La Comisión Europea ha puesto sobre la mesa una reforma que podría rebajar la ambición del EU ETS, el mercado de carbono que, desde 2005, ha conseguido reducir un 50% de las emisiones industriales de la UE. La propuesta, filtrada a principios de julio y aún sujeta a negociación, reduce el ritmo anual de descarbonización y mantiene los derechos gratuitos para la gran industria, una combinación que los críticos califican de paso atrás en la política climática más ambiciosa del mundo.
El Régimen de Comercio de Derechos de Emisión (ETS, por sus siglas en inglés) funciona como un sistema de límite y comercio: la UE fija un tope máximo de emisiones que se reduce cada año y obliga a unas 10.000 refinerías, centrales eléctricas y fábricas —responsables del 40% de la contaminación climática comunitaria— a comprar derechos para cubrir sus emisiones. Quien contamina menos puede vender sus derechos sobrantes; quien supera el límite se enfrenta a multas elevadas. Hasta ahora, el sistema se encaminaba a alcanzar las emisiones netas cero en 2039 para los sectores cubiertos, con un recorte anual del 4,4%.
La letra pequeña de la reforma: menos ambición, más derechos gratuitos
El nuevo texto propuesto por la Comisión Europea aplaza ese horizonte. En lugar del ritmo anterior, plantea una reducción anual del 3,7% entre 2031 y 2035, que se desploma al 1,7% a partir de 2036. La justificación oficial es “aliviar a la industria” sin incumplir los objetivos climáticos fijados para 2040, que exigen una reducción del 90% de las emisiones respecto a los niveles de 1990. Sin embargo, la letra pequeña revela que la factura en carbono acumulado puede dispararse.
Vayamos a los datos. Según estimaciones de la coalición Climate Action Network Europe, la reforma permitiría emitir unos 2.000 millones de toneladas de CO₂ adicionales frente al plan anterior de aquí a 2040. Una cifra que choca de frente con el presupuesto de carbono restante que la ciencia señala para esquivar los peores impactos del calentamiento: a partir de 2025, el mundo solo puede permitirse otras 80.000 millones de toneladas para tener un 66% de posibilidades de no superar el umbral de 1,5 °C. “Lo que ocurra entre 2030 y 2040 es lo que realmente importa para el clima”, advierte Sven Harmeling, responsable de clima de CAN Europe.
La propuesta incluye, además, la continuidad de los derechos de emisión gratuitos para sectores considerados en riesgo de fuga de carbono, como la siderurgia o la química. Gigantes como ArcelorMittal y BASF han presionado intensamente para mantener e incluso ampliar esas asignaciones gratuitas, que en el pasado ya han generado un lucrativo mercado secundario: las empresas han vendido excedentes por valor de miles de millones de euros. O, dicho de otro modo, la reforma consolida una subvención indirecta a los grandes emisores mientras ralentiza la descarbonización.
📊 Impacto ecológico en cifras
- Reducción lograda hasta ahora: 50% de las emisiones industriales desde 2005, equivalente a miles de millones de toneladas evitadas.
- Ritmo de descarbonización propuesto: Del 4,4% anual actual al 3,7% (2031-2035) y solo 1,7% a partir de 2036.
- Emisiones extra permitidas: 2.000 millones de toneladas de CO₂ adicionales frente al plan previo, según CAN Europe.
- Contraste con el presupuesto de carbono: El mundo dispone de 80.000 millones de toneladas restantes para no sobrepasar los 1,5 °C; la reforma podría consumir el 2,5% de ese margen solo en la UE.
¿Un paso atrás con consecuencias globales?
El EU ETS no es solo una política europea. Ha sido el modelo de referencia para sistemas de comercio de emisiones en California, Quebec, Corea del Sur y otros territorios. Cualquier debilitamiento del estándar comunitario “proporciona munición a los lobbies industriales de todo el mundo”, denuncia Wijnand Stoefs, responsable de política europea de Carbon Market Watch, quien comparó el día de la propuesta con un “Black Friday” del clima. Si la UE rebaja la ambición, otros sistemas —ya de por sí menos estrictos— podrían hacer lo mismo, al ralentizar la subida del precio del carbono y presionar por más exenciones.
La velocidad de descarbonización determina la cantidad total de CO₂ que emitimos, no solo el año de llegada a cero.
Aunque la Comisión defiende que la reforma es compatible con el objetivo de reducción del 90% para 2040, el problema no es el punto de llegada, sino el camino. Un ritmo más lento deja más carbono en la atmósfera durante más tiempo, alimenta fenómenos climáticos extremos y encarece la factura de la adaptación para las próximas décadas. Además, los analistas advierten de que la rebaja del recorte anual en los sectores ETS obligaría a acelerar la descarbonización en otros ámbitos, como la agricultura o la construcción, donde reducir emisiones resulta más complejo y caro.
Análisis: competitividad o maquillaje verde
Las autoridades comunitarias insisten en que se trata de una medida de alivio para la industria ante el contexto geopolítico y energético. Pero la historia de las subastas del ETS muestra que el sector ya ha recibido más derechos de los que necesitaba, generando beneficios extraordinarios sin acelerar la inversión limpia. La pregunta que queda en el aire es si estamos ante una flexibilización calculada para preservar la competitividad o ante una forma de diluir la hoja de ruta climática.
Milan Elkerbout, del think tank Resources for the Future, matiza que el EU ETS sigue siendo “con diferencia, el sistema de comercio de emisiones más ambicioso del mundo” y que los objetivos europeos de 2040 se pueden alcanzar si se compensa la menor ambición industrial con esfuerzos adicionales en otros sectores. Sin embargo, esa misma lógica traslada la presión a sectores donde la reducción es mucho más difícil, lo que podría llevar a futuras rebajas en esos ámbitos o a una dependencia excesiva de las compensaciones, no de la descarbonización real.
Las negociaciones con el Consejo de la UE y el Parlamento Europeo definirán la versión final de la norma a principios de 2027. Algunos ministros europeos ya han prometido “luchar con uñas y dientes” contra un debilitamiento del ETS. La decisión final marcará la credibilidad del bloque en la lucha climática y, de paso, la señal de precio que reciben los inversores que apuestan por la transición energética.
🌍 El Impacto Real para el Futuro
- Beneficio medible: El EU ETS ya ha evitado la emisión de miles de millones de toneladas de CO₂ en dos décadas, demostrando que un precio al carbono funciona. La reforma amenaza con diluir ese legado si se aprueba sin cambios.
- Modelo que cambia: El debilitamiento del sistema europeo sienta un precedente para otros mercados de carbono, corriendo el riesgo de que la descarbonización se aplace globalmente en nombre de la competitividad.
- Para las próximas generaciones: Cada tonelada extra de CO₂ emitida hoy incrementa la probabilidad de fenómenos extremos, olas de calor y pérdidas irreversibles de biodiversidad. El camino hacia el cero neto importa tanto como la meta.




