El impacto de la IA en el empleo de España rompe el guion catastrofista. El último Observatorio Trimestral del Mercado de Trabajo, elaborado por Fedea y BBVA Research, concluye que las ocupaciones más expuestas a la inteligencia artificial generativa crecen por encima de la media nacional desde 2022, el año en que ChatGPT llegó al gran público. Alrededor del 30% del empleo español está expuesto a esta tecnología, y ninguno de esos tramos se está vaciando.
Claves de la operación
- 12,3 millones de puestos en la zona de riesgo. 7,2 millones de ocupados trabajan en empleos de alta exposición a la IA generativa y otros 5,1 millones se sitúan en la franja media-alta, según el informe.
- La destrucción neta de empleo no aparece. Desde el lanzamiento de la primera versión de ChatGPT, las ocupaciones expuestas ganan puestos por encima de la media, sin señales de desplazamiento.
- La cualificación decide quién está expuesto. Más del 40% de los trabajadores con estudios superiores ocupa puestos de alta exposición, frente a alrededor del 15% de quienes se quedaron en la ESO.
El tercio expuesto a la IA crece más que la media nacional
Los datos que manejan la Fundación de Estudios de Economía Aplicada y BBVA Research cruzan la exposición teórica de cada ocupación con la evolución real del empleo. El resultado incomoda a las previsiones más pesimistas. Los 7,2 millones de ocupados en puestos de alta exposición no han caído, y los 5,1 millones de la franja media-alta tampoco.
Florentino Felgueroso, investigador de Fedea, resumió la conclusión en declaraciones recogidas por la agencia Europa Press: ‘no se observa ningún tipo de desplazamiento del empleo debido a la inteligencia artificial. El desplazamiento que anunciaban los titulares más pesimistas no aparece en los datos, pero la frase habla de lo que ya ha ocurrido y no dice nada del futuro.
Rafael Doménech, responsable de análisis económico de BBVA Research, sostiene que la exposición no es una condena: ‘cuanta más exposición, mejor, para poder ser más productivos y para ver que nuestros salarios reales aumentan’. Su tesis es que la IA se come tareas concretas, no categorías profesionales enteras. Elena Alfaro, responsable de adopción de IA en el banco, apunta en la misma dirección: lo que se automatiza son tareas, no puestos completos.
Las cifras del Observatorio apuntan hacia ahí. Los empleos más expuestos registran tasas de subempleo más bajas y menos temporalidad que la media, aunque el propio informe evita la lectura causal: son puestos que exigen más cualificación y arrastran mejores condiciones por cómo está diseñado el mercado, no necesariamente por el efecto de la tecnología. La distancia entre adoptar una herramienta y reordenar una plantilla sigue siendo enorme.
La ausencia de destrucción de empleo no demuestra que la IA sea inocua: demuestra que su despliegue va más lento que el relato.
La brecha educativa decide quién trabaja cerca de la IA

El patrón educativo es el más nítido del informe. Más del 40% de los ocupados con estudios superiores trabaja en puestos de alta exposición, frente a alrededor del 15% de quienes tienen la ESO o una formación inferior. La IA no reparte el riesgo por igual: lo concentra donde ya había capital humano acumulado.
Por edad, la franja de 25 a 34 años es la más afectada, con un 35% en ocupaciones muy expuestas, mientras los trabajadores de 16 a 24 años registran los niveles más bajos del estudio. El dato tiene truco estadístico. Los más jóvenes todavía no han terminado su formación y ocupan puestos de entrada que la IA aún no toca.
El origen segmenta el mercado de otra manera. Quienes terminaron sus estudios en España —incluidos los que llegaron de fuera antes de finalizarlos—, y quienes los completaron en el extranjero, se reparten de forma distinta. En el primer grupo, la creación de empleo se concentra en las ocupaciones hoy expuestas a la IA. En el segundo, mayoritariamente inmigrante, el empleo disponible es de baja exposición. La formación recibida en España funciona como puerta de entrada a los puestos expuestos.
El dato español choca con Stanford y con el interés de quien firma el informe
Quienes firman el informe reconocen que la fotografía española choca con lo que empieza a verse fuera. Un trabajo de la Universidad de Stanford detectó una caída del 13% en el empleo de los jóvenes estadounidenses de 22 a 25 años en ocupaciones muy expuestas a la IA desde finales de 2022, mientras los trabajadores con más experiencia mantenían el puesto o incluso ganaban empleo. El ajuste se concentra en la entrada al mercado, no en el centro de la plantilla.
España no reproduce todavía ese patrón, y la razón más probable es que la adopción va por detrás. Eso es precisamente lo que conviene vigilar: el informe mide el pasado reciente de una tecnología que se despliega a velocidad distinta según el sector y el tamaño de la empresa. Doménech añade un aviso que el dato agregado esconde: tener poca exposición directa a la IA no significa que un puesto esté a salvo, porque la robótica llega donde no llega el software.
Hay además un detalle de gobernanza que no conviene pasar por alto. El Observatorio lo firma BBVA Research, el servicio de estudios de un banco que ha convertido la IA en uno de sus ejes estratégicos y que la ha desplegado entre su propia plantilla. Eso no invalida las cifras, pero aconseja contrastarlas con otras fuentes. En el IBEX 35, BBVA y Santander compiten por el mismo perfil cualificado que el estudio sitúa en el centro de la exposición: la banca española se juega en ese talento buena parte de su despliegue de datos e IA.
La prudencia es obligatoria con este tipo de informes. El Observatorio mide exposición, no destrucción, y la exposición es una etiqueta construida a partir de las tareas que componen un puesto, no de lo que las empresas han decidido hacer con él. La próxima entrega de la Encuesta de Población Activa, prevista para finales de octubre, y el siguiente Observatorio dirán si la tendencia aguanta otro año de despliegue. Si el empleo expuesto empieza a caer, lo hará primero entre los 22 y los 25 años, igual que en Estados Unidos. Ahí conviene mirar.




