Estados Unidos cierra una alianza de 100.000 millones de dólares con Brookfield y NextEra Energy para construir un megacentro de datos IA en Paducah (Kentucky). La operación, la mayor del año en infraestructura cloud, concibe el campus como el primer gran centro de datos diseñado para autoabastecerse energéticamente sin elevar la factura de la luz a los consumidores locales.
Claves de la operación
- 86.500 millones de euros de inversión privada. La cifra convierte al complejo de Paducah en el mayor desembolso en infraestructura cloud del año, casi el doble que proyectos similares en marcha.
- Un campus con central eléctrica propia. NextEra construirá 2 GW de generación a gas y 2,6 GW de baterías para alimentar el centro de datos de 1,8 GW, con excedente vertible a la red.
- El modelo de los ‘American Energy Hubs’ cobra tracción. La iniciativa busca reutilizar terrenos federales contaminados para grandes instalaciones digitales, y Paducah se convierte en su buque insignia.
La fiebre de la IA choca con el muro energético
Los centros de datos dedicados a inteligencia artificial devoran electricidad a una escala desconocida. El campus de Paducah necesitará 1,8 GW de potencia, el equivalente al consumo de una ciudad de más de un millón de habitantes. Para hacerse una idea, los mayores complejos actuales de los hiperescaladores no superan el gigavatio.
Por eso, el acuerdo va mucho más allá de la simple construcción de naves llenas de servidores. NextEra Energy asume el papel de socio energético integral: instalará 2 GW de centrales de gas natural de ciclo combinado y 2,6 GW de almacenamiento con baterías. El objetivo es que el centro de datos nunca tenga que depender de la red en los picos de demanda y, además, inyecte los excedentes al sistema eléctrico regional.
La compañía, que ya cuenta con contratos de largo plazo con Google y Meta, está transformando su negocio precisamente hacia este nicho: ser el brazo eléctrico de la expansión de la IA. Paducah es su mayor apuesta hasta la fecha.
El emplazamiento no ha sido elegido al azar. El Departamento de Energía (DOE) ya había preseleccionado Paducah en julio de 2025, junto a otros tres antiguos terrenos federales, dentro de la iniciativa American Energy Hubs. La idea es aprovechar infraestructuras existentes —conexiones de fibra, capacidad de transporte eléctrico y abundantes recursos hídricos— y al mismo tiempo avanzar en la descontaminación de las viejas plantas de enriquecimiento de uranio.
Eso sí, el acuerdo no está cerrado del todo. La Comisión de Servicios Públicos de Kentucky todavía debe autorizar el plan de suministro eléctrico, y en ese proceso se definirán los plazos y las condiciones exactas. Mientras tanto, la construcción mantendrá unos 8.000 empleos temporales y dejará 600 puestos permanentes una vez operativo, con la vista puesta en el horizonte de 2031.
Construir un centro de datos de inteligencia artificial sin asegurar la generación eléctrica asociada equivale a levantar una ciudad sin garantizar el suministro de agua.
Paducah: un campus autosuficiente que no encarecerá la luz local
Una de las críticas recurrentes a los grandes centros de datos es que disparan los precios de la electricidad en las regiones donde se instalan. El proyecto de Paducah intenta cortar de raíz esa polémica. NextEra dimensiona la generación para cubrir no solo los 1,8 GW que absorberá el campus, sino para inyectar un excedente a la red regional, con lo que la presión sobre los precios debería ser nula e incluso, según el DOE, podría beneficiar a los consumidores.
La estrategia supone un cambio de paradigma: en vez de consumir de la red y obligar a ampliarla, se construye capacidad nueva y se comparte el sobrante. De hecho, la eléctrica Big Rivers Electric Power Corporation actuará como suministrador mayorista y la cooperativa Jackson Purchase como comercializadora minorista, con la distribuidora local Paducah Power System como socio. Un entramado que refleja hasta qué punto este tipo de proyectos reconfiguran las relaciones entre tecnológicas y utilities.

El espejo de Paducah para los hiperescaladores en España
El movimiento en Kentucky tiene un alcance que trasciende Estados Unidos. En España, los hiperescaladores han multiplicado sus inversiones en los últimos años —AWS comprometió 17.000 millones en Aragón, Microsoft amplía sus centros en Madrid, y Google Cloud acaba de anunciar una nueva región en Barcelona—, pero la ecuación energética sigue siendo el cuello de botella.
A diferencia de Paducah, donde la generación viene de la mano de la utility desde el primer día, los proyectos españoles dependen de que Red Eléctrica autorice nuevas líneas y de que el precio mayorista no se dispare. Las grandes eléctricas del IBEX 35, como Iberdrola y Endesa, ya negocian contratos de suministro a largo plazo con los gigantes tecnológicos, pero el esquema estadounidense va un paso más allá: integra la propiedad y la operación de las centrales en el mismo acuerdo que el centro de datos.
¿Puede España replicar el modelo de Paducah? La iniciativa American Energy Hubs demuestra que la reutilización de antiguos emplazamientos industriales es viable desde todos los puntos de vista, siempre que se cuente con un marco regulatorio estable y con la voluntad política de acelerar los permisos. En la Península, los terrenos de las viejas centrales térmicas o nucleares podrían ser candidatos naturales, pero falta la pieza clave: un plan nacional que vincule la expansión de la IA con la construcción simultánea de nueva capacidad energética.
De momento, la Comisión de Servicios Públicos de Kentucky tiene la última palabra. Si la autorización llega en los próximos meses, Paducah se convertirá en el espejo en el que los reguladores energéticos europeos —incluidos los españoles— no tendrán más remedio que mirarse.




