Marc Vidal alerta: la puntuación social llega a 27 países europeos sin pasar por las urnas

Marc Vidal traza un hilo entre el perfilado de ciudadanos nacido en Atlanta en 1899 y la infraestructura de identidad digital que la Unión Europea despliega hoy, pieza a pieza, sin votación que la respalde.

En Atlanta, a principios del siglo XX, un hombre con sombrero llamaba a la puerta de una casa y no preguntaba por el dueño, sino por el vecino de enfrente. Quería saber si bebía, si pagaba a tiempo, con quién se le veía los domingos. Esa escena, caída en el olvido, es el punto de partida del análisis que Marc Vidal desarrolla en su último vídeo: la puntuación social no es un invento de Silicon Valley ni de China, sino un negocio que lleva más de un siglo facturando.

Lo que hoy llamamos perfilado algorítmico, sostiene Vidal, ya existía cuando aquel agente anotaba respuestas en una ficha de cartón que viajaba a una oficina y decidía si el vecino conseguía un seguro, un empleo o un crédito. El vecino nunca sabía que la ficha existía.

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El negocio que nació en Atlanta en 1899

La empresa que industrializó ese negocio, cuenta el analista, se fundó en Atlanta en 1899 de la mano de dos hermanos, Cator y Guy Woolford, y se llamó Retail Credit Company. Su producto era la reputación ajena, vendida a quien tuviera que asumir un riesgo con un desconocido. Los agentes recorrían el país preguntando a vecinos, caseros y antiguos jefes, y rellenaban informes que incluían hábitos de bebida, estabilidad matrimonial y cualquier indicio sobre la moralidad del sujeto.

Hacia los años sesenta, según Vidal, la compañía acumulaba expedientes de decenas de millones de personas en Estados Unidos y Canadá. Llegó a acusarse a la firma de premiar a sus agentes por encontrar información negativa: un informe que no decía nada no valía nada. El ciudadano puntuado no podía leer su ficha ni corregirla, y casi siempre ignoraba que existiera.

De la ficha de cartón a Equifax

La reacción política, precisa Vidal, no llegó por el contenido de los expedientes. Llegó cuando la empresa anunció que iba a informatizarlos. Mientras la difamación dormía en carpetas de papel era un abuso artesanal, limitado por la física; al convertirse en infraestructura consultable en segundos, el abuso no cambió de naturaleza, cambió de velocidad.

Las audiencias del Congreso en 1970 llevaron a la Fair Credit Reporting Act, la primera ley de protección de datos de consumidores del mundo, que entró en vigor en abril de 1971. Reconoció el derecho del ciudadano a saber qué hay en su expediente, a corregirlo y limitó quién podía usarlo. Vidal apunta lo que ocurrió después: la compañía se cambió el nombre. Desde 1975, según la propia firma, se llama Equifax.

Nadie ha votado nunca ese paquete: cada pieza se aprobó por separado y la suma nunca se presentó como suma.

— Marc Vidal

Una sentencia europea que marcó el punto

Vidal salta de Atlanta a Europa y recuerda que la puntulación social tampoco es ajena al continente. En diciembre de 2023, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea resolvió el caso de una ciudadana alemana a la que denegaron un crédito por una puntuación calculada por SCHUFA, la mayor agencia de información crediticia de Alemania. La agencia alegaba que ella no decidía nada, solo calculaba un valor de probabilidad. El tribunal respondió que cuando ese valor determina de manera decisiva lo que hace un tercero, la puntuación ya es la propia decisión.

El número, subraya el analista, era el punto. Europa ya tenía ciudadanos puntuados mucho antes de que empezáramos a señalar a China, y hubo que esperar a 2023 para que un tribunal lo admitiera.

Las piezas de la infraestructura europea

En la segunda parte del vídeo, Vidal enumera lo que considera las piezas de una infraestructura de verificación que crece cada año. El reglamento eIDAS 2 obliga a los 27 Estados a poner a disposición de sus ciudadanos una cartera de identidad digital antes de que acabe este año; al año siguiente, administraciones, entidades reguladas y grandes plataformas deberán aceptarla. La justificación es la comodidad, y la propia Comisión calcula un ahorro de 1.200 millones de euros anuales solo en el sector financiero. El resultado, advierte Vidal, es una llave de identidad verificada por el Estado que conecta lo público y lo privado en un mismo teléfono.

A eso se suma el conocido como chat control, que permite escanear de forma automatizada comunicaciones privadas sin sospecha previa ni orden judicial. Vidal recuerda que expiró el 3 de abril de 2026, tras un rechazo parlamentario en marzo por 311 votos contra 228, y que el 9 de julio la misma cámara aprobó reiniciarlo hasta abril de 2028. Que un parlamento vote lo contrario de sí mismo en cuatro meses, dice, dice bastante sobre la presión que hay detrás de esta historia.

En el terreno del dinero, el reglamento contra el blanqueo fija un tope de 10.000 euros para pagos comerciales en efectivo, exige identificación a partir de 3.000 y prohíbe cuentas de criptoactivos anónimas. Y el Banco Central Europeo prepara el euro digital, con piloto previsto para el segundo semestre de 2027 y primera emisión probable en 2029.

Democracia sin demos: quién escribe las reglas

El creador plantea que la Unión Europea es, según sus palabras, el caso más sofisticado de democracia sin demos. El Parlamento Europeo es la única institución elegida por los ciudadanos, pero no puede iniciar legislación: ese poder pertenece a la Comisión, cuyos miembros designan los gobiernos nacionales. El Banco Central Europeo gestiona la política monetaria de 21 países desde la entrada de Bulgaria el 1 de enero de 2026, y su mandato está en los tratados. La eurocámara no puede revocar una decisión monetaria ni destituir a su Comité Ejecutivo.

Vidal ilustra esa asimetría con Grecia en 2013: el país llevaba tres años bajo programas de rescate diseñados por la Troika, formada por la Comisión, el BCE y el Fondo Monetario Internacional, ninguna de las cuales se presentaba a las elecciones griegas. Ese año, según Eurostat, el paro alcanzó el 27,5% y la economía había perdido cerca de una cuarta parte de su PIB desde 2008. Los griegos votaron varias veces, afirma, y el programa siguió siendo el mismo.

La suma nunca se sometió a votación

El argumento central del vídeo no exige, insiste Vidal, ninguna conspiración. Reconoce que hay motivos reales detrás de cada norma: el abuso infantil existe, el blanqueo existe, el fraude de identidad existe. Pero recuerda a Max Weber, que ya en su obra economía y sociedad describió la administración moderna como eso que llamó ‘gobierno mediante expedientes’: el poder del funcionario no viene de su cargo, sino de saber más sobre ti de lo que tú sabes sobre él.

Lo que hace que todo esto avance sin resistencia, cree el analista, no es el miedo sino la comodidad. Firmar una hipoteca desde el móvil, identificarse en once segundos, pagar sin tocar nada. El problema aparece cuando se ve la imagen final: en ninguna elección europea la pregunta fue si queremos que la identidad, las comunicaciones y los pagos sean verificables por defecto. Cada pieza se aprobó por separado, con calendarios y lenguajes técnicos distintos. La suma, sostiene Vidal, nunca se presentó como suma.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Marc Vidal en YouTube.

Youtube video

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