Trump impone un arancel del 15% al polisilicio de China y dispara el precio de los paneles solares en Europa

La medida, que entrará en vigor el 4 de diciembre, activa un mecanismo de precios mínimos que reconfigura el mercado global de un material donde China controla más del 80% de la capacidad de producción.

He leído con detenimiento la proclamación firmada por Donald Trump en la noche del miércoles en Washington. La Casa Blanca activa su artillería comercial más pesada contra Pekín en un sector estratégico: el polisilicio, la arena de silicio purificada que alimenta tanto los chips de inteligencia artificial como los paneles solares. La decisión se produce en un contexto de tensión máxima entre las dos potencias por el control tecnológico global.

El mecanismo arancelario y los precios mínimos

La orden ejecutiva de Trump, amparada en la Sección 232 de la Ley de Expansión Comercial de 1962, establece un arancel del 15% a los productos derivados del polisilicio. Pero la novedad más disruptiva es un sistema de precios mínimos de importación diseñado para eliminar el margen de dumping de los productores chinos. Los umbrales fijados son:

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  • 21 dólares por kilogramo para el polisilicio base.
  • 100 dólares por kilogramo para lingotes y obleas.
  • 0,22 dólares por vatio para las células solares.
  • 0,38 dólares por vatio para los módulos solares.

La entrada en vigor está prevista para el 4 de diciembre de 2026, según ha detallado el secretario del Personal de la Casa Blanca, William Scharf, quien ha insistido en que la medida busca “apoyar y proteger la fabricación doméstica frente a las amenazas del exterior”.

“El polisilicio es el material base que sustenta la seguridad de las cadenas de suministro de semiconductores y energía solar de Estados Unidos. Sin embargo, durante décadas, Estados Unidos ha permitido que países extranjeros debiliten a los productores estadounidenses en el sector del polisilicio, erosionando nuestra seguridad económica y nacional”, ha declarado Trump en la proclamación.

La guerra comercial en el corazón de la cadena de suministro

Lo que está en juego va mucho más allá de un simple arancel. Pekín controla más del 80% de la producción mundial de polisilicio, un cuello de botella que Washington quiere romper a toda costa. El secretario de Comercio, Howard Lutnick, ha sido tajante: “Establecemos precios para que los chinos no puedan seguir haciendo dumping y ponemos aranceles para que construyan aquí”. La administración republicana apuesta por un reshoring agresivo que replique el modelo de los chips en el sector fotovoltaico. Corea del Sur, con gigantes como Samsung y SK Hynix, observa con preocupación el posible encarecimiento de sus importaciones de polisilicio para semiconductores.

El impacto inmediato es doble. Por un lado, encarecerá los costes de los fabricantes de paneles solares que dependen del polisilicio chino —incluidos los europeos—, ralentizando potencialmente la transición energética. Por otro, tensa aún más la cadena de semiconductores, ya que el silicio ultrapuro es imprescindible para las obleas de chips de vanguardia. La pregunta no es si subirán los precios, sino cuánto y durante cuánto tiempo.

🌐 El efecto dominó en Occidente

Europa se enfrenta a una tormenta de costes en plena carrera por instalar capacidad solar. España, con más de 15 GW de fotovoltaica en operación y ambiciosos objetivos del PNIEC, importa cerca del 85% de los paneles de China. Cada módulo podría encarecerse entre un 10% y un 15% si los precios mínimos se trasladan al mercado, según calculan fuentes del sector consultadas esta mañana. El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) ya había alertado de una ralentización de las inversiones si los precios suben de forma brusca.

Para el BCE, el canal es deflacionista pero a la vez inflacionista por los costes energéticos. Si las renovables se encarecen, la generación eléctrica podría depender más del gas, presionando al alza la inflación a medio plazo. Las grandes eléctricas españolas —Iberdrola, Endesa o Naturgy— revisarán sus planes de despliegue solar, mientras que los pequeños instaladores temen un frenazo en la demanda residencial. La guerra comercial vuelve a recordar que la transición verde tiene también un precio geopolítico.


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