Cámaras IA para multas: Cataluña detecta 8.500 casos al volante

El Servei Català de Trànsit probó el sistema entre junio y julio en la A-2 y la AP-7. Conducir con el móvil en la mano se castiga con 200 euros y 6 puntos.

Las cámaras de IA han destapado 8.500 casos de móvil al volante en Cataluña. El Servei Català de Trànsit probó entre junio y julio un sistema experimental en la A-2 y la AP-7 que observa el interior del vehículo desde arriba y detecta si el conductor manipula el teléfono, incluso cuando lo apoya sobre las piernas.

Conducir con el móvil en la mano se castiga con 200 euros y 6 puntos del carné. El ensayo también vigiló el uso del cinturón, con otros 4.500 ocupantes identificados sin llevarlo o con un uso incorrecto.

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Cómo detectan las cámaras de IA el móvil al volante

El sistema se montó en un remolque especial tirado por un vehículo que recorrió tramos de la autovía A-2 y de la autopista AP-7. Las cámaras de alta definición captaban lo que ocurría dentro de los coches cercanos, y un software de inteligencia artificial analizaba después las imágenes. Las capturas fueron supervisadas por técnicos humanos que, en última instancia, decidían si procedía la sanción que la IA sugería de antemano.

La capacidad más llamativa es la de identificar si el conductor lleva el smartphone en la mano, si lo está tocando o si lo tiene apoyado sobre una pierna. Esta última conducta suele ser la más difícil de detectar para un agente desde la carretera. En el caso del cinturón, el sistema no solo comprueba si está abrochado, sino también si se utiliza de forma incorrecta.

El piloto arroja cifras contundentes: 8.500 casos de uso del móvil sobre 310.000 vehículos controlados, un 2,8%, y 4.500 casos de cinturón sobre 410.000 revisiones, un 1,1%. No son porcentajes alarmantes, pero traducidos a multas potenciales equivalen a un volumen de sanción considerable.

Aquí aparece el matiz que conviene no pasar por alto. Durante la prueba, la revisión humana detectó alrededor de 13.000 casos de uso del móvil frente a los 8.500 identificados por la IA, y unos 6.100 relacionados con el cinturón frente a los 4.500 del sistema. La tecnología todavía deja escapar una parte relevante de las conductas infractoras.

El dato no está en los 8.500 infractores, sino en que una cámara sea capaz de ver lo que el agente no puede.

El Servei Català de Trànsit tampoco ha publicado cuántos falsos positivos produjo el sistema. Aunque admite que algunos casos sugeridos por la IA no eran sancionables, no ha detallado el porcentaje. Por eso, de momento, ningún conductor recibió una multa automática: todas las imágenes pasaron por un técnico humano antes de cualquier propuesta de sanción.

Del experimento en la A-2 y la AP-7 al plan 2027-2030

La intención del SCT es incorporar estas cámaras de tráfico con IA a su próximo Plan de Seguridad Vial, que abarcará de 2027 a 2030. Antes deberá seguir entrenando el sistema, porque el propio organismo reconoce que la tecnología aún rinde por debajo de una revisión humana completa. El plan plurianual es el marco natural para escalar el despliegue sin repetir la improvisación de otros proyectos.

El despliegue responde a una lógica de eficiencia: una cámara puede controlar miles de vehículos en una jornada sin detener el tráfico, sin exponer a un agente en el arcén y sin depender de que el conductor guarde el móvil al ver un control. La IA no se cansa ni se distrae, pero tampoco lo ve todo. Y eso, en materia sancionadora, importa.

La apuesta por la vigilancia automatizada responde a una realidad que el sector del transporte conoce bien: la distracción por el móvil se ha convertido en una de las principales causas de siniestralidad vial. Las campañas de concienciación tienen alcance limitado, y los controles manuales dependen de la presencia física de agentes. Una cámara, en cambio, no descansa.

conducir con móvil multa

La IA aún no sustituye al agente: la letra pequeña del ensayo

Conviene leer el experimento catalán con cautela. El Servei Català de Trànsit ha sido transparente con las limitaciones: la revisión humana encontró un 53% más de casos de móvil que el sistema automático, y un 36% más en el caso del cinturón. Es una brecha relevante para una tecnología que, de desplegarse, tendrá implicaciones en la vida de miles de conductores.

La sanción no es trivial: 200 euros y 6 puntos puede suponer la retirada del carné para quien acumule otras infracciones. Un falso positivo, si no se corrige, tiene consecuencias económicas y administrativas. De ahí que el papel del técnico humano siga siendo, por ahora, imprescindible.

El despliegue plantea además una cuestión competencial. Las multas de tráfico son actos administrativos que requieren la identificación del infractor y, en última instancia, una revisión humana. La IA puede proponer, pero no sancionar. Ese principio, que de momento se respeta en el piloto catalán, será clave cuando el volumen de imágenes crezca de forma exponencial.

Yo creo que el camino es razonable: primero un piloto acotado, después un plan de despliegue progresivo y siempre con supervisión humana. El riesgo no está en la cámara, sino en la tentación de automatizar la sanción antes de que el sistema alcance una fiabilidad suficiente. Las próximas cifras, con más meses de entrenamiento, dirán si el sistema consigue cerrar la brecha.

Mientras tanto, la recomendación es simple: el móvil, en la guantera. Sobre todo si circulas por la A-2 o la AP-7. En Cataluña ya hay un ojo electrónico mirando hacia abajo.


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