Marc Vidal cumplió años recientemente y todavía no llega a los 57. Esa cifra no es anecdótica: es la edad media a la que el trabajador español que se prejubila abandona hoy el mercado laboral. Con la hipoteca a medias, hijos en la universidad y tres décadas de oficio acumuladas, la empresa lo llama ajuste de plantilla y el trabajador, descanso durante los tres primeros meses. A partir del cuarto, ya no lo llama de ninguna manera.
En su último análisis, Marc Vidal sostiene que España lleva años empujando fuera del mercado a sus trabajadores más experimentados justo cuando su criterio empieza a valer más que nunca. Y no es un fenómeno local: según el canal, ocurre en 38 países de forma simultánea con la irrupción de la inteligencia artificial como telón de fondo.
Los datos que rompen la inercia de la prejubilación
En septiembre de 2025, el SEPE contabilizaba 453.534 personas cobrando el subsidio para mayores de 52 años, una cifra que representa casi seis de cada diez subsidios asistenciales por desempleo que paga España. Ese mismo año ocurrió algo inédito: la tasa de paro de los mayores de 55 años alcanzó el 9,8% y superó la de los trabajadores de 25 a 54 años, que se quedó en el 9,4%. Durante décadas había pasado justo lo contrario.
Marc Vidal apunta además a un informe de la Fundación Adecco. El 57,9% de los desempleados mayores de 55 años lleva más de doce meses buscando empleo sin encontrarlo. Siete de cada diez profesionales sénior sienten que su candidatura queda descartada en el primer filtro, antes incluso de llegar a una entrevista. La tasa de empleo en la franja de 55 a 64 años se queda en el 49%, frente al 59% de media en la OCDE y al 70% que alcanzan Países Bajos, Dinamarca, Suecia o Finlandia. No es biologia, insiste el creador: es contabilidad.
Dos inteligencias y una máquina que cambia el precio
El argumento central del vídeo descansa en una distinción clásica de la psicología cognitiva. La inteligencia fluida —velocidad de procesamiento, razonamiento rápido ante problemas nuevos— alcanza su pico en torno a los 20 años y luego desciende. La inteligencia cristalizada —vocabulario, criterio, oficio, conocimiento acumulado— se mantiene estable o incluso mejora hasta la séptima década de vida.
Vidal menciona un estudio de 2019 que encontró que adultos de 70 y 80 años puntuaban más alto en vocabulario que los de 20, 30 y 40. Otro trabajo de 2022 siguió a casi 9.000 adultos durante 18 años y confirmó que el declive de las capacidades fluidas convivía con un aumento de las cristalizadas. En marzo de este año, un estudio de la Universidad de Yale publicado en la revista Geriatric, con más de 11.000 personas mayores de 65 años seguidas durante hasta doce años, encontró que casi la mitad —el 45%— mejoró su función cognitiva, sin mantenerse estable ni declinar. El propio Vidal matiza que es observacional y que la causalidad podría ir en dirección contraria.
La política laboral europea se comporta como el peor gestor de cartera imaginable: vende el activo que se revaloriza y conserva el que la tecnología abarata.
— Marc Vidal
Un umbral de 55 años heredado de 1984
La costumbre de apartar al trabajador a los 55 años no cayó del cielo, argumenta Marc Vidal. En octubre de 1984 se apagaron los Altos Hornos del Mediterráneo en Sagunto, tras meses de huelgas y cargas policiales. Aquel proceso destruyó unos 83.000 empleos industriales en Sagunto, Vigo, Ferrol, Gijón, Sestao, Reinosa y Puerto Real. La respuesta política fue la ley de 1984 de reconversión y reindustrialización, cuyo artículo 23 diseñó un procedimiento de jubilación anticipada que se aplicaba a trabajadores con 55 años cumplidos.
Aquella ley tenía fecha de caducidad: 31 de diciembre de 1986. Lo que no caducó fue el reflejo que produjo. Cuarenta y dos años después, sostiene Vidal, seguimos usando la prejubilación como herramienta ordinaria de reestructuración, con el umbral mental clavado donde lo dejó una emergencia industrial sin siderurgias que cerrar.
El 52,5% que matiza el argumento
Marc Vidal pone sobre la mesa el dato que podría tumbar su propia tesis. El 52,5% es el porcentaje de años vividos después de los 65 en España con limitaciones funcionales que implican algún grado de discapacidad, según la Fundación BBVA. La carga es mayor para las mujeres: 13,3 años de media con discapacidad frente a 9,4 en hombres. Y la esperanza de vida en buena salud al nacer cayó hasta los 61,2 años en 2022, el registro más bajo de la serie histórica del INE. Vivimos más años, pero no necesariamente en condiciones de trabajar.
Este matiz, lejos de destruir el argumento, lo afila según el creador. La clasificación binaria activo o pasivo, con un umbral rígido heredado de aquella ley de emergencia, falla en las dos direcciones: retiene en el mercado a quien físicamente ya no puede seguir y expulsa a quien está en su mejor momento de criterio mental. Un país donde siete de cada diez mayores de 45 sienten que su currículum se descarta antes de la primera entrevista no tiene un problema demográfico, concluye Vidal: tiene un problema de asignación.
La solución que otros ya aplican
En Países Bajos, Dinamarca, Suecia, Finlandia o Singapur, más del 70% de la gente entre 55 y 64 años trabaja. Son veinte puntos por encima de España y no es genética ni esperanza de vida, recuerda Vidal: son políticas activas de empleo sostenidas durante décadas, adaptación real de los puestos y empresas que dejaron de tratar la experiencia como un sobrecoste. La OCDE ha puesto número al premio en sus perspectivas de empleo de 2025: reducir la salida anticipada de trabajadores mayores hasta los niveles del 10% de los países con mejores registros aportaría al menos dos décimas de crecimiento anual del PIB per cápita en la mitad de las economías de la OCDE.
El creador apunta también a un hallazgo de los investigadores de Yale: las creencias de cada persona sobre su propio envejecimiento predecían en qué grupo iba a terminar. Si crees que puedes mejorar, inviertes en ti y esa inversión genera motivos para seguir invirtiendo. La variable donde los trabajadores mayores pierden más terreno, según la OCDE, es la formación continua. Y esa, remata Vidal, es la única palanca que está entera en manos de cada uno.
Un coste de oportunidad que no aparece en balances
Hay un estudio reciente sobre arrepentimientos que Marc Vidal menciona al cierre: los mayores tienen menos remordimientos que los jóvenes, y los pocos que conservan ya no van sobre lo que hicieron sino sobre los caminos que no tomaron. En economía, a eso se le llama coste de oportunidad. Es la única partida que no aparece en ningún balance contable y que, sin embargo, siempre se acaba pagando de un modo completo.




