La red eléctrica ejecuta un corte de suministro eléctrico a Arcelor y AZSA: la quinta vez en un mes

La desconexión de emergencia detuvo dos horas las fábricas y vuelve a poner el foco sobre la estabilidad del sistema. El operador activa el mecanismo de interrumpibilidad en plena tensión industrial.

Red Eléctrica cortó el suministro eléctrico a Arcelor y AZSA por quinta vez en un mes. Las fábricas pararon dos horas.

El operador del sistema activó de nuevo el mecanismo de desconexión de emergencia para evitar un apagón mayor. Según El Comercio, la decisión obligó a detener la producción en las plantas de ambas compañías durante dos horas. No es un hecho aislado: es la quinta interrupción en treinta días.

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La sucesión de cortes ha puesto a la industria en una posición incómoda. Arcelor y AZSA figuran entre los grandes consumidores de electricidad del norte de España. Cada parada implica reiniciar hornos, líneas de electrólisis o trenes de laminación, y ese reinicio tiene un coste operativo que rara vez aparece en las facturas.

El sistema eléctrico español tiene una herramienta pensada para esto: la interrumpibilidad. Red Eléctrica compensa a las empresas que aceptan ser desconectadas en momentos críticos. Esta vez, sin embargo, la frecuencia de los cortes revela que el margen de seguridad del sistema se ha estrechado.

Según recogen El Debate y Vozpopuli, el problema no es nuevo. La combinación de baja generación renovable en horas punta y un consumo industrial sostenido ha obligado al operador a recurrir a la industria como variable de ajuste. Y no es una variable menor: hablamos de plantas que producen acero y zinc.

La estabilidad del sistema se está financiando con paradas productivas en la industria básica.

Un corte de dos horas para evitar el apagón

El corte fue selectivo y coordinado con las empresas. No se trató de un apagón general, sino de una desconexión pactada o impuesta de urgencia a los grandes consumidores. La diferencia es relevante: sin esa intervención, el desequilibrio entre generación y demanda podría haber derivado en un incidente grave.

En el caso de Arcelor y AZSA, la parada se prolongó durante dos horas. Ese tiempo puede parecer breve, pero en la metalurgia no lo es. El reinicio de una acería exige un proceso escalonado que consume electricidad sin producir acero. La interrupción, por tanto, no solo reduce la producción; también encarece la reanudación.

La industria como variable de ajuste

El papel de la industria electrointensiva en la estabilidad del sistema ha cambiado. Antes era una anomalía; ahora es un recurso habitual. Red Eléctrica negocia contratos de interrumpibilidad y activa desconexiones de forma preventiva. El problema es que la quinta vez en un mes ya no parece preventivo. Parece estructural.

La demanda industrial española lleva dos años recuperando tracción en las regiones del norte. Arcelor y AZSA son referentes siderúrgicos y metalúrgicos. Si sus procesos se detienen con frecuencia, la pregunta no es cuánto pierden ellas, sino cuánta inversión futura se pone en duda.

El precio de la estabilidad: análisis de fondo

Hay un elemento incómodo en esta historia. Red Eléctrica cumple su mandato: proteger el sistema. Lo que no se ha resuelto es la causa de fondo. La intermitencia renovable está muy bien sobre las estadísticas, pero el sistema necesita una capacidad de respaldo que evite recurrir a la industria como cortafuegos cada semana.

La paradoja, es evidente. España aspira a ser una potencia industrial electrointensiva y, a la vez, exige flexibilidad a la demanda. La interrumpibilidad no es gratuita: el coste de parar una acería no se reduce a la compensación que recibe. Hay un deterioro en la programación de pedidos, en los contratos con clientes y en la credibilidad logística.

He cubierto crisis energéticas durante dos décadas. Lo que me preocupa de esta secuencia no es el corte en sí, sino la normalización de la interrupción. Si la industria asume que puede ser desconectada cinco veces en un mes, estará descontando ese riesgo en sus planes de expansión.

Red Eléctrica no detalla el importe de la compensación por estas desconexiones. Las empresas electrointensivas vienen reclamando desde hace años un marco estable que no las trate como interruptores de emergencia.

La CNMC ha advertido en informes anteriores que la interrumpibilidad debe ser una herramienta de último recurso. Su uso reiterado en un plazo tan corto sugiere que el sistema está operando al límite. Y cuando un operador vive al límite, la primera variable que sacrifica es la previsibilidad.

El próximo hito será la publicación de los datos de demanda de septiembre. Ahí veremos si la frecuencia de los cortes se mantiene o si era un episodio puntual ligado a olas de calor y baja generación. La respuesta determinará si la industria española pelea con un sistema que hoy no le da certezas.


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