El déficit mundial de crudo se duplicará en este tercer trimestre hasta 1,8 millones de barriles diarios, según la última revisión de la Agencia Internacional de la Energía (AIE). La causa principal es el cierre práctico del estrecho de Ormuz tras la reanudación de las hostilidades entre Estados Unidos e Irán, que ha reducido las exportaciones de los países del golfo Pérsico a apenas 12 millones de barriles diarios al final de julio.
El Brent supera los 89 dólares por barril y acumula una subida superior al 12% desde que se rompió el alto el fuego. La agencia con sede en París publicó su informe mensual el miércoles y revisó a la baja tanto la oferta como la demanda global, reflejando el impacto dual de un cuello de botella geopolítico que ahoga los envíos y encarece el combustible para los consumidores.
El estrangulamiento del tráfico en Ormuz agrava el agujero de oferta
En su informe de agosto, la AIE recorta en 1,7 millones de barriles diarios su previsión de oferta mundial para el tercer trimestre respecto a las estimaciones de hace un mes. La producción de los países del golfo Pérsico había repuntado tras el acuerdo de alto el fuego de junio entre Washington y Teherán, pero los nuevos ataques de julio frustraron esa recuperación: las exportaciones cayeron de 20 mb/d a principios de mes a unos 12 mb/d al cierre, un desplome de 2,1 millones de barriles diarios.
Las reservas globales de petróleo bajaron en 69 millones de barriles solo en julio y se situaron por debajo de los 7.900 millones de barriles por primera vez desde abril de 2025. La AIE insiste en que la reapertura del estrecho es urgente para evitar un mayor deterioro de los inventarios.
El Brent por encima de los 89 dólares y el riesgo de una escalada en las gasolineras españolas
El barril de crudo de referencia en Europa coquetea con la barrera psicológica de los 90 dólares, un nivel que no se veía desde los picos de tensión de 2025. El encarecimiento está empezando a morder la demanda: la AIE ha rebajado sus previsiones de consumo mundial en 550.000 barriles diarios para lo que queda de año porque los precios elevados están frenando la actividad económica.
En España, el repunte se deja sentir especialmente en en las gasolineras. Los carburantes acumulan subidas semanales y la factura energética de hogares y transportistas se encarece justo en pleno periodo estival. Con una dependencia casi total de las importaciones de crudo, el canal de transmisión es inmediato: cada dólar extra en el Brent añade presión a la inflación subyacente y resta margen a las familias.

La contracción de la demanda ha sido notable en el segundo trimestre, con una caída de 4,9 millones de barriles diarios, y se espera un retroceso adicional de 2,8 mb/d en este tercer trimestre. Solo en los tres últimos meses del año la AIE anticipa una ligera recuperación de 580.000 barriles diarios, siempre que el conflicto no escale aún más.
Ormuz, la llave energética que puede redefinir los precios del crudo hasta 2027
El estrecho de Ormuz canaliza una quinta parte del comercio mundial de petróleo. Su cierre efectivo, aunque parcial, está distorsionando las cotizaciones y alterando las previsiones de medio plazo. La AIE dibuja un escenario de oferta mundial media de 102 millones de barriles diarios en 2026, 4,3 mb/d menos que en 2025, y confía en que en 2027 la producción dé un salto de 8,3 mb/d hasta los 110,3 millones, impulsado por los nuevos bombeos en América. Sin embargo, el propio organismo califica los riesgos de “sustanciales”.
La clave está en la velocidad con la que se reabra el paso. Cada semana de bloqueo drena las reservas y alimenta la especulación. Para España, que importa más del 95% de su petróleo, un Brent enquistado por encima de los 85 dólares tiene implicaciones directas sobre el déficit comercial y la competitividad del sector industrial. Las refinerías nacionales, aunque diversifican orígenes, no son inmunes a un mercado tenso.
La AIE insiste en que la reapertura del estrecho es urgente para evitar un choque de oferta que golpee de lleno a las economías importadoras, como la española.
El margen para rebajar la tensión es estrecho. La diplomacia entre Washington y Teherán se ha mostrado frágil y las primas de riesgo geopolítico se mantienen elevadas. Mientras tanto, los consumidores europeos seguirán pagando un sobrecoste en cada depósito de gasóleo o gasolina. La transición energética, que a largo plazo debería reducir esta dependencia, no alivia el dolor a corto plazo: a falta de alternativas masivas, Ormuz sigue marcando el ritmo del mercado.
Así de claro.




