He analizado con detalle el último comunicado del Banco de Rusia y las palabras de su gobernadora, Elvira Nabiullina, en la rueda de prensa ofrecida ayer, 25 de julio. La institución ha recortado su previsión de crecimiento del PIB para 2026 a un intervalo del 0% al 1%, lo que supone un estancamiento virtual, frente al rango del 0,5%–1,5% que manejaba hasta ahora. El motivo: un shock de oferta en el sector de los combustibles que está elevando los precios, alimentando las expectativas inflacionarias y reduciendo la capacidad productiva de la economía rusa.
Las nuevas cifras: PIB en mínimos e inflación fuera de control
Los datos presentados por Nabiullina muestran un deterioro notable en todas las variables clave:
- El Producto Interior Bruto crecerá a lo sumo un 1% en 2026, pero podría ser un 0%. El banco central había proyectado una franja de 0,5% a 1,5%.
- La previsión para el cuarto trimestre, crucial para medir la inercia de fin de año, se ha rebajado de un crecimiento interanual del 1%–2% al 0%–1,5%.
- La inflación media esperada para 2026 ha pasado del rango 4,5%–5,5% al 6%–7%, un nivel que duplica el objetivo formal del banco central y que se ancla en el aumento de los combustibles registrado desde mediados de mayo.
Desde entonces, los precios de los carburantes han escalado con fuerza. En junio, varias regiones rusas experimentaron escasez de combustible, un desabastecimiento directamente vinculado a los ataques con drones ucranianos contra refinerías e infraestructuras logísticas en territorio ruso.
“La situación del combustible encaja en lo que se conoce como supply shocks.” — Elvira Nabiullina, gobernadora del Banco de Rusia, 25 de julio de 2026
El banco central confía en que la capacidad de producción de refino se recupere “gradualmente” hacia finales de año, pero el horizonte sigue siendo incierto. De hecho, el pasado sábado, drones ucranianos volvieron a golpear una refinería en Tyumen, un centro logístico en Ekaterimburgo y un depósito de combustible en Rostov del Don, recordando que la campaña de ataques de largo alcance continúa.
Una trampa inflacionista para la política monetaria rusa
Lo que observo en este episodio es una economía atrapada entre la amenaza de la recesión y una espiral inflacionaria que escapa al control del banco central. La inflación se sitúa ya entre una y dos veces por encima del objetivo, las expectativas de hogares y empresas se han anclado en niveles elevados —lo que dificulta una desaceleración sostenida de los precios— y los datos de alta frecuencia que maneja la autoridad monetaria apuntan a una desaceleración de la demanda empresarial. Nabiullina lo resumió con crudeza: “Las empresas esperan que la demanda se ralentice, como se desprende de los datos en tiempo real. Teniendo en cuenta la reducción temporal de la capacidad en la economía, hemos bajado nuestra previsión de crecimiento del PIB”.
Un shock de oferta de esta naturaleza deja al banco central sin margen de maniobra: cualquier recorte de tipos para reactivar la actividad chocaría inmediatamente con una inflación aún más alta. La economía rusa, cada vez más orientada a la defensa y al consumo interno forzado, se ve ahora despojada de uno de sus pilares de ingresos reales: la capacidad de refino para exportar productos derivados. Algunos analistas privados ya anticipan que la inflación podría cerrar el año incluso por encima del 7%, sobre todo si los ataques a la cadena logística continúan castigando la distribución de combustible. Desde el inicio del conflicto, el país había mostrado una resiliencia inesperada apoyada en el gasto público militar y en los altos precios de la energía. Ahora, el martilleo sistemático sobre las refinerías no solo encarece el combustible internamente, sino que fragmenta la logística y obliga al Kremlin a desviar recursos hacia reparaciones de infraestructura crítica, en detrimento de la inversión productiva.
🌍 El impacto en España y Europa
Rusia ha dejado de ser un socio comercial estratégico para España; las exportaciones españolas al país eslavo son hoy testimoniales y las importaciones de crudo ruso han sido sustituidas casi por completo. Sin embargo, la disrupción del aparato de refino ruso sí tiene un canal indirecto que interesa a las economías europeas. Si Rusia reduce sus exportaciones de diésel y gasolina por los daños en sus refinerías, los mercados mundiales de productos refinados se tensionan y los precios europeos al por mayor suben. Para España, que importa una parte importante de sus combustibles, este encarecimiento se traduciría en uno o dos décimas adicionales de inflación en los próximos meses, justo cuando el Banco Central Europeo valora nuevos recortes de tipos. Un repunte sostenido de la inflación por factores energéticos podría retrasar la normalización monetaria y mantener el Euríbor en niveles más altos durante más tiempo, un viento en contra para las hipotecas variables y el consumo de los hogares españoles.




