Crisis universidades EE.UU.: 50 colleges cierran por la caída de natalidad

El demógrafo Nathan Grawe explicó en Bloomberg Television por qué la caída de natalidad no es un acantilado súbito, sino una contracción lenta que ya empuja a los colleges a recortar programas y pelear por cada alumno. La presión será más aguda en los campus regionales sin grande

Llevo tiempo escuchando hablar del precipicio demográfico como si fuera un despeñadero inmediato para la crisis de las universidades en EE.UU.. La entrevista que Bloomberg Television publicó este 22 de agosto de 2026 con Nathan Grawe, profesor de Economía en Carleton College y autor de The Agile College, matiza esa imagen: no es un acantilado repentino, sino una contracción lenta y acumulativa que ya está reordenando el mapa universitario.

Una contracción demográfica que se siente año tras año

Grawe explicó durante la conversación que la caída de nacimientos se extiende a lo largo de 15 o 20 años y suma entre un 15% y un 16%. No se trata de un desplome único: hay ejercicios con descensos del 1% y otros más acusados pero el efecto compuesto desestabiliza a instituciones que no tienen grandes dotaciones financieras. La mayoría de los colleges, recuerda, opera con márgenes estrechos.

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El experto también apunta a factores superpuestos: la matrícula internacional ha bajado por complicaciones de visados, y esos estudiantes suelen pagar tarifa completa; al mismo tiempo, parte del alumnado opta por formación técnica o directamente por el mercado laboral. No es solo demografía.

El efecto compuesto: menos alumnos, menos ingresos y programas en revisión

Desde la crisis financiera, la proporción de graduados escolares que da el salto a la universidad ha caído alrededor de un 10%, según los datos que menciona Grawe. El golpe ha sido especialmente duro en los centros de dos años, donde la matrícula se redujo más de un tercio. En paralelo, los salarios en la parte baja de la distribución han subido con fuerza, lo que hace que algunos jóvenes prefieran trabajar o cursar certificados antes que completar un grado.

Bloomberg Television ha documentado cierres de instituciones que van más allá de la demografía. El entrevistado sostiene que, incluso entre las universidades que no cierran, los recortes de programas se han vuelto más frecuentes. La búsqueda de eficiencia convive con una competencia más agresiva por captar estudiantes.

No basta con atraer a un estudiante al campus; si se va tras un año, le fallamos a ese estudiante y a las finanzas de la institución.

— Nathan Grawe

Precios a la baja y la pelea por la permanencia

Una de las paradojas del momento es que la crisis no se traduce en facturas más altas. Ajustados por inflación, los precios de catálogo y los precios netos han caído durante la última década. Grawe detalló que, en las universidades públicas de cuatro años, el precio de lista ha bajado un 7% en términos reales. Después de aplicar las becas institucionales, la caída del ingreso neto por estudiante es aún más considerable.

Esa presión de precios obliga a pensar distinto. El economista cree que no existe una solución única: hará falta combinar varios enfoques. El centro, dice, debe ser encontrarse con los estudiantes donde están, hablar su idioma y explicar con claridad el retorno de la inversión. También implica cuidar la retención. Atraer a un alumno para que abandone al año no sirve ni a la misión educativa ni al balance.

Dónde dolerá más: la geografía decide

Preguntado por quién sufrirá más, Grawe reconoce que centros como Carleton están relativamente aislados. Aceptan a una minoría de sus solicitantes y pueden profundizar en su cantera de candidatos. El problema se concentra en las instituciones regionales, públicas y privadas, que admiten a la gran mayoría de quienes postulan y no cuentan con grandes patrimonios. Ahí, cada alumno perdido se nota de inmediato.

Los campus públicos regionales también enfrentarán presión, pero tienen una red de seguridad: el contribuyente. Según el entrevistado, los legisladores deberán decidir si siguen financiando centros con menos estudiantes. Esa palanca no existe para una privada regional sin una dotación abultada.

Una lectura desde las familias y los contribuyentes

Visto desde fuera, el mensaje más incómodo no es el cierre; es la normalización de una oferta más estrecha. Si los colleges recortan programas para sobrevivir, la promesa de una educación amplia se encoge. No me sorprendería ver más especialización en titulaciones con salida laboral directa y menos apuesta por humanidades o formación general allí donde no haya recursos para sostenerlas. Es una decisión que no siempre responde a un proyecto pedagógico, sino a la pura aritmética de la supervivencia.

También hay una implicación fiscal. Si las universidades públicas regionales pierden alumnos, los parlamentos estatales tendrán que decidir si mantienen el gasto. En un año de elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos, ese debate puede mezclar eficiencia presupuestaria y acceso territorial a la educación superior. El ajuste no será solo académico.

Cierre, adaptación y una pregunta incómoda

El vídeo de Bloomberg Television no anuncia un cataclismo para mañana, pero describe un sistema que ya se está reconfigurando. La pregunta que me queda es si la urgencia por captar alumnos y recortar gastos terminará mejorando la experiencia universitaria o simplemente reduciendo su alcance. Mientras tanto, los campus que no tienen colchón financiero seguirán tomando decisiones difíciles en silencio.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Bloomberg Television en YouTube.

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