Las playas paradisíacas de España que aún no se masifican y los trucos para encontrar alojamiento ‘low cost’

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La Tejita: la playa protegida de Tenerife con alojamiento en El Médano

Encarada al cono volcánico de Montaña Roja, que se eleva 171 metros sobre el Atlántico, La Tejita extiende un kilómetro de arena oscura y pasa por la playa natural más larga de Tenerife. No es una etiqueta publicitaria: forma parte de la Reserva Natural Especial de Montaña Roja (166 hectáreas, también declaradas LIC y ZEPA) y carece de casi todo lo que define a las playas masificadas del sur: no hay hoteles, chiringuitos ni acceso rodado, y se llega a pie desde el aparcamiento de la carretera TF-643 tras unos cinco minutos de paseo. El viento alisio, casi constante, disuade al turismo de hamaca y atrae a windsurfistas y kitesurfistas, mientras el extremo este acoge una zona naturista; las corrientes, eso sí, exigen prudencia al bañarse. Su aspecto agreste, sin embargo, está en disputa: la plataforma Salvar La Tejita sigue denunciando el proyecto de hotel Cuna del Alma junto a las dunas, con las obras paralizadas desde 2021 y tras el rechazo del Parlamento de Canarias a comprar el suelo en mayo de 2024. Por ahora, la playa conserva el carácter casi virgen que la hace merecedora de la lista.

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La base más sensata para dormir barato es El Médano, pueblo surfero a dos kilómetros de la playa, con ambiente local y paseo marítimo, muy distinto de los complejos de Costa Adeje. La oferta low cost se concentra en hostales como Casa Grande Surf Hostel, a pocos metros de la arena, o Aloe Vera Shared House, con camas que según temporada rondan los 40-50 euros la noche, además de colivings como Daydream Medano. Para arañar el precio conviene reservar en mayo, el mes más económico, y llegar entre semana, cuando las tarifas caen; el aeropuerto de Tenerife Sur queda a pocos kilómetros, sin traslados largos. Aunque lo habitual es ir en coche hasta el aparcamiento, la caminata de media hora por el sendero que bordea Montaña Roja forma parte del plan, y la cocina compartida de los albergues, con supermercados cerca, permite ahorrar en comidas para gastar en lo único que la playa sí ofrece: hamacas y sombrillas que se alquilan sobre la arena.


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