Las claves principales del informe de Harvard sobre los cánceres más preocupantes en menores de 50 años

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La dieta moderna: carnes procesadas, azúcares y ultraprocesados bajo sospecha

Una exhibición de carnicería en monocromo con diversos productos cárnicos envasados.

La dieta es el factor de riesgo modificable que más peso ha ganado en la investigación sobre el repunte de cánceres antes de los 50 años. El respaldo más sólido llegó en noviembre de 2025, cuando un equipo liderado por Harvard y Mass General Brigham publicó en JAMA Oncology un análisis con 24 años de seguimiento sobre 29.105 mujeres del Nurses’ Health Study II. Las que consumían más ultraprocesados, unas diez raciones diarias de media, presentaban un 45% más de riesgo de desarrollar adenomas convencionales, las lesiones precursoras del cáncer colorrectal de inicio precoz, frente a las que ingerían unas tres raciones. La asociación se mantenía tras ajustar por índice de masa corporal, diabetes tipo 2 o ingesta de fibra, y crecía de forma lineal: cuantos más ultraprocesados, más probabilidad de pólipos. El consumo medio de la cohorte era de 5,7 raciones diarias, el 35% de las calorías totales, una proporción que en EE.UU. ya alcanza el 60% de la energía diaria de los adultos.

El sospechoso no es solo el ultraprocesado en abstracto: la revisión de Harvard publicada en Nature Reviews Clinical Oncology contabilizó 14 tumores al alza en menores de 50 años, ocho de ellos del aparato digestivo, y señaló a la dieta occidental —rica en carnes procesadas, azúcares y grasas saturadas, pobre en fruta, verdura y fibra— como uno de los principales culpables. La carne procesada, conservada mediante salazón, curado o ahumado, fue clasificada en 2015 por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer como carcinógeno del grupo 1, y las bebidas azucaradas alimentan la obesidad, otro factor de riesgo confirmado. El mecanismo biológico apunta al microbioma: estos alimentos alteran la flora intestinal, favorecen la inflamación crónica y reducen los nutrientes protectores. El daño se inicia en la adolescencia y se acumula durante décadas, lo que explicaría el efecto de cohorte de nacimiento por el que cada generación más joven llega con mayor riesgo al umbral de los 50.


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