España lidera el PIB OCDE: crece un 0,5% en el segundo trimestre y supera a las grandes economías

El organismo confirma que la economía española encabeza el avance trimestral entre las grandes economías. El crecimiento se mantiene pese al impacto del conflicto en Oriente Próximo.

El PIB de la OCDE creció un 0,5% en el segundo trimestre de 2026. España lidera el avance entre las grandes economías, pese a la guerra en Irán.

Según los datos publicados por la OCDE, la economía de los países miembros se aceleró entre abril y junio, frente al tono más moderado del primer trimestre. La organización destaca que la actividad resistió las tensiones energéticas derivadas del conflicto en Oriente Próximo.

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España encabeza esa clasificación. El país mantiene una combinación de consumo privado, empleo y entrada de turismo que no se refleja con la misma intensidad en Alemania, Francia o Italia. Eso sí, el organismo no desglosa en esta primera lectura la aportación exacta por sectores.

La guerra en Irán, iniciada semanas antes del arranque del trimestre, elevó los precios del crudo y reabrió el debate sobre la seguridad del suministro energético. Aun así, el repunte del PIB sugiere que el impacto real sobre la actividad ha sido, por ahora, limitado.

En el conjunto de la OCDE, la aceleración confirma que la desglobalización y las roturas logísticas no frenan del todo el crecimiento. El organismo ya había advertido de que las economías avanzadas se enfrentaban a un escenario de crecimiento bajo, con bolsas de debilidad industrial.

Los analistas consultados por esta redacción coinciden en que la lectura para las empresas españolas es ambivalente. Por un lado, el consumo resiste y el turismo bate previsiones. Por otro, los costes energéticos y la incertidumbre comercial siguen presionando los márgenes.

España vuelve a demostrar que, en un entorno internacional convulso, el consumo y el empleo aún mantienen una inercia que no aparece en otras economías.

La OCDE acelera pese a la guerra en Irán

La cifra del 0,5% se queda en línea con las previsiones más optimistas de principios de año. El crecimiento se apoya en la resiliencia del sector servicios y en la resistencia del mercado laboral. En cambio, la industria continúa mostrando signos de debilidad.

Dentro de la OCDE, las economías asiáticas y las vinculadas al gas natural han experimentado comportamientos dispares. Sin datos desglosados por países, cuesta concluir si la recuperación europea es homogénea o concentrada en unas pocas locomotoras.

Conviene leer el dato con prudencia. Un trimestre no marca tendencia, y la guerra en Irán sigue abierta. El petróleo, que llegó a tocar picos en mayo, podría volver a tensionarse si el conflicto escala.

Qué implica para las empresas y el consumo en España

crecimiento económico España

Para el tejido productivo español, el dato del 0,5% confirma que la demanda interna aguanta. El turismo registra una temporada alta con cifras superiores a las de 2025, según los primeros datos sectoriales. La construcción y los servicios de alto valor añadido también sostienen el empleo.

El sector exterior, en cambio, ofrece luces y sombras. Las exportaciones de servicios se benefician del tirón turístico, pero las ventas de bienes a Europa pierden fuelle por la atonía industrial alemana. La diversificación hacia mercados americanos y asiáticos es todavía una asignatura pendiente.

Las grandes cadenas de distribución y las energéticas son las primeras en notar el pulso. La moderación de la inflación alimentaria, compatible con la lectura del PIB, alivia el presupuesto de los hogares. Sin embargo, la inversión empresarial aún no despega de forma generalizada.

El coste de la energía sigue como principal riesgo. Las empresas electrointensivas demandan medidas de apoyo, mientras las pymes se enfrentan a renovaciones de precios en sus contratos eléctricos. La guerra de Irán mantiene la prima de riesgo geopolítico en el crudo.

Las pymes españolas, que concentran el grueso del empleo, afrontan el trimestre con un colchón de liquidez más ajustado. La banca endurece ligeramente los criterios de concesión de crédito a las actividades más expuestas a los precios de la energía.

La OCDE ya tiene en marcha una revisión de sus perspectivas para la segunda mitad del año. Cualquier repunte del petróleo podría corregir una o dos décimas el crecimiento de la eurozona. Ese es el escenario que vigilan los directores financieros.

El riesgo geopolítico no frena, por ahora, la inercia del crecimiento

Llevo varias semanas siguiendo los indicadores de actividad con una pregunta de fondo: ¿hasta dónde puede aguantar la economía española sin que la productividad mejore? El dato del segundo trimestre responde solo en parte. España encadena trimestres creciendo por encima de la media europea, apoyada en el consumo de los hogares y en un mercado laboral que no da signos de agotamiento. Sin embargo, ese avance se asienta sobre bases frágiles.

En 2022, la crisis energética recortó el crecimiento y dejó a las empresas industriales con un sobrecoste que aún arrastran. Entonces, la inflación obligó a subir los salarios y el BCE endureció el crédito. Ahora, la situación es distinta: la inflación está más contenida y el turismo actúa como colchón. Pero la guerra de Irán introduce una variable que no estaba en los modelos de primavera. Si el crudo se mantiene alto, las empresas exportadoras y las logísticas volverán a ver comprometidos sus márgenes.

El crecimiento español también bebe de la incorporación de población activa inmigrante. La demografía está ensanchando la oferta laboral y contiene los salarios, lo que explica parte de la competitividad relativa. En otros países de la OCDE, el estancamiento poblacional limita ese recorrido.

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Me parece un error leer el 0,5% como un blindaje. La economía española resiste, sí, pero sigue dependiendo de sectores con productividad baja y de un consumo financiado por el ahorro. El riesgo no está tanto en el presente como en el ajuste que vendrá: una subida del petróleo, una ralentización europea de mayor calado o el fin del ciclo turístico podrían corregir el optimismo en pocos meses. Lo que suceda con la próxima actualización de perspectivas de la OCDE, prevista para otoño, será una primera prueba.

La inercia es real. Mantenerla exigirá más inversión en capital productivo y menos dependencia del fuelle exterior. Por ahora, el crecimiento del segundo trimestre deja un titular positivo y una advertencia incómoda: el liderazgo de España en la OCDE se sostiene, pero no está garantizado.


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