2Cala d’en Serra: la Ibiza salvaje que aún puedes tener para ti
Cala d’en Serra es la prueba de que en Ibiza todavía queda un litoral sin domesticar. Escondida en el extremo norte de la isla, entre Portinatx y la Punta d’en Gat, esta pequeña cala en forma de herradura se abre al pie del Puig de Sa Caperulla, de 308 metros, y apenas mide 50 metros de largo. Su arena mezclada con grava, sus aguas de un turquesa casi irreal y las casetas de pescadores que aún guardan barcas y aparejos componen una estampa que apenas ha cambiado en décadas. El acceso, por una pista de tierra llena de baches que obliga a dejar el coche arriba y bajar a pie unos minutos, es el gran filtro: incluso en pleno agosto sigue siendo de las calas menos concurridas de la isla. Nada de hamacas a destajo ni música: solo el chiringuito familiar, las chicharras y, al fondo, el esqueleto del hotel que proyectó Josep Lluís Sert en los años setenta y que hoy es un lienzo de grafitis.
Quien madruga se la lleva casi entera, porque la cala pierde el sol a media tarde y la mañana es el mejor momento para hacer esnórquel entre las rocas, lanzarse al agua desde las piedras o compartir la orilla con unas pocas barcas de pescadores. En verano hay un chiringuito con bebidas frías y pescado a la brasa, pero conviene llevar efectivo y algo de comer, porque la subida es empinada; no hay socorrista ni servicios fijos y es playa naturista, detalles que conviene saber antes de ir. Alrededor solo hay pinar y acantilados, con senderos que enlazan calas vecinas casi desiertas y vistas sobre la costa norte. Para alojarse sin arruinarse, Portinatx y Sant Joan de Labritja, a pocos minutos, se mueven en precios muy por debajo de los del sur de la isla y son la base perfecta para repetir al día siguiente.



