La escasez de diésel ya tiene alcance global. He seguido la declaración de Donald Trump desde Irlanda: el presidente de Estados Unidos exigió ayer a Volodimir Zelenskyy que detenga los ataques ucranianos contra las refinerías rusas porque, según sus palabras, están disparando los precios energéticos en todo el mundo. «Zelenskyy tiene que hacer una cosa: tiene que dejar de golpear el diésel en Rusia», afirmó Trump. «Hay muchos otros objetivos. No golpeen el diésel. Eso está dañando al mundo».
La exigencia llega en un momento en que los precios de los combustibles pesan sobre los bolsillos de los estadounidenses a menos de dos meses de las elecciones de medio término. Lo que más me llama la atención es la lectura geopolítica que hace Washington: traslada el origen de la crisis energética desde la guerra con Irán hacia los ataques de Kiev contra la infraestructura de refinado rusa.
Los datos: récord de precios y disrupciones en el sistema de refinado ruso
El pasado viernes, el diésel marcó un máximo histórico en Estados Unidos. Según la Asociación Estadounidense del Automóvil (AAA), el precio medio nacional alcanzó 6,06 dólares por galón (1,60 dólares por litro). Hace un año, ese mismo combustible costaba 3,71 dólares por galón (0,98 dólares por litro).
- El diésel estadounidense se encarece un 63% interanual. Es el dato que explica el malestar social que Trump intenta contener.
- El barril de Brent superó los 100 dólares la semana pasada por primera vez desde julio y llegó a tocar los 109 dólares.
- La Agencia Internacional de la Energía (IEA) constata que los ataques ucranianos han interrumpido el sistema de refinado ruso y casi han paralizado las exportaciones de productos refinados.
El diésel no es un combustible menor. Mueve barcos, trenes y camiones; su encarecimiento se traslada directamente al coste del transporte internacional de mercancías y, por tanto, al precio final que paga el consumidor. De ahí que la escalada tenga una dimensión tan sensible en plena campaña electoral estadounidense.
«Zelenskyy tiene que hacer una cosa: tiene que dejar de golpear el diésel en Rusia. Hay muchos otros objetivos. No golpeen el diésel. Eso está dañando al mundo.» — Donald Trump, presidente de Estados Unidos, declaraciones a periodistas en Irlanda, 13 de septiembre de 2026
«Las perturbaciones en el sistema de refinado ruso y la casi paralización de las exportaciones de productos tras los intensificados ataques ucranianos han agravado estas pérdidas.» — Agencia Internacional de la Energía (IEA), informe mensual, 11 de septiembre de 2026
El diésel como arma económica: lo que subyace a la presión de Washington
Lo que veo aquí es una disputa estratégica sobre la legitimidad de los objetivos militares que se traduce en tensión energética. Ucrania considera las refinerías rusas objetivos legítimos porque financian y abastecen la invasión, que dura ya más de cuatro años. Rusia golpea sistemáticamente la red eléctrica ucraniana. Trump, en cambio, pone el foco en el coste global de esas acciones y pide a Kiev que elija otros objetivos.
No hay precedente reciente tan claro de esta polaridad. En 2022, la invasión rusa disparó los precios del diésel en Europa por las sanciones y la reducción de importaciones rusas. Ahora el vector se ha invertido: son los ataques de Kiev los que generan escasez de productos refinados rusos y, con ello, una presión inflacionista que atraviesa el Atlántico. El matiz es relevante: la Administración estadounidense no cuestiona el derecho de Ucrania a defenderse, pero sí el instrumento elegido en un contexto electoral y de crisis energética.
Me preocupa una contradicción que los datos no resuelven. La IEA señala que la guerra con Irán sigue dificultando la normalización de los flujos por el Golfo Pérsico y el mar Rojo. Sin embargo, Trump ha insistido en que el alza del diésel «no la ha causado Oriente Medio», sino lo que ocurre entre Rusia y Ucrania. La lucha de relatos puede condicionar la respuesta futura: si Washington prioriza la estabilidad del precio del combustible, podría aumentar la presión sobre Kiev para limitar sus operaciones sobre la infraestructura petrolera rusa.
El hito que conviene seguir es la cita electoral de noviembre. Las elecciones de medio término en Estados Unidos serán el primer test real de si el discurso energético de Trump moviliza o castiga a los votantes.
🌍 El impacto en España y Europa
El encarecimiento del diésel tiene efectos directos en la economía española. El transporte por carretera, que vertebra la distribución interior y las exportaciones, repercute esos costes en la logística y en el precio final de los alimentos y bienes industriales. Además, la subida de los precios energéticos presiona la inflación de la eurozona, lo que puede retrasar los recortes de tipos del BCE y mantener el Euríbor a 12 meses en niveles elevados durante más tiempo. Las hipotecas variables españolas se beneficiarían de una tregua inflacionista; la escalada del diésel juega en contra.
- El coste del diésel en las gasolineras españolas refleja ya la tensión internacional y puede subir en las próximas semanas.
- Las empresas exportadoras del IBEX 35 y las pymes logísticas verán elevarse sus costes operativos, especialmente en sectores como agroalimentación, textil y componentes de automoción.
- La presión sobre el BCE es evidente: sin una corrección energética, el margen para relajar la política monetaria se reduce.
El impacto directo en España, siendo real, es indirecto en comparación con Estados Unidos. No obstante, refuerza la presión sobre la inflación europea en un momento en que Fráncfort mira con lupa cada dato de costes. La próxima publicación del informe mensual de la IEA será clave para calibrar si la escasez se estabiliza o se agrava.




