es casi el doble de rentable (debido a los elevados requisitos de especificaciones, certificación y homogeneidad) que el producto siderúrgico medio. La construcción (la mayor fuente de demanda de acero) es intrínsecamente local y está más condicionada por los cambios fiscales y monetarios dentro de Europa.
ArcelorMittal, ante una posible cola de viento estructural
Citi continúa diciendo que el descenso de la demanda ha sido una de las principales preocupaciones de los inversores y un motivo de rechazo a la tesis de que “el proteccionismo es bueno para las acciones siderúrgicas de la UE”: Hemos recibido numerosas reacciones por parte de los inversores, algunas de las cuales incluso cuestionaban nuestra comprensión de la economía y el impacto de los aranceles, cuando debatíamos que el proteccionismo de la UE podría ayudar a que la cotización de ArcelorMittal alcanzara los 100 euros.

Es bien sabido que la industria manufacturera del mundo occidental corre el riesgo de perder competitividad debido a los elevados precios de las materias primas y la energía, además de las limitaciones en la productividad laboral (y los aranceles sobre el acero se sumarían a esa elevada base de costes para las industrias manufactureras).
Aunque reconocemos que, a largo plazo, no existe una alternativa real a una energía más barata (y fiable), a unos costes de materias primas más bajos y a una mayor productividad para revertir las perspectivas de la industria manufacturera del mundo occidental, algunas medidas para proteger sectores clave como el del automóvil podrían mantener una demanda de acero más elevada durante 10-20 años de lo que sería el caso de no aplicarse dichas medidas.
El problema: proteger al fabricante encarece el coche
Podría decirse que los efectos inflacionistas del aumento del precio del acero constituyen uno de los “límites” que marcan hasta dónde pueden subir los precios del acero: el acero suele representar menos del 10% del coste de un coche de gama media (y la automoción es una de las industrias de consumo final que más acero utiliza) y menos del 3-4% del coste de la construcción. Aunque estas cifras son tranquilizadoras, los márgenes en estos sectores son ahora bastante estrechos (márgenes EBIT por debajo del 10%) y, por lo tanto, es muy probable que el aumento de los costes del acero tenga que repercutirse en los consumidores finales. La confianza de los consumidores europeos ya se encuentra mermada debido a los elevados precios de la energía, entre otros factores, y no está claro cuántas presiones inflacionistas adicionales podrá absorber el consumidor final.
La protección del automóvil no garantiza que Europa vuelva a fabricar los coches de hace veinte años, pero sí puede evitar que deje de fabricar los que todavía produce. Para las acereras, como Arcelor Mittal, esa diferencia puede valer mucho dinero.




