9Mirador de la Trona (Girona)
El Mirador de la Trona no aparece en las guías turísticas de primera página, y eso es precisamente lo que lo hace especial para una noche de eclipse. Catalogado como punto de observación en la cartografía del terreno, se asoma desde la frondosa masa forestal que rodea la aldea de Cladells, en el término de Santa Coloma de Farners, en plena comarca de la Selva. Su posición elevada sobre el llano y la cercanía del macizo lo convierten en un balcón con horizonte despejado, alejado de los focos de contaminación lumínica de la costa y de la ciudad de Girona. Quien sube hasta él antes del anochecer se encuentra con un cielo limpio, el silencio del bosque mediterráneo y un entorno que invita a quedarse, a extender la manta y a dejar que la Luna haga su espectáculo sin ruido de tráfico ni luces parásitas.
El acceso forma parte de la experiencia. No hay carretera hasta la cima: hay que ganarse el mirador caminando por las pistas y senderos que salen de Cladells, una ruta circular de dificultad moderada, con unos 340 metros de desnivel, que pasa por puntos tan singulares como la ermita de la Mare de Déu del Pedró o la Pedra dels Esquirols. La subida, de poco más de dos kilómetros desde la aldea, se hace bien al atardecer, con la luz del sol poniente tiñendo el bosque antes de que caiga la noche. La tranquilidad del paraje y la escasez de alumbrado en los alrededores hacen que la oscuridad sea de verdad, condición indispensable para apreciar cómo la Luna va entrando en la sombra de la Tierra y se tiñe de rojo. Quien repita la ruta con frontal, o decida quedarse en la zona, tendrá además la ventaja de contemplar la totalidad del fenómeno en uno de los rincones más silenciosos de las comarcas gerundenses.



