Brasil abre un proceso de represalias a los aranceles del 25% de Trump y la guerra comercial con EEUU se recrudece

La notificación incluye la solicitud de consultas diplomáticas y se apoya en la Ley de Reciprocidad Económica. La disputa trasciende lo comercial: Washington ya retiró el visado a la embajadora brasileña.

La guerra comercial Brasil EEUU entra en una fase de represalias activas. Brasil ha abierto un proceso de contramedidas este jueves, amparado en la Ley de Reciprocidad Económica, después de que Washington aplicara a mediados de julio aranceles adicionales de entre el 12,5% y el 25% a una amplia cesta de productos brasileños. Me detengo en los detalles del anuncio, en su calado político y en lo que implica para el comercio latinoamericano.

La Ley de Reciprocidad Económica, en el centro de la respuesta brasileña

El Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva notificó a Estados Unidos la apertura del proceso y solicitó la celebración de consultas diplomáticas. El objetivo, según la Cancillería, es mitigar o anular los efectos de las medidas y contramedidas previstas en la norma. El Ministerio de Relaciones Exteriores recordó que durante el último año presentó «pruebas que refutan cada una de las alegaciones sobre supuestas prácticas comerciales desleales».

Publicidad
  • 12,5% a 25%: el rango de aranceles adicionales impuestos por Washington a productos brasileños desde mediados de julio.
  • 18%: la proporción de las exportaciones brasileñas a Estados Unidos que quedó alcanzada por la nueva tarifa.
  • Máquinas industriales, azúcar, etanol, madera y calzado: los sectores más golpeados por las medidas estadounidenses.
  • Carne, café y piezas de aviación: productos exentos, claves para el mercado estadounidense.

La disputa ante la Organización Mundial del Comercio añade una capa institucional que conviene no subestimar. Los procedimientos de solución de diferencias de la OMC suelen tomar meses o años, y su capacidad de coerción es limitada desde el bloqueo del Órgano de Apelación. Aun así, el movimiento de Brasilia no es simbólico: sitúa la legalidad de las medidas estadounidenses sobre la mesa y refuerza su narrativa frente a otros socios del Sur Global. Lo que me llama la atención es que el Gobierno de Lula haya optado por notificar formalmente las contramedidas antes de agotar la vía diplomática, un ritmo que revela la urgencia política interna.

La respuesta de Brasilia no se limita a la vía arancelaria. El país ya abrió una disputa contra Estados Unidos ante la OMC; es decir, se bifurca en dos frentes: el comercial y el institucional. En paralelo, la semana pasada el Gobierno de Donald Trump retiró el visado a la embajadora brasileña en Washington, con el argumento de supuestas demoras en el beneplácito al nuevo embajador estadounidense. Brasilia lo interpreta como una sanción de motivación política, en un intento de interferir en las elecciones presidenciales de Brasil del próximo octubre.

«Los aranceles estadounidenses son injustificados y arbitrarios, y Brasil seguirá defendiendo su postura en todas las instancias pertinentes. El Gobierno de Brasil seguirá actuando para reducir los daños que los aranceles de Estados Unidos causan a la economía y a los ingresos de los brasileños.» — Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil, comunicado oficial, agosto de 2026

Lo que veo en esta escalada: presión interna y cálculo electoral

Lo que veo aquí es una escalada declarativa con consecuencias asimétricas. Washington concentra la presión en bienes industriales y en insumos energéticos como el etanol, en los que Brasil tiene capacidad exportadora pero no una dependencia crítica de la demanda estadounidense. La exención de la carne, el café y las piezas de aviación no es casual: protege los bienes que más interesan al consumo y a la cadena de suministro de Estados Unidos. Eso reduce el daño inmediato, pero también limita la eficacia de la represalia brasileña.

El Gobierno de Lula apuesta por la reciprocidad como mensaje político interno, especialmente con las elecciones de octubre en el horizonte. El riesgo es que la diplomacia —ya dañada por la retirada del visado a la embajadora— se deteriore hasta el punto de cerrar canales formales de negociación antes de que la OMC emita un laudo. Habrá que seguir las consultas bilaterales solicitadas por Brasilia: si no producen resultados en los próximos 45 días, la activación plena de contramedidas arancelarias resultará casi inevitable.

🌍 El impacto en España y Europa

Aunque la disputa es bilateral, sus ondas alcanzan a la periferia del comercio global. España no es un socio comercial de primer orden en esta relación, pero forma parte de una cadena de valor en la que Brasil compite por mercados que también abastecen exportadores europeos.

  • Euríbor e hipotecas: el impacto directo es mínimo. No obstante, una escalada arancelaria global puede frenar el comercio y mantener los yields de los bonos soberanos bajo presión, con efecto indirecto sobre el coste de financiación europeo.
  • Inflación europea: si los aranceles encarecen materias primas como el azúcar o el etanol, algunos precios alimentarios o energéticos podrían notar un repunte marginal, aunque lejos de los picos de 2022.
  • Tejido empresarial español: las exportadoras españolas de maquinaria o calzado podrían ver desplazamientos de cuota si Brasil redirige flujos hacia la UE o si las cadenas globales se reconfiguran. El IBEX apenas tiene exposición directa al mercado brasileño, pero sectores como el textil sí vigilan las rutas comerciales.
  • BCE y política europea: Bruselas no tiene aquí un papel protagonista, pero la reactivación del proteccionismo estadounidense refuerza el argumento de la autonomía estratégica comercial de la eurozona.

Publicidad