NASA capta tres ciclones tropicales en el Pacífico; el Atlántico permanece en calma

La imagen del satélite DSCOVR muestra a Lowell, Karina y Marie girando a la vez en pleno pico de la temporada. La energía ciclónica del Pacífico estaba un 50% por encima de lo normal, mientras el Atlántico apenas sumaba un 9%.

El 1 de septiembre de 2026, a las 13:14 hora del Pacífico, el satélite DSCOVR de la NASA tomó una imagen que resume la temporada de huracanes: tres ciclones tropicales girando a la vez en el Pacífico y una única tormenta atlántica, ya desinflada sobre tierra. La estampa, difundida por el NASA Earth Observatory, muestra a Lowell, Karina y Marie repartidos por la cuenca oriental y central. El Atlántico, por el contrario, seguía sin producir un solo huracán.

Un retrato de familia ciclónica: Lowell, Karina y Marie

La fotografía no es una imagen más de satélite. El instrumento EPIC, a bordo del DSCOVR, captura el disco completo de la Tierra desde casi 1,6 millones de kilómetros de distancia y desde unos 150 millones de kilómetros del Sol. En ese encuadre, los tres ciclones aparecen alineados sobre el Pacífico mientras al sur se extiende la banda nubosa de la zona de convergencia intertropical.

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Lowell fue el gigante del grupo. El 2 de septiembre sus vientos alcanzaron categoría 5 durante varias horas, según el relato de Adam Voiland. Karina, unos miles de kilómetros al este, llegó a categoría 4 casi al mismo tiempo. Marie, captada aún como tormenta tropical al suroeste de Baja California, se intensificaba camino del noroeste.

El encuadre, casi planetario, no es casual. DSCOVR vigila la Tierra desde una órbita lejana y su cámara EPIC observa el lado iluminado con una cadencia horaria. Por eso puede comparar la evolución de tres sistemas a la vez sin perder de vista la zona de convergencia intertropical, una franja de nubes y tormentas que abastece de humedad a los ciclones.

El Niño como director de orquesta: por qué el Pacífico burbujea y el Atlántico calla

Los pronósticos estacionales publicados en primavera ya apuntaban este reparto. El episodio de El Niño en el Pacífico suele enfriar la temporada atlántica y avivar la pacífica. Hasta el 3 de septiembre, el Pacífico nororiental acumulaba 15 tormentas con nombre y seis huracanes, muy por encima de lo normal. El Atlántico, sometido a una cizalladura desfavorable, sumaba cinco tormentas con nombre y ningún huracán.

El mecanismo es físico. El Niño calienta el Pacífico oriental y central, alimenta la convección profunda y debilita los vientos hostiles en esa cuenca. En el Atlántico, en cambio, altera la circulación a gran escala y dificulta que las perturbaciones se sostengan. La temporada de 2026 respondió casi de manual.

El índice de energía ciclónica acumulada, ACE, condensa intensidad y longevidad. Según las estadísticas de la Universidad Estatal de Colorado, el 3 de septiembre el Atlántico marcaba 4,4 unidades, apenas un 9% de lo normal para la fecha; el Pacífico nororiental, 130 unidades, un 50% por encima de su media. La diferencia era abultada entre entre ambas cuencas.

Las cifras no son anecdóticas. Un 50% más de energía ciclónica en el Pacífico implica ciclones no solo más numerosos, sino también más longevos. En el Atlántico, un 9% de la energía habitual equivale a un motor detenido: la cizalladura rompe las tormentas antes de que puedan organizarse con simetría.

En el Atlántico, la excepción con nombre propio fue Edouard. El satélite lo captó sobre Luisiana y Texas poco después de tocar tierra. Dejó lluvias torrenciales de entre 380 y 610 milímetros, según el Servicio Meteorológico Nacional, además de árboles caídos y cortes eléctricos.

Dos huracanes de categoría 4 y 5 girando a la vez no es rutina: firma un Pacífico recalentado por El Niño.

ciclones tropicales septiembre 2026

Dos ciclones de categoría 4 y 5 a la vez: el dato que no es trivial

Lo más llamativo no fue la presencia simultánea de tres ciclones. Fue la coexistencia de categorías 4 y 5 casi al mismo tiempo en una región donde ver un huracán de ese rango ya exige una conjunción de calor oceánico y vientos serenos. Esta lectura no procede de un estudio revisado por pares: es una observación oficial de la NASA, respaldada por estadísticas operativas. Aun así, su coherencia con los pronósticos estacionales refuerza, más que contradice, el papel de El Niño.

El Atlántico sigue ofreciendo la otra cara de la moneda. Cinco tormentas con nombre y ningún huracán a esas alturas de septiembre suponen una anomalía tan marcada como el exceso de actividad en el Pacífico. La acumulación de cizalladura no elimina el riesgo: Edouard, pese a su breve vida, descargó cantidades desproporcionadas de lluvia. Las cuencas no premian ni castigan; se reorganizan.

Esa es una lección de la temporada: un ciclón débil no es sinónimo de inofensivo. Edouard provocó inundaciones repentinas en el este de Texas con acumulaciones de hasta 610 milímetros, pese a morir como tormenta tropical. El índice ACE mide energía ciclónica, no lluvia; conviene no confundir ambas métricas.

Me interesa este tipo de episodios porque deshacen la idea de una temporada quieta o activa como un todo. El planeta reparte energía térmica de forma desigual, y los satélites como DSCOVR nos permiten ver el ajuste en directo, a casi 1,6 millones de kilómetros de distancia. La próxima pregunta no es cuántas tormentas habrá, sino cuánta lluvia esconderá cada una de las débiles.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: La NASA captó tres ciclones tropicales simultáneos en el Pacífico y confirmó un Atlántico sin huracanes.
  • Dónde: Pacífico nororiental y central; en el Atlántico, la tormenta Edouard sobre Luisiana y Texas.
  • Institución responsable: NASA Earth Observatory, con datos de DSCOVR-EPIC y de la Universidad Estatal de Colorado.
  • Cuándo: Imagen del 1 de septiembre de 2026; estadísticas actualizadas al 3 de septiembre de 2026.
  • Impacto a futuro: Evidencia cómo El Niño redistribuye la actividad ciclónica y obliga a vigilar la lluvia de tormentas débiles.

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