Rallo: crisis migratoria Ceuta evidencia el abandono del Estado ante Marruecos

El economista sostiene que la entrada masiva del 30 de julio fue una operación de guerra híbrida de Marruecos. Además, critica la inacción del Gobierno durante un mes.

Ceuta vive desde finales de julio una crisis que Juan Ramón Rallo define sin matices como una reversión al estado de naturaleza. En su último análisis, el economista sostiene que la ciudad autónoma ha sido abandonada por el Estado español ante una entrada masiva de inmigrantes marroquíes que, según su relato, constituyó una operación de guerra híbrida orquestada por Marruecos.

El episodio se remonta al pasado 30 de julio. Ese día, explica Rallo, más de 80.000 personas cruzaron por la fuerza la frontera entre Marruecos y Ceuta ante la inoperancia, dice, de las fuerzas españolas. Para el analista no se trata de un flujo migratorio más, sino de una herramienta de presión política: la dictadura marroquí, afirma, instrumentalizó a su propia población para doblegar al Gobierno de España. No es la primera vez que Marruecos recurre a esta estrategia. En 2021, como represalia por la acogida en España del líder del Frente Polisario, Rabat envió a miles de personas contra la frontera española. Aquel movimiento fue reconocido después por el Parlamento Europeo como una instrumentalización de seres humanos con fines políticos, recuerda el analista en su vídeo.

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Un mes de vacaciones: la ausencia de mando único

La respuesta del Estado español, denuncia Rallo, fue prácticamente nula durante casi un mes. Mientras la plana mayor del Gobierno, incluido el presidente, prolongaba sus vacaciones, no se articuló ningún mando único para gestionar la emergencia. Solo hace unos días, al regresar los responsables políticos, se constituyó por fin ese mando y se reconoció públicamente la gravedad de la situación. Rallo ironiza con que las vacaciones parecieron prioritarias a cualquier emergencia nacional.

Durante esas semanas de inacción, el deterioro social se acumuló en la ciudad. Los miles de inmigrantes que no han sido expulsados, relata el vídeo, ocuparon plazas, calles y polideportivos. La propia Fiscalía General del Estado —un órgano que, subraya Rallo, depende del Gobierno y carece de incentivos para perjudicarlo— ha contabilizado 16 agresiones sexuales, la mayoría contra menores, y desde finales de julio se han registrado 88 fallecidos. Estos datos, presentados en el análisis, dibujan un cuadro de colapso del espacio público y de aumento de la delincuencia que alimenta, añade Rallo, el miedo y el hartazgo de la población ceutí.

El contrato social roto y la autotutela ciudadana

Ese hartazgo no es, advierte Rallo, una reacción pasajera. A su juicio, el caos se ha convertido en la nueva normalidad de Ceuta, y la población ha empezado a responder con autotutela: cordones humanos para impedir repartos de ayuda, intentos de expulsar a inmigrantes de las playas. Esas imágenes, sostiene, son síntoma de que el contrato social —ese acuerdo implícito por el que la sociedad entrega al Estado el monopolio de la violencia a cambio de protección— se ha roto. Si el Estado no pacifica, argumenta, la sociedad tiende a protegerse por su cuenta.

No es que volvamos al estado de naturaleza porque no hay Estado: volvemos a él precisamente porque hay un Estado gigantesco que no quiere o no puede defender a sus ciudadanos.

— Juan Ramón Rallo

Un Estado enorme que no defiende lo esencial

Rallo matiza su tesis: el Estado español, desde luego, existe. Recauda impuestos, despliega regulación y nunca ha tenido tanto poder como ahora. Sin embargo, ese aparato gigantesco destina sus enormes recursos a otras prioridades —transferencias sociales, por ejemplo— y descuida la defensa territorial. O, en la hipótesis más dura que plantea el economista, las élites políticas que controlan el Estado podrían estar condicionadas por élites extranjeras, incluidas las marroquíes. En cualquiera de los dos casos concluye, la presencia de un Estado disfuncional para la protección de su población puede ser catalizador del retorno al estado de naturaleza, no su antídoto.

La solución pasa por recuperar el control

Para Rallo, la única salida real es recuperar el statu quo previo a la invasión. Eso exige, dice, que todas las personas que entraron ilegalmente en Ceuta empujadas por la operación marroquí regresen a suelo marroquí. No se trata, aclara, de cerrar las fronteras en general. España ha recibido durante años millones de inmigrantes legales e ilegales que no formaban parte de ninguna campaña militar extranjera, y la mayoría terminaron alojados en viviendas, con contratos de trabajo o de alquiler. El problema específico de Ceuta, explica, es distinto: quienes entraron el 30 de julio no tienen perspectiva de vivienda, y su única alternativa para no ocupar espacios públicos pasaría por que los contribuyentes españoles financiaran su alojamiento. Eso, subraya, no es admisible para los ceutíes ni para el conjunto de los españoles.

Una lectura editorial con ecos de 2021

La lectura de Rallo es opinable y deliberadamente provocadora, pero conecta con un problema estructural que trasciende su análisis. Ceuta y Melilla han sido históricamente territorios sensibles a la presión migratoria instrumentalizada por Marruecos, y el episodio de mayo de 2021, cuando miles de personas cruzaron a la ciudad autónoma en plena crisis diplomática por el líder del Frente Polisario, ya mostró las costuras de la política migratoria española. Si los datos que cita el vídeo se confirman, la crisis actual superaría en escala cualquier precedente reciente.

Qué implica para el lector

La crisis de Ceuta pone al lector ante una disyuntiva incómoda. La tesis de Rallo no es solo una denuncia de la inacción: es una advertencia sobre lo que ocurre cuando una sociedad percibe que el Estado no cumple su función básica de protección. Las imágenes de cordones humanos y playas ocupadas son, en esa narrativa, una llamada de atención sobre la fragilidad de la convivencia. Si el Gobierno español no logra restablecer el orden con los instrumentos legales que reclama Rallo, la degradación social podría continuar alimentándose. La pregunta de fondo es si el Estado europeo del bienestar está preparado para responder a una amenaza híbrida que combina presión migratoria, política exterior agresiva y erosión de la confianza ciudadana.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Juan Ramón Rallo en YouTube.

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