No hay tregua. Las empresas que no integren inteligencia artificial perderán relevancia, pero aquellas que la desplieguen sin blindar su ciberseguridad corren el riesgo de desaparecer. La advertencia, tan directa como demoledora, la lanza Nadav Zafrir, CEO de Check Point, durante un evento en París en el que reunió a ejecutivos y socios para dibujar un panorama incierto. “Están entre la espada y la pared”, señaló en una entrevista con ‘Actualidad Económica’. Esta transformación, según Zafrir, es la mayor revolución tecnológica desde que el Homo sapiens domina la Tierra, y su velocidad exige una respuesta inmediata.
Claves de la operación
- La IA desdibuja la línea entre el éxito y el fracaso empresarial. La digitalización es inevitable, pero exponerse sin protección puede resultar letal para cualquier negocio, según el máximo responsable de Check Point.
- La democratización de las capacidades de ataque. Modelos de IA como GPT-5.5 o Mythos permiten a cualquier persona explotar vulnerabilidades, lo que multiplica el número de atacantes sofisticados y la frecuencia de las amenazas.
- Defensa automatizada y plataformas abiertas. Check Point apuesta por sacar al humano del bucle de respuesta y ofrecer una plataforma que integre múltiples fuentes de inteligencia para evitar la dependencia de un único proveedor.
La ecuación es simple. La IA ha puesto al alcance de cualquiera capacidades ofensivas que antes estaban reservadas a un puñado de Estados y grupos organizados. Zafrir lo denomina “democratización”: herramientas que antes exigían un conocimiento profundo de programación y exploits ahora se ejecutan con un simple prompt. “Detectar vulnerabilidades en un código —explicó— antes hacía falta muchísimo conocimiento. Ahora estos modelos son extraordinariamente buenos encontrando fallos y convirtiéndolos en armas”. El resultado es que donde antes había una docena de actores de élite, hoy pueden aparecer cientos o miles.
Esa industrialización del ataque, además, no solo aumenta el número de incidentes, sino que los vuelve continuos. Las campañas ya no necesitan ser puntuales: la inteligencia artificial permite automatizarlas y mantener una presión constante. Para el CEO de Check Point, la única salida es acelerar la defensa hasta igualar esa velocidad, sacando al humano del proceso siempre que sea posible. “Tenemos que cambiar el paradigma tradicional, en el que la seguridad era esencialmente reactiva”, insistió.
Check Point está invirtiendo en una arquitectura de seguridad que automatice la detección y la respuesta a incidentes a velocidad de máquina. La compañía israelí, fundada en 1993, ha ido ampliando su portafolio para abarcar red, endpoint, nube y, ahora, los entornos impulsados por IA. La meta es que la inteligencia recopilada por cualquier sensor se consolide en una visión única, algo que Zafrir considera indispensable para anticiparse a ataques cada vez más polimórficos.
Sin embargo, Zafrir alerta del riesgo de centrar el debate en la tecnología y no en los resultados de negocio. “Debemos dejar de fijarnos en aquello en lo que invertimos y empezar a centrarnos en los resultados”, dijo, subrayando que la eficiencia de la IA debe medirse por su impacto real: reducción de costes, mejora de la satisfacción del cliente o agilidad operativa. Sin métricas, la inversión en ciberseguridad corre el riesgo de percibirse como un gasto, no como un habilitador.
La ciberseguridad ya no es un coste, sino la única garantía de que la digitalización no se convierta en una autopista hacia el colapso.
España en la diana: el apagón que nadie olvida y la dependencia europea
El directivo israelí recordó el gran apagón eléctrico que sufrió España en 2025 como ejemplo de la fragilidad de las infraestructuras críticas. “Demuestra por qué ningún Estado puede construir toda su resiliencia de forma aislada”, afirmó. La UE, con sus redes energéticas y de transporte profundamente interconectadas, dispone de una oportunidad única para aumentar la resiliencia colectiva, pero también expone a sus miembros a riesgos compartidos. La soberanía digital, en opinión de Zafrir, pasa por priorizar la protección de los activos realmente críticos antes que aspirar a una independencia absoluta que considera inviable.
La reflexión conecta con el momento que vive España: inmersa en una aceleración digital sin precedentes, con inversiones en inteligencia artificial y la digitalización de servicios públicos, pero también con un ecosistema empresarial en el que muchas pymes aún ven la ciberseguridad como un lujo. La advertencia de Check Point resuena con especial fuerza en un país donde el 99% del tejido productivo está formado por pequeñas y medianas empresas que, a menudo, carecen de equipos dedicados a la seguridad.
El socio estratégico en la encrucijada: la apuesta de Check Point por la plataforma abierta
Consciente de que la consolidación del sector es inevitable, Check Point está construyendo una plataforma abierta que permita a las grandes corporaciones integrar inteligencia procedente de múltiples proveedores. “La mayoría de las organizaciones tenderán hacia plataformas unificadas, pero eso no significa que deban depender de un único fabricante”, explicó Zafrir. La mayoría de las empresas tiene reticencias a quedar atrapadas con un solo proveedor, la interoperabilidad se convierte en una ventaja competitiva clave.
El reto, para una firma como Check Point, no es solo tecnológico, sino de posicionamiento en el mercado español. Competidores como Palo Alto Networks o Fortinet también avanzan en la integración de IA, pero la apuesta por una plataforma abierta puede diferenciarla en entornos con múltiples proveedores heredados. En España, donde Telefónica Tech está desarrollando su propia oferta de ciberseguridad gestionada, la batalla por convertirse en el socio de confianza de la transformación digital está servida.
Más allá de la tecnología, la verdadera prueba de fuego será si las empresas españolas interiorizan el mensaje de Zafrir y pasan de ver la seguridad como un escudo defensivo a considerarla el cimiento sobre el que construir su futuro digital. Como él mismo recordó, el mundo no se detendrá a esperar.




