España e Italia libran una guerra por el control de Deoleo, la mayor aceitera del mundo. La italiana Coricelli ha diseñado una entrada por Sevilla para esquivar un veto político que, en la práctica, ya ha tomado partido por un campeón español.
El centro de la disputa es una paradoja. Deoleo compra aceite a miles de olivareros, envasa marcas como Carbonell o Koipe y fija precios en medio mundo. Ahora, el control de esa palanca está en discusión entre dos modelos: el cooperativo que representa Dcoop y el industrial que propone Coricelli.
La primera lectura es política. El Gobierno quiere evitar que un activo estratégico del sector agroalimentario quede bajo control italiano. La segunda es empresarial: Dcoop, mayor cooperativa oleícola del mundo, ve en Deoleo la vía para que el origen español se defienda sin intermediarios.
Qué busca Coricelli con su apuesta sevillana
Coricelli no ha presentado una opa al uso. Ha utilizado una sociedad instrumental domiciliada en Sevilla para argumentar que la inversión no es un control extranjero desde Roma. Es un traje jurídico para la misma operación.
El detalle no es menor. Si el Gobierno activa la normativa de inversiones exteriores, el origen formal de la firma puede condicionar el procedimiento. La CNMV, que no se ha pronunciado en público, tendrá que decidir sobre la toma de participación eventual. Mientras tanto, Deoleo sigue cotizando en Bolsa, con una liquidez limitada.
El control del aceite de oliva ya no se decide solo en el olivar: se arbitra en los despachos y en la letra pequeña de una sociedad instrumental.
No hay cifras oficiales sobre el importe ofrecido. Ese silencio es tan relevante como la operación. Sin cifras, el debate se queda en nacionalidad y no en valor. Y el valor es precisamente lo que separa a Dcoop de Coricelli.
Dcoop y Deoleo: dos maneras de vender aceite
Dcoop defiende una integración cooperativa, con márgenes que regresan al agricultor. Deoleo opera como industrial: compra aceite a granel, lo refina, lo envasa y lo vende a distribución con marca. El choque no es entre empresas, sino entre cadenas de valor.
Italia conoce bien ese negocio. Allí, la industria del embotellado ha dominado históricamente el mercado del aceite español a granel. Coricelli no es ajena: su entrada en Deoleo le daría acceso a marcas, acuerdos y plantilla sin construir desde cero.
La geografía también pesa. Sevilla no es una ciudad neutral en el olivar. Concentra envasadoras, oficinas comerciales y conexiones con las zonas productoras de Jaén, Córdoba y Granada. Instalar la sociedad allí es una señal de que el operador italiano entiende el tablero español.

El aceite como activo estratégico
El aceite de oliva ha dejado de ser una commodity agroalimentaria para convertirse en un activo con lectura geopolítica. La sequía, los aranceles y la inflación han puesto la cadena de suministro bajo lupa. Quien controle la salida comercial puede imponer condiciones de precio al agricultor.
Por eso la operación Coricelli no se lee solo desde la competencia. Un Deoleo controlado desde Italia mantendría la compra de aceite español, pero los márgenes se decidirían lejos del olivar andaluz. La cuestión es si eso importa o si es una contestación a una visión proteccionista mal entendida.
Mi opinión es matizada. Creo que el Gobierno tiene razón al vigilar el control extranjero, pero erraría si bloquea la operación sin ofrecer una alternativa viable de capital español. Dcoop no ha presentado una oferta firme con cifras abiertas; hasta ahora, el campeón nacional es más un deseo que un plan.
Deoleo arrastra años de reestructuración de deuda y márgenes estrechos. El comprador que llegue no solo adquiere marcas: hereda un balance tenso. Eso explica el silencio sobre precios y la cautela de los fondos acreedores que han sostenido a la compañía.
La partida se decidirá en los próximos meses, no en el olivar. Conviene vigilar la respuesta formal de Dcoop y el umbral de participación que Coricelli declare. Si el inversor italiano se limita a comprar una participación parcial y espera, habrá tiempo. Si acelera hasta el control efectivo, el Gobierno tendrá que mover ficha.




