He pasado la madrugada siguiendo la sesión asiática del viernes para ver cómo reaccionaba el mercado al nuevo capítulo de la saga del yen. Me daba la sensación de que algo grande se cocía. Y no me equivocaba.
El Banco de Japón (BoJ) mantuvo los tipos de interés sin cambios por tercera reunión consecutiva, una decisión esperada pero que prolongó la brecha con los tipos estadounidenses y llevó al yen a rozar los 160 por dólar al inicio de la sesión del jueves. Sin embargo, Tokio no se quedó de brazos cruzados: justo después del mediodía en Japón, el Ministerio de Finanzas ejecutó una intervención directa comprando yenes, un movimiento que, según fuentes del mercado, empujó la divisa nipona hasta el rango de los 157 por dólar.
Lo más llamativo, y lo que realmente ha descolocado a las mesas de trading, fue la intervención paralela de las autoridades estadounidenses. El Tesoro llevó a cabo un rate check —una consulta a los principales dealers sobre los precios del dólar que a menudo precede a intervenciones—, una señal inequívoca de que la operación fue coordinada entre Tokio y Washington.
A la presión compradora de Japón se suma ahora la inesperada revelación, filtrada por Reuters, de que el secretario del Tesoro, Scott Bessent, tiene entre sus tareas pendientes la adquisición de entre 5.000 y 10.000 millones de dólares en yenes. Si se materializa, sería la primera intervención estadounidense de apoyo al yen en décadas y cambiaría por completo la dinámica del par USD/JPY.
«La compra de entre 5.000 y 10.000 millones de dólares en yenes figura en la lista de prioridades de Bessent.» — Reuters
La decisión del BoJ y la intervención coordinada
El BoJ dejó el tipo de interés a corto plazo en el 0,25%, manteniendo su programa de compra de bonos sin cambios. Aunque el mercado descontaba la pausa, la confirmación ahondó la debilidad del yen durante las horas previas a la intervención. La operación japonesa —la segunda del año— fue la que más sorprendió por el momento elegido: en plena sesión europea vespertina, un horario poco habitual para Tokio.
Que el Tesoro estadounidense realizara simultáneamente un rate check sugiere una coordinación que va más allá de la mera cortesía entre aliados. Hay que remontarse a 1998 para encontrar una intervención conjunta de apoyo al yen, y entonces fue en sentido contrario. Ahora, con la inflación estadounidense bajo control y el déficit comercial nipón acotado, la alianza parece responder más a la estabilidad financiera global que a los intereses bilaterales.
El factor Bessent y la posible intervención de EE.UU.
La agenda filtrada del secretario Bessent añade una capa de incertidumbre estratégica. No es habitual que el Tesoro anuncie con antelación el volumen de una futura compra de divisas; hacerlo puede interpretarse como un intento de que el mercado ajuste posiciones antes de la ejecución real. Si finalmente Washington ejecuta la compra de hasta 10.000 millones de dólares en yenes, el mensaje sería claro: a la Casa Blanca le preocupa el fortalecimiento excesivo del dólar y está dispuesta a actuar para limitar sus daños sobre los emergentes y los costes de financiación globales.
Lo que veo aquí es un giro táctico relevante. Durante años, Japón intervino en solitario, a menudo con resultados efímeros. Esta vez, la implicación —aún en fase de planificación— de Estados Unidos legitima la acción y reduce el riesgo de que los hedge funds sigan apostando contra el yen. El próximo paso será la reunión del G7 financiero de septiembre, donde podrían sentarse las bases de un pacto cambiario tácito.
🌐 El efecto dominó en Occidente
Una estabilización del yen en torno a los 150-155 USD/JPY tiene implicaciones directas para los mercados europeos:
- Carry trade: reduce la volatilidad del desarme de posiciones financiadas en yenes, lo que aporta estabilidad a las bolsas europeas más expuestas, como el DAX y el Euro Stoxx 50.
- Inflación en España: un yen más fuerte abarata los componentes electrónicos y los automóviles japoneses importados, lo que puede restar entre 0,1 y 0,2 puntos al IPC de bienes industriales en la eurozona durante el tercer trimestre.
- Euríbor y BCE: la menor presión alcista del dólar sobre el euro despeja el camino para que Fráncfort mantenga su hoja de ruta de recortes sin temor a una depreciación excesiva que importe inflación vía materias primas.
- Empresas del IBEX: compañías como Inditex, con fuerte presencia en Asia, ven reducido el riesgo cambiario de sus operaciones en yenes, mientras que los fabricantes de automóviles europeos respiran ante la menor competitividad-precio de las exportaciones japonesas.
El desenlace de la intervención no está escrito. Si la Reserva Federal retoma un tono agresivo en septiembre, las fuerzas que deprecian el yen podrían reavivarse. Pero por ahora, Tokio y Washington han comprado tiempo, y los inversores europeos harían bien en seguir cada comunicado del Tesoro con lupa.




