Petróleo estrecho Ormuz: Bank of America avisa de subida en invierno si no se reabre

El jefe de materias primas del banco, Francisco Blanch, advierte de una escasez severa de diésel y gasolina. El crudo Brent podría trepar por encima de los 80 dólares si el paso marítimo sigue bloqueado.

El bloqueo del estrecho de Ormuz amenaza con encarecer el crudo este invierno. Bank of America ha lanzado un aviso claro: sin un acuerdo entre Estados Unidos e Irán para reabrir el paso, los precios se dispararán y la escasez de diésel y gasolina se agravará. La advertencia la formuló Francisco Blanch, jefe de materias primas del banco estadounidense, en una entrevista con CNBC.

El Brent, referencia en Europa, se sitúa ahora en el entorno de los 70-80 dólares por barril, una franja que Blanch consideraba razonable si se alcanzaba una solución diplomática. Pero el bloqueo persiste y el mercado empieza a descontar un escenario de estrangulamiento logístico sin precedentes recientes. “Creíamos que veríamos alguna resolución”, dijo Blanch, “pero si no la hay, los precios subirán”. El banco calcula que harían falta diez veces más barcos para mantener estable el suministro mundial si el paso marítimo sigue cerrado, un volumen de flota sencillamente imposible a corto plazo.

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La advertencia de Bank of America: Brent en $70-80, pero sin acuerdo subirá más

La tesis de Bank of America es contundente. El estrecho de Ormuz es la principal arteria del comercio de crudo: por él transita a diario cerca del 20% del petróleo mundial, unos 20 millones de barriles. Cuando la tensión geopolítica bloquea ese paso, el precio del barril reacciona al instante. Pero lo que preocupa ahora a Blanch no es solo el impacto inmediato, sino la acumulación de desajustes en los inventarios de cara a la temporada de calefacción del hemisferio norte.

En declaraciones a CNBC, el responsable de materias primas del banco señaló que ya se aprecian señales de escasez severa en los mercados de diésel, gasolina y gas natural licuado (GNL). El fenómeno no es casual: los países importadores, especialmente en Europa y Asia, llevan semanas ralentizando sus importaciones, confiando en una pronta reapertura. Si el bloqueo se mantiene durante agosto y septiembre, llegar al invierno con reservas mínimas será inevitable. “Necesitamos diez veces más barcos para mantener el mercado equilibrado”, insistió Blanch.

La magnitud del desafío logístico es tal que ni siquiera un puente marítimo alternativo por el cabo de Buena Esperanza aliviaría la presión. La ruta es más larga, cara y lenta. Los fletes ya se han encarecido y la disponibilidad de buques está al límite. Todo apunta a que, sin acuerdo diplomático, el barril de Brent podría superar con holgura los 90 dólares en el cuarto trimestre de 2026, e incluso tocar los tres dígitos si el invierno es particularmente frío.

La sombra de 2022 vuelve a ser alargada.

El cuello de botella del estrecho de Ormuz y su impacto en el mercado

El estrecho de Ormuz, situado entre Irán y Omán, es mucho más que un punto geográfico: es una válvula de seguridad para la economía global. Cualquier interrupción prolongada dispara el precio del petróleo y, con él, el de los combustibles refinados. Según los modelos de Bank of America, harían falta al menos 10 veces más barcos de los que hay operativos para sustituir la capacidad de tránsito del estrecho si este queda fuera de servicio. Un esfuerzo logístico sin precedentes.

Pero la realidad es que ni la flota mundial de petroleros ni las infraestructuras portuarias están preparadas para semejante sobrecarga. El coste de los fletes se multiplicaría y los retrasos colapsarían las cadenas de suministro justo cuando la demanda estacional repunta. El diésel y la gasolina son los primeros en resentirse, y ya hay evidencias de tensiones en los mercados europeos. En España, la dependencia del crudo importado hace que cualquier escalada en el precio del Brent repercuta directamente en el surtidor.

Las refinerías europeas trabajan con márgenes estrechos y una interrupción en el flujo de crudo ligero de Oriente Medio afectaría a la producción de diésel, combustible clave para el transporte pesado y la calefacción en muchos países del centro y este de Europa. La temporada de compras de invierno, que suele comenzar en octubre, se anticipa complicada si los inventarios no se reconstruyen a tiempo.

¿Qué significaría un invierno sin Ormuz para el consumidor español?

Para el bolsillo del consumidor español, la ecuación es sencilla: más tensión en Ormuz equivale a gasolina y gasóleo más caros. La cotización del Brent es el principal factor que determina el precio de los carburantes en la Península. Si el barril se instala por encima de los 90 dólares durante el cuarto trimestre, el litro de gasolina 95 podría volver a superar los 1,80 euros, una cota que no se veía desde los picos de la crisis energética de 2022.

Bank of America no es la única voz que alerta. Varios analistas del sector coinciden en que la falta de un acuerdo diplomático entre Washington y Teherán es hoy el principal factor de riesgo alcista para el crudo. Las sanciones contra Irán ya están mermando sus exportaciones, y cualquier incidente en el golfo Pérsico podría cerrar el paso de forma abrupta. No es una hipótesis de ciencia ficción: en 2019, una serie de ataques a buques en la zona ya pusieron al mercado en alerta.

La clave es el tiempo. Cada semana que pasa sin un compromiso firme erosiona la confianza del mercado y encarece los seguros de las navieras, lo que se traduce en un sobreprecio estructural para el crudo que transita por la región. Si a ello se le suma un invierno más frío de lo normal en el hemisferio norte, el escenario de escasez podría dejar de ser una advertencia para convertirse en una realidad palpable.

La falta de reapertura de Ormuz no solo encarecerá el petróleo: desajustará por completo la logística mundial de crudo y productos refinados justo antes del invierno.

El análisis de Bank of America tiene una implicación directa para la planificación energética europea. La Unión Europea ha diversificado sus fuentes de gas tras la guerra de Ucrania, pero en el apartado del petróleo la dependencia del tránsito por Ormuz sigue siendo muy elevada. Países como Arabia Saudí, Irak, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos canalizan buena parte de sus exportaciones hacia Europa a través de este paso. Sin él, la única alternativa es traer crudo desde el Atlántico, con costes y tiempos de viaje mucho mayores.

Por eso, la advertencia de Blanch no debe leerse solo como una nota para inversores, sino como una llamada de atención a los gobiernos. Si la diplomacia fracasa, el invierno de 2026-2027 podría parecerse peligrosamente al de 2022, con facturas energéticas disparadas y presión social en aumento. La diferencia es que, en esta ocasión, el origen del problema no es un conflicto en Ucrania, sino un bloqueo en el corazón del tráfico marítimo mundial.

En España, el Gobierno mantiene la bonificación al combustible y los mecanismos de protección al consumidor, pero estos paliativos son cada vez más costosos para las arcas públicas. Si el crudo escala de forma sostenida, la factura de la subvención podría tensar los Presupuestos Generales del Estado. Y mientras, el consumidor espera y mira de reojo el indicador de precios de su gasolinera habitual.

La resolución del bloqueo, si llega, cambia la la ecuación por completo. Si no, el invierno se presenta como una combinación explosiva de precios altos, inventarios justos y una geopolítica al rojo vivo. Los próximos dos meses serán determinantes.


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