Bitcoin toca fondo según señales on-chain que apuntan a un posible suelo de ciclo, aunque la venta de pánico todavía no aparece. La criptomoneda cotiza cerca de 63.362 dólares, prácticamente plana en 24 horas.
Dos informes de CryptoQuant, la firma de análisis de datos on-chain, apuntan a las primeras fases de un proceso de suelo. Desde el récord de 126.080 dólares que marcó en octubre, bitcoin ha perdido casi la mitad de su valor. En la última semana cae cerca de un 2%.
Señales on-chain de un posible suelo de ciclo
El indicador clave es el aNUPL de los titulares a largo plazo, inversores que suelen mantener sus monedas durante más de 155 días. Esa métrica mide la ganancia o pérdida no realizada frente al precio de compra. Según el analista MorenoDV, en cada suelo de ciclo importante los titulares a largo plazo cargaban con pérdidas no realizadas más profundas que el conjunto del mercado.
Ahora ese patrón se repite. El aNUPL de los titulares a largo plazo ha cruzado a terreno negativo y está por debajo de la media general. Dicho de otro modo, incluso los inversores con mayor convicción acumulan pérdidas superiores a la media. Este desajuste ha aparecido en todos los suelos de ciclo relevantes.
La señal encaja con otro dato que circuló esta semana: bitcoin cotiza dentro de su zona de coste de producción. En ciclos anteriores, operar cerca del coste medio de la red solía coincidir con fases tardías de mercados bajistas, cuando buena parte de los mineros y tenedores recientes ya no obtienen beneficio.
El giro hacia el ‘oro digital’ y sus matices
El segundo informe de CryptoQuant detecta un cambio en la correlación con el oro. La correlación de 90 días entre bitcoin y el metal precioso ha pasado de casi -0,9 a comienzos de 2026 a alrededor de +0,7. Ki Young Ju, consejero delegado de CryptoQuant, lo describe como la vuelta a los niveles de la era del ‘oro digital’.
Los titulares a largo plazo están sufriendo más que el mercado, un desajuste que históricamente solo aparece cerca de los suelos de ciclo.
Este movimiento sugiere que una parte del mercado vuelve a tratar a bitcoin como un activo escaso y no soberano, un posible refugio frente a la devaluación de las monedas, el estrés fiscal y la incertidumbre geopolítica. Es el relato clásico del oro digital: un almacén de valor a largo plazo, similar al metal precioso pero en formato nativo de internet.
No conviene declarar el suelo antes de tiempo. En ciclos anteriores el aNUPL de los titulares a largo plazo cayó a lecturas negativas mucho más profundas y prolongadas, una zona que algunos analistas llaman territorio de depresión. Las cifras actuales no han llegado a ese extremo. El informe deja abierta la puerta a una última capitulación que empuje esas pérdidas a máximos históricos.
Qué significa para el inversor y qué puede fallar
Hay dos lecturas posibles. La primera es que la estructura actual repite los suelos de 2015, 2018 y 2022, con los inversores de convicción asumiendo el golpe final. La segunda es que la demanda institucional y una base de tenedores más resiliente permitan tocar suelo con menos daño que en el pasado. Los analistas de CryptoQuant no descartan ninguna de las dos.
El relato del oro digital también debe leerse con cautela. Una correlación positiva con el oro no es intrínsecamente alcista: ambos activos pueden subir juntos o caer juntos. Además, la volatilidad de bitcoin sigue siendo mucho más alta que la del metal. En lo que va de mes, bitcoin se comporta a ratos como un activo de riesgo ligado al Nasdaq y a ratos como un valor refugio. Esa dualidad no es nueva, pero obliga a evitar conclusiones rotundas.
La referencia al oro digital no es nueva. En 2020 y 2023, bitcoin llegó a moverse al compás del metal en momentos de tipos reales bajos o de desconfianza hacia los bancos centrales. La diferencia es que ahora el giro se produce tras una caída del 50% desde máximos, no en plena euforia. Eso hace que el cruce de correlaciones sea más significativo para los analistas que siguen el ciclo.
Para el inversor español, la señal es doble. Los datos on-chain invitan a no vender por pánico justo cuando los indicadores de suelo se activan. Pero tampoco deben leerse como una invitación a comprar: la confirmación histórica exige una caída adicional que podría no llegar, y la correlación con el oro todavía no garantiza una descorrelación de la renta variable.




