El acceso a muebles, tejidos y marcas se ha democratizado y revaloriza el hogar por criterio y composición, no por presupuesto, según la interiorista María de Aguilar.
Interiorismo sin lujo: la democratización que cambia la ecuación
La interiorista sostiene que el salto del estilismo editorial al interiorismo le enseñó a educar el ojo en composición, volúmenes y textiles. Ese bagaje explica su lectura actual: marcas de todas las gamas han igualado el acceso a un buen proyecto.
Ese desplazamiento tiene una lectura directa para el mercado de la vivienda. Una casa bien presentada transmite un valor percibido superior al de un inmueble con espacios desordenados. No es cosmética; es estrategia de comercialización. El orden visual también cotiza.
María de Aguilar defiende que la figura del decorador sigue sin ser accesible para todos, pero relativiza su importancia. ‘Lo que se ha democratizado mucho es el acceso a muebles, accesorios, a tejidos, hay marcas de todas las gamas y la verdad que puedes hacer cosas muy bonitas’, resume. El matiz es relevante: no se ha abaratado el talento, se ha ampliado el catálogo.
Luz, reforma y visión global: las claves que revalorizan de verdad
Su método no parte de estilos cerrados: la casa, el cliente y la ubicación mandan. La interiorista estudió periodismo, pero el estilismo editorial le dio una ventaja concreta: el ojo educado para mezclar colores, volúmenes, geometrías y textiles sin miedo.
Al llegar a una casa, se fija en la luz y la arquitectura. ‘Enseguida empiezo a imaginar el potencial que puede tener’, afirma. Ese es el primer filtro de valor: no el color de la pared, sino la estructura que permite ganar metros útiles o abrir el salón al exterior.
La democratización del mobiliario no sustituye al criterio: lo multiplica y lo deja al alcance de quienes saben mirar antes de comprar.
Su propia vivienda, en pleno centro de Madrid, ilustra los límites del entusiasmo por la reforma. Cerró la terraza para ampliar el salón y convirtió una habitación en cocina. Ahora admite que volvería a buscar un cuarto más y algo menos de cocina. Dejémoslo en un ya veremos.
El principal error en una reforma, advierte, es no pensar de manera global. Sin esa visión de conjunto se sacrifican metros útiles o se oscurece la vivienda. Y el comprador o inquilino final lo percibe. No es solo gusto: es matemática de uso.
Sobre la inteligencia artificial, la interiorista admite que su adopción es aún incipiente: la usa como herramienta, pero la inspiración sigue siendo analógica. Esa resistencia también define un nicho: el valor artesanal que no escala con software.
La Ficha del Inversor
No existe una cifra única para medir el retorno del interiorismo, y conviene desconfiar de quien la ofrezca sin inspección previa. La métrica relevante es comparativa: cuánto tiempo lleva el inmueble en portal y a qué precio se cierra frente a viviendas equivalentes sin puesta en escena.
La tendencia a seis meses apunta a una consolidación del home staging (preparar la vivienda con mobiliario y decoración para la venta) como parte del presupuesto de comercialización, no como capricho. El precedente es claro: nació en Estados Unidos y se popularizó en España con la crisis de 2008, cuando vender rápido era la prioridad.
El perfil recomendado es el pequeño propietario que necesita vender o alquilar en una gran ciudad y el inversor patrimonial que reforma para poner el activo en renta. El riesgo, en cambio, está en la sobreinversión en acabados muy personales que no se puede recuperar en el precio. El riesgo es real.
La lectura a 5-10 años tiene más calado. Si el acceso al diseño se mantiene barato, el valor se desplaza del continente al contenido: la vivienda estándar en una buena localización valdrá menos sin una capa de interiorismo que la diferencie del stock. Las promotoras ya usan pisos piloto decorados para vender antes; el particular que vende usada compite con esa expectativa.
En esta operación no hay yield que calcular. Hay que medir la velocidad de venta y el poder de negociación. Un piso que entra en el mercado con una puesta en escena convincente reduce descuentos y acorta plazos, y eso es retorno financiero aunque no aparezca en escrituras.




