Netanyahu y Rubio pactan una ofensiva para desmantelar la CPI: el plan que sacude el derecho internacional

La conversación entre Netanyahu y Rubio sella un frente común para desacreditar a la Corte Penal Internacional, que mantiene una orden de arresto por crímenes de guerra. Rubio promete desmantelarla 'ladrillo a ladrillo', en un movimiento que amenaza el consenso europeo sobre just

He leído las declaraciones que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha hecho públicas esta mañana y confirmo lo que ya se temía: Estados Unidos e Israel han sellado una alianza explícita para desmantelar la Corte Penal Internacional. La conversación telefónica entre Netanyahu y el secretario de Estado Marco Rubio, filtrada a través de un comunicado de la Oficina del Primer Ministro, deja poco margen a la interpretación. Ambos líderes acordaron ‘actuar con firmeza’ contra el tribunal de La Haya, que desde hace meses mantiene una orden de arresto contra Netanyahu por crímenes de guerra y de lesa humanidad.

Lo que me ha resultado más llamativo no es tanto el posicionamiento —ninguno de los dos países es Estado parte del Estatuto de Roma— sino la crudeza del lenguaje y la sincronización de los mensajes. Horas antes, el primer ministro israelí ya había apuntado a la ‘corrupción’ de la CPI, aprovechando la reciente destitución del fiscal jefe, Karim Khan, por presunta conducta sexual indebida. Netanyahu insinuó que las órdenes de arresto contra él y el exministro de Defensa Yoav Galant fueron una maniobra para desviar la atención de los propios escándalos del fiscal.

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Una campaña de desprestigio con Wall Street Journal como altavoz

La ofensiva de Rubio no es nueva. El pasado 13 de julio, el secretario de Estado publicó un artículo en The Wall Street Journal en el que dejaba clara su intención. EEUU nunca aceptó un tribunal internacional que pueda anular la decisión de nuestros propios tribunales y la Constitución’, escribía. Y añadía la frase que hoy resuena con fuerza: ‘desmantelaremos la CPI, ladrillo a ladrillo si es necesario’. Esa declaración de intenciones es la que Netanyahu ha invocado en su conversación con Rubio, según el comunicado de su Oficina.

«EEUU nunca aceptó un tribunal internacional que pueda anular la decisión de nuestros propios tribunales y la Constitución. Utilizando todas las herramientas a disposición de nuestro gobierno, trabajando codo a codo con cada aliado con quien podamos conspirar, desmantelaremos la CPI, ladrillo a ladrillo si es necesario.» — Marco Rubio, secretario de Estado de EE. UU., en The Wall Street Journal, 13 de julio de 2026

Karim Khan: el eslabón más débil de la CPI

Netanyahu ha encontrado en la destitución de Karim Khan una ventana de oportunidad. El fiscal, apartado por acusaciones de conducta sexual indebida, había ordenado la detención del primer ministro israelí y de Galant. El mandatario israelí no ha dudado en usar el escándalo para deslegitimar al tribunal en pleno. ‘Hizo esto para desviar la atención, para congregar a su alrededor a todos los que odian a Israel y, en esencia, para crearse una coraza protectora’, afirmó Netanyahu ante su Gabinete. ‘Esa coraza se ha abierto y también ha expuesto su verdadera motivación, y la injusticia y la profunda corrupción que existen no solo en la Fiscalía, sino en toda la Corte Penal Internacional en su conjunto’.

«Hizo esto para desviar la atención, para congregar a su alrededor a todos los que odian a Israel y, en esencia, para crearse una coraza protectora. Esa coraza se ha abierto y también ha expuesto su verdadera motivación.» — Benjamin Netanyahu, primer ministro de Israel, reunión del Gabinete, 26 de julio de 2026

De esta forma, el argumentario contra la CPI se articula en dos pilares: el rechazo ideológico a la jurisdicción universal y la desacreditación selectiva de su personal. La dimisión del fiscal, sin duda un golpe interno, sirve a Netanyahu para amplificar su discurso de que el tribunal es un nido de corrupción política, no de justicia.

Análisis: una amenaza al orden multilateral que Europa no puede ignorar

En mi análisis, lo que se juega aquí trasciende la disputa bilateral. La CPI, con 123 Estados miembros, es un pilar del sistema de justicia internacional diseñado tras la Segunda Guerra Mundial. Pero su capacidad para imponer sus fallos depende de la cooperación voluntaria de los Estados, incluidos los que no son parte. Si Estados Unidos —con su influencia financiera y diplomática— ejecuta una campaña de ‘desmantelamiento ladrillo a ladrillo’, el tribunal podría convertirse en un cascarón vacío. El riesgo es sistémico: otros países bajo investigación, como Rusia o incluso actores en Oriente Medio, verían reforzada la impunidad.

La sincronización del mensaje con un viaje de Netanyahu a Washington —donde se reunirá con Donald Trump el próximo lunes— no es casual. El primer ministro acudirá al funeral del senador Lindsey Graham y abordará la ‘situación en Irán’. La ofensiva contra la CPI se inscribe en una estrategia de Washington para blindar a sus aliados frente a tribunales internacionales, al tiempo que se desentiende de las acusaciones de crímenes de guerra en el conflicto con Irán.

El deterioro de la relación entre Netanyahu y Trump, que hace apenas un mes se insultaban por teléfono, añade una capa de incertidumbre. Pero en este punto, la agenda común contra la CPI parece unir voluntades incluso entre líderes que discrepan en otros frentes. El tribunal de La Haya se ha convertido en el chivo expiatorio perfecto.

🌍 El impacto en España y Europa

Para España, como Estado parte del Estatuto de Roma y firme impulsor del multilateralismo, la ofensiva de Rubio y Netanyahu supone un desafío directo a su política exterior. La cooperación con la CPI —financiera, logística y jurídica— es un elemento central de la acción exterior española. Una campaña de presión estadounidense para que los aliados europeos reduzcan o congelen su apoyo al tribunal pondría a Madrid en una encrucijada diplomática. Además, en plena escalada del conflicto con Irán, la erosión de la CPI debilita la capacidad de la comunidad internacional para perseguir crímenes de guerra, lo que afecta a la seguridad jurídica global de la que dependen las democracias liberales. Como telón de fondo, la reunión del lunes entre Netanyahu y Trump envía un mensaje nítido a Bruselas: o se alinea con Washington o se arriesga a ser señalada como parte del problema.


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