Antes incluso del milagro económico español de los años sesenta, un grupo de once músicos comenzó a subirse a los palcos de las fiestas gallegas bajo el nombre de París de Noia. Era 1957 y aquellos artistas seguramente no imaginaban que su creación no solo seguiría haciendo bailar a los gallegos, sino también a espectadores de todas las regiones de España, hasta convertirse en una de las orquestas más grandes del país, con una plantilla cercana a las 40 personas y unos ingresos millonarios.
Pero la historia de la París de Noia no solo está plagada de éxitos, sino también de dificultades. Detrás de las luces, la pirotecnia y el fenómeno fan de esta mítica orquesta gallega se encuentra Lomunoia S.L., una empresa propiedad al 100% de su histórico vocalista y director, José Antonio Blas Piñón. Una sociedad cuyas cuentas son el reflejo de una auténtica montaña rusa: desde rozar la quiebra técnica durante la pandemia hasta batir récords históricos de facturación, revelando por el camino las dificultades financieras de un sector que mueve masas, pero que también sufre para cobrar.
El rescate de la París de Noia
En 2019, la empresa gozaba de buena salud, con una facturación de 1,55 millones de euros y beneficios. Pero en 2020 el coronavirus arrasó con el sector de las orquestas y las verbenas. Ese año fatídico, los ingresos de la París de Noia se desplomaron un 96%, hasta situarse en unos raquíticos 60.597 euros. El desplome hundió las cuentas de la compañía y puso en entredicho su viabilidad, después de que las pérdidas operativas se elevaran a más de 236.655 euros y el patrimonio neto entrara en terreno negativo, con -107.983 euros.
En términos estrictamente financieros, París de Noia entró en causa legal de disolución. Blas Piñón tuvo que actuar y recurrir al ‘botiquín de emergencia’ del Estado: aplicó un ERTE por fuerza mayor que afectó a 32 de sus trabajadores y se endeudó mediante la solicitud de un aval del ICO por valor de 530.000 euros.
El rescate público se completó en 2021, cuando la Xunta de Galicia y otros organismos inyectaron en la sociedad subvenciones por valor de 215.900 euros, imputadas a la cuenta de pérdidas y ganancias. Esto permitió que la compañía volviera a presentar beneficios ese año, por importe de 84.091 euros, pese a haber facturado únicamente 356.532 euros por su actividad ordinaria.
París de Noia vuelve a triunfar y alcanza ingresos millonarios
Pero aquello no pasó de ser una mera pesadilla. Tras la lenta vuelta a la normalidad, la París de Noia regresó a los pueblos de toda España, no solo recuperando su negocio, sino haciéndolo crecer hasta niveles nunca vistos. De hecho, el último ejercicio depositado en el Registro Mercantil muestra el músculo financiero de la orquesta en todo su esplendor. En 2024, la París de Noia pulverizó sus registros previos al alcanzar una cifra de negocios superior a los dos millones de euros. Nunca antes la orquesta de verbena había facturado tanto.
Pero en el mundo de las orquestas, los contratos públicos y los ayuntamientos, no todo es tan sencillo. Detrás de este hito de ventas se esconde una anomalía contable sorprendente: la París de Noia está financiando involuntariamente las fiestas de los pueblos. Al cierre de 2024, el balance mostraba que sus clientes —ayuntamientos y comisiones de fiestas— le adeudaban la friolera de 2,6 euros. Es decir, la empresa tiene pendiente de cobro más dinero del que es capaz de facturar en todo un año.
Con este desfase financiero, su única oportunidad pasa por apoyarse en sus propios proveedores y recurrir al crédito. Así, para poder afrontar unas nóminas récord que en 2024 ascendieron a 1,37 millones de euros, Lomunoia tuvo que disparar sus deudas comerciales, dejando a deber 2,32 millones de euros a otros acreedores.
La evolución de Lomunoia refleja la industrialización del sector de las orquestas. Lejos quedan los años cincuenta y aquellas formaciones integradas por pocos miembros. Hoy, la París de Noia es una gran pyme con un negocio titánico: factura millones, da trabajo a decenas de familias y mueve un volumen de capital considerable. Pero, como demuestra el caso de esta formación estrella de las verbenas gallegas, ser el rey de las fiestas exige también tener una extraordinaria resistencia financiera.





