La economía alemana ha sumado un nueva frente a su crisis de competitividad: el coste de las bajas laborales. El Instituto Económico Alemán (IW) cifra en 86.000 millones de euros la factura que las empresas pagaron en 2025 en salarios por enfermedad y maternidad. Es el doble que hace quince años. En 2010, la cifra fue de 36.900 millones. Lo que veo en los datos no es solo un problema contable: es un síntoma del desgaste del modelo productivo germano.
El desglose del IW, con sede en Colonia, muestra que 72.500 millones correspondieron a salarios brutos y 13.100 millones a cotizaciones sociales. El instituto atribuye el aumento a tres factores: las subidas salariales, la inflación de otros costes laborales y el crecimiento del número de personas empleadas desde 2010.
El desglose de una factura récord
- 86.000 millones de euros: coste total en salarios por enfermedad y maternidad en 2025.
- 72.500 millones: salarios brutos abonados durante las bajas.
- 13.100 millones: cotizaciones sociales asociadas.
- 36.900 millones: coste equivalente registrado en 2010.
- 19,5 días: media anual de días de baja laboral por trabajador, frente a 13 días en 2018, según el Instituto IGES de Berlín.
El dato más inquietante es el efecto de la digitalización. El IW detectó un aumento significativo de las bajas registradas desde que Alemania implantó los certificados médicos electrónicos en 2022. En paralelo, la investigación de IGES sitúa la media actual en 19,5 días por año. Los trabajadores alemanes faltan un 50% más que hace siete años.
En Alemania, el empleador paga el salario durante las primeras seis semanas de baja. A partir de ahí, la prestación corre a cargo del seguro sanitario público. Para frenar la tendencia, el Gobierno de Friedrich Merz prohibirá desde enero de 2027 la emisión de bajas médicas por teléfono.
Competitividad: el contexto industrial y el caso Volkswagen
La factura de las bajas laborales no llega en un vacío. Volkswagen, el mayor fabricante de automóviles de Europa, estudia recortar hasta 100.000 empleos y cerrar varias plantas en Alemania. Su consejo de supervisión se reúne el 4 de septiembre para discutir un plan de reestructuración. La cita no es menor: el país que sostiene la industria del automóvil europea está revisando a la baja su capacidad productiva.
‘Insto firmemente a que utilicemos el tiempo que queda hasta la próxima reunión para acercar posiciones.’ — Olaf Lies, primer ministro de Baja Sajonia y segundo mayor accionista de Volkswagen, 28 de agosto de 2026
La coincidencia no es casual. Las bajas laborales se suman a los aranceles, la caída de la demanda y la competencia china. Lo que veo es una locomotora europea que paga el coste de su propio desgaste: una plantilla más enferma, unos costes unitarios más altos y un margen industrial cada vez más estrecho. Si los días de baja siguen creciendo al ritmo de los últimos siete años, la presión sobre el tejido productivo alemán será estructural, no cíclica.
🌍 El impacto en España y Europa
El impacto directo en España es limitado, pero no inocuo. Las empresas alemanas son el principal motor industrial de la eurozona y un socio comercial clave para España. Si su competitividad se deteriora, la demanda de componentes, maquinaria y servicios del sur de Europa se resiente.
- El Euríbor no se moverá por este dato, pero la debilidad de la economía alemana aumenta la probabilidad de que el BCE mantenga una política monetaria más acomodaticia en 2027.
- Para las hipotecas variables españolas, un BCE menos restrictivo es un alivio moderado, aunque no a corto plazo.
- Las empresas exportadoras españolas, especialmente las del sector de automoción y bienes de equipo, deberían vigilar la evolución de los costes laborales alemanes: un cliente más frágil es un mercado más difícil.




