Moeve prevé sellar en la segunda mitad de 2026 el acuerdo vinculante que unirá su negocio de refino y distribución con la portuguesa Galp, según confirmó la compañía al presentar sus resultados semestrales. El pacto, que lleva meses cocinándose, redefinirá el mapa ibérico de carburantes y creará dos grandes plataformas: IndustrialCo y RetailCo.
El pasado 8 de enero ambas empresas anunciaron un memorando no vinculante para integrar sus activos de downstream. Desde entonces, las conversaciones han avanzado de forma constructiva, en palabras de Moeve, y todas las partes mantienen la intención de seguir adelante.
La operación no es una simple fusión de refinerías. Moeve y Galp buscan levantar dos gigantes complementarios: uno orientado al refino, la química, el trading y los combustibles bajos en carbono (IndustrialCo), y otro centrado en las estaciones de servicio, la recarga eléctrica y las soluciones de movilidad (RetailCo).
La arquitectura del acuerdo: dos plataformas para blindar el downstream ibérico
Con esta ingeniería, Moeve —participada por los fondos Mubadala y Carlyle— mantendría el control de IndustrialCo con cerca del 80 %, mientras Galp aportaría el 20 % restante. En RetailCo, el reparto sería paritario: ambas compañías compartirían la gestión y las decisiones estratégicas. La creación de estas entidades permitiría concentrar la inversión necesaria para adaptar las refinerías a los mandatos de la transición energética y para desplegar una red de recarga competitiva.
La capacidad conjunta de refino superaría los 40 millones de toneladas anuales, según estimaciones del sector, y la red de gasolineras rebasaría las 3.500 instalaciones en la Península. Ese tamaño sitúa al nuevo grupo en disposición de disputar el liderazgo a Repsol, que hoy opera más de 3.300 estaciones en el mercado ibérico.
Repsol, que ha blindado su posición con acuerdos de suministro a largo plazo y una apuesta temprana por los combustibles renovables, vería nacer un competidor de tamaño similar con capacidad para presionar márgenes en el surtidor. La rivalidad se intensificaría precisamente cuando el consumo de carburantes tradicionales comienza a reducirse por la electrificación.
La fusión de activos de Moeve y Galp no es una suma de partes, sino un movimiento defensivo ante la electrificación que necesita escala en el legado de los combustibles.
El Gobierno portugués mantiene la lupa sobre activos estratégicos
Desde Lisboa, el Ejecutivo luso sigue «de cerca» las negociaciones. El ministro de Ambiente y Energía ya advirtió en enero de que «están en juego activos estratégicos» para la soberanía energética nacional, la sostenibilidad ambiental y la defensa de los consumidores. La refinería de Sines, controlada por Galp, es un pilar de la seguridad de suministro portuguesa y cualquier cambio en su gobernanza genera recelo.
La preocupación no es exclusiva de Portugal. Bruselas también examinará el encaje de la operación en las normas de competencia comunitarias. La concentración de la capacidad de refino en la península bajo un mismo paraguas podría requerir compromisos —desinversiones puntuales o cesiones de capacidad— para obtener el visto bueno de la Dirección General de Competencia. Ninguna de las partes ha detallado aún qué remedios estarían dispuestas a ofrecer.
Análisis: quién gana y quién pierde en el nuevo tablero ibérico
La integración downstream de Moeve y Galp responde a una lógica industrial comprensible en un momento de declive de la demanda de combustibles fósiles. Alcanzar escala permite diluir los costes fijos de las refinerías y financiar la transformación hacia moléculas verdes sin que el lastre del negocio tradicional ahogue las cuentas.
Sin embargo, el acuerdo plantea dudas sobre el impacto en los consumidores. Una mayor concentración en el refino puede traducirse en menos presión competitiva en el precio de los carburantes, sobre todo en zonas donde las alternativas logísticas son limitadas. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ya ha señalado en informes anteriores que el mercado español de distribución de carburantes presenta rigideces que perjudican al usuario final.
El otro gran interrogante es el encaje de la transición energética en este movimiento. IndustrialCo nace con la vocación de invertir en hidrógeno verde y combustibles sintéticos, pero su viabilidad dependerá de que el marco regulatorio europeo y los precios del carbono hagan rentables esas tecnologías. Mientras tanto, el negocio de los surtidores seguirá siendo la principal fuente de caja.
El reloj corre. Las dos petroleras confían en cerrar el acuerdo vinculante antes de fin de año, una fecha que las obliga a resolver los flecos regulatorios y a consensuar con Lisboa un esquema que preserve los intereses estratégicos portugueses. De conseguirlo, el mapa de las gasolineras ibéricas cambiará de dueños sin que el consumidor note, de momento, diferencia alguna en el surtidor.




