Tercer corte de luz de Red Eléctrica a la industria en un mes: precio en máximos de 211 euros

El operador del sistema activa el mecanismo de interrumpibilidad en plena ola de calor y un día antes del eclipse. La escasa generación renovable vuelve a tensionar el suministro de la gran industria.

Red Eléctrica volvió a interrumpir el suministro a la gran industria con el precio en 211 euros por megavatio hora. Es el tercer corte en menos de un mes, según OkDiario, y llegó el día previo al eclipse solar.

El corte se produjo en las horas centrales del día, cuando la demanda industrial y la climatización doméstica coinciden con una generación eólica y solar por debajo de lo esperado. La coincidencia con el eclipse de este 12 de agosto no es casual: restó producción fotovoltaica justo en la franja de mayor demanda.

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Se trata del tercer episodio en menos de un mes. La gran industria, que opera con contratos de suministro estables y participa en el servicio de interrumpibilidad a cambio de una retribución, ha vuelto a quedarse sin red cuando el sistema no logra cubrir la punta de demanda. Cada interrupción implica una parada forzada en procesos que no siempre pueden detenerse sin costes.

Un sistema al límite por la caída renovable

El precio de 211 euros por megavatio hora marca un máximo del ejercicio. Es un nivel que dispara el coste energético de la industria no cubierta por contratos a largo plazo. La cifra superó con claridad los umbrales que activan las alertas del operador.

La causa que recoge OkDiario apunta a un fallo de cobertura renovable en un día de alta demanda. La eólica produjo menos de lo previsto y la solar no compensaba en las primeras horas de la tarde. Con el almacenamiento limitado, el sistema tuvo que recurrir a la interrumpibilidad industrial para evitar un desbalance mayor.

Este tipo de situaciones activa un protocolo conocido: Red Eléctrica, como gestor técnico, ordena la interrupción a los grandes consumidores adheridos al servicio. A cambio, las empresas reciben una retribución fija. El problema es que, cuando los cortes se repiten, el coste operativo de de las paradas no previstas puede superar con creces esa compensación.

El tercer parón en un mes convierte una herramienta de emergencia en un coste estructural para la industria.

La repetición de cortes en tan poco tiempo ya no es un aviso técnico. Es un patrón.

Impacto en la gran industria y coste del ajuste

La industria electrointensiva es la primera afectada. Siderurgia, cemento, química básica y alimentación en frío, no pueden detener su actividad en minutos sin dañar equipos o perder lotes de producción. La interrumpibilidad es un recurso de emergencia, no un instrumento de gestión ordinaria.

El riesgo es doble. Por un lado, el coste directo de cada parada: rearme de maquinaria, pérdida de producto en proceso y horas de personal. Por otro, el deterioro de la confianza industrial. Si los cortes se normalizan, las decisiones de inversión en nueva capacidad productiva se trasladan a mercados con suministro más previsible.

El precio de 211 euros no es un dato aislado. Es el síntoma de un sistema que depende cada vez más de recursos no gestionables cuando no hay viento ni sol. La sincronización de los precios con la disponibilidad renovable es estructural. Cuando la meteorología no acompaña, el margen de seguridad se estrecha.

Un símbolo de los desajustes estructurales

Hay una lectura de fondo que conviene no ignorar. La transición energética ha multiplicado la capacidad renovable instalada, pero no ha resuelto el problema de la gestionabilidad. La solar y la eólica aportan megavatios cuando el tiempo lo permite. El almacenamiento aún no tiene escala para cubrir varias horas seguidas de caída renovable en un día de alta demanda.

No se trata de demonizar a las renovables. El sistema las necesita y son la principal baza para reducir el precio medio de la electricidad. La cuestión es que la seguridad del suministro no puede sostenerse solo sobre recursos intermitentes. Los ciclos combinados de gas, la hidráulica de bombeo y las baterías son el colchón que evita los desbalances. Cuando ese colchón se agota, paga la industria.

He seguido de cerca la evolución del servicio de interrumpibilidad en los últimos años. Hace una década, los cortes a la gran industria eran rarísimos y se activaban en situaciones extremas. Hoy se repiten con una cadencia que ya no parece excepcional. El cambio climático intensifica las olas de calor, la demanda de climatización sube y los precios máximos se parecen cada vez más al nuevo patrón de verano.

El eclipse de hoy es anecdótico en lo astronómico y decisivo en lo energético. Resta producción fotovoltaica en plena punta de demanda. Pero el desajuste de fondo no lo explica un fenómeno de unas horas. Lo explican el enorme parque fotovoltaico español, que desaparece de la ecuación en cuanto cae el sol, frente a una capacidad de almacenamiento que todavía ronda cifras muy inferiores.

Red Eléctrica está obligada a mantener el equilibrio en todo momento. No puede dejar caer la frecuencia del sistema, y la interrumpibilidad es una de las pocas herramientas rápidas que tiene. El dilema es si conviene seguir construyendo más renovables sin acelerar a la vez el almacenamiento y las interconexiones. La respuesta no es técnica: es política y de calendario.

La próxima prueba llegará con el cierre del verano y las primeras borrascas atlánticas. Si el sistema resiste sin nuevos parones, el episodio quedará como un aviso. Si se repite en otoño, habrá que revisar los incentivos al almacenamiento y el diseño del mercado de ajuste. El tiempo no es un aliado.


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