Cuadro más grande del mundo: 62M sin pagar y el riesgo oculto al invertir en arte

La venta de 'The Journey of Humanity' por parte de Sacha Jafri iba a ser un hito benéfico, pero destapó las carencias de un mercado donde la opacidad y la falta de verificación de compradores amenazan la rentabilidad del arte como activo.

Llevo meses siguiendo el rastro de los 62 millones de dólares que Sacha Jafri recaudó en Dubái en 2021 con la venta del lienzo más grande del mundo. A día de hoy, ni UNICEF, UNESCO ni la Global Gift Foundation han recibido un solo céntimo. Y conviene que los inversores en arte tomen nota.

La obra, The Journey of Humanity, un lienzo de pintura por goteo de 17.000 pies cuadrados, se presentó como una venta benéfica sin precedentes. Pero cinco años después, el dinero sigue sin aparecer, y el comprador, el empresario franco-argelino André Abdoune, acumula requerimientos judiciales y una condena de pago que jamás ha ejecutado. La organización Dubai Cares, designada para recibir y distribuir los fondos, inició una batalla legal que ha desvelado las grietas de la operación.

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El caso Jafri: una obra récord y una cadena de pagos rota

La transacción se iba a cerrar en el hotel Atlantis The Palm de Dubái con el respaldo de Sotheby’s. Sin embargo, la casa de subastas se retiró en el último momento por razones que nunca quedaron del todo claras. La venta siguió adelante de forma privada y Abdoune se comprometió a abonar 62 millones de dólares a plazos, tras un depósito inicial que Jafri calificó entonces de «sustancial».

Hoy, ese depósito no ha evitado que la deuda persista. Un tribunal de los Emiratos ha ordenado a Abdoune el pago, pero la cantidad sigue sin liquidarse. Las ONG beneficiarias han confirmado públicamente que los fondos nunca llegaron —UNESCO recibió 1,9 millones de dólares de Dubai Cares en 2022, aunque sin vinculación probada con la subasta—. El resto, nada.

Para el artista, que ha colaborado con causas solidarias y cuenta entre sus coleccionistas con Madonna o Bill Gates, la polémica es un golpe a su reputación. Jafri sostiene que su único papel fue crear la obra y cederla de buena fe, sin participar en la organización de la subasta ni en la verificación de los compradores.

La lección para el inversor en arte: due diligence más allá de la autenticidad

Lo ocurrido con The Journey of Humanity debería hacer reflexionar a cualquier family office o inversor particular que trate el arte como clase de activo. El mercado global del arte contemporáneo movió más de 65.000 millones de dólares en 2025, pero carece de los mecanismos de verificación de solvencia que son estándar en transacciones financieras reguladas.

Cuando la venta se produce fuera del circuito de las grandes casas de subastas —o cuando éstas se retiran, como en este caso—, la cadena de pagos queda a merced de acuerdos privados sin las garantías de un escrow bancario. La autenticidad de la obra se comprueba, sí, pero ¿quién verifica la capacidad real de pago del comprador? En el arte, esa pregunta a menudo se responde con confianza, relaciones personales y poca trazabilidad.

El caso Jafri explica por qué la opacidad es un riesgo financiero de primer orden. Incluso un cuadro con el respaldo moral de UNICEF y el Guinness World Record puede convertirse en un quebradero de cabeza jurídico si el comprador incumple. El activo, mientras tanto, queda atrapado en un limbo: ni se ha transferido la propiedad con todas las garantías, ni se ha liquidado el precio.

Lo que la opacidad del mercado del arte esconde a los inversores

En mis años analizando operaciones de alta gama, he visto cómo la confianza ciega en relaciones personales ha provocado pérdidas que superan con creces las comisiones de un banco custodio. El arte, a diferencia de un bono o una acción, carece de una cámara de compensación que garantice la liquidación. Cuando el comprador no paga, el activo queda secuestrado y su valor de mercado se deteriora por el mero hecho del litigio.

El Knight Frank Luxury Investment Index estima que el arte contemporáneo ha registrado una rentabilidad anualizada del 7% en la última década, pero ese dato no descuenta el riesgo de impago en ventas privadas no institucionales. En un entorno de tipos altos, donde la liquidez es más selectiva, los inversores deben ser conscientes de que el rendimiento esperado se reduce drásticamente si no se estructura la operación con mecanismos de depósito en garantía.

El arte solo funciona como activo de preservación de capital cuando la cadena de pagos es tan sólida como la procedencia de la obra.

En el actual entorno de tipos altos, con índices como el de arte contemporáneo cediendo más del 20% desde 2021, el inversor que busca descorrelación bursátil debe añadir un nuevo parámetro a su matriz de riesgo: la verificación del comprador y la estructura de pago. Según el Knight Frank Luxury Investment Index, el arte ha promediado un 7% anual en la última década, pero esa cifra no incluye el riesgo de impago en ventas sin garantías, como la que ocupa este artículo.

💎 Veredicto Wealth

El arte puede ser un activo de preservación de capital siempre que las operaciones se canalicen a través de casas de subastas de primer nivel con protocolos estrictos de verificación de compradores. El horizonte temporal mínimo debe ser de siete años y la liquidez, incluso en obras de récord, no está garantizada si el settlement depende de acuerdos privados sin mecanismos de depósito en garantía.


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