El apetito por los agentes de inteligencia artificial ha disparado un 3.000% las consultas que llegan a los sistemas de Meta en solo seis meses, una cifra que pone en jaque la arquitectura que la compañía ha construido durante dos décadas. El vicepresidente de ingeniería, Barak Yagour, lanzó una advertencia tan técnica como urgente: si los agentes, y no los humanos, se convierten en los principales consumidores de cómputo, la infraestructura actual no resistirá. La única salida es una reconstrucción en los próximos 20 meses.
Claves de la operación
- Las consultas de agentes IA se multiplican por 30 en Meta. Solo en medio año el tráfico interno generado por estos sistemas autónomos ha pasado de ser residual a representar una carga equiparable a la de 100.000 usuarios por cada 1.000 empleados.
- El plazo de reconstrucción se acorta a 20 meses. Yagour reconoce que la compañía dispone de menos de dos años para rediseñar los sistemas de capacidad, identidad y velocidad que sostienen sus operaciones.
- La gobernanza de los datos se convierte en la nueva ventaja competitiva. Meta apuesta por entornos de datos confiables donde cada resultado sea trazable, en un intento de evitar que la autonomía de los agentes derive en caos operativo.
Una escalera digital que no aguanta el peso de la IA agéntica
La advertencia de Yagour, recogida por Xataka a partir de la conferencia VB Transform 2026, desvela tres puntos de ruptura inminentes en la infraestructura de Meta. El primero, la capacidad de cómputo, almacenamiento y ancho de banda se ha quedado corta por un factor exponencial. Hasta hace poco, planificar recursos era tan sencillo como contar empleados; ahora un solo ingeniero lanza diez agentes que, a su vez, generan subagentes, creando una explosión de demanda difícil de prever.
El segundo escollo es la identidad digital de los propios agentes. Los sistemas de control de acceso, pensados para humanos con credenciales unívocas, no distinguen entre un empleado y un bot que toma decisiones autónomas. Y el tercero es la velocidad: los agentes pueden generar código a un ritmo que supera la capacidad de los equipos de compilación, pruebas y despliegue. «Ese código aún necesita ser compilado, probado, desplegado y monitorizado», subrayó Yagour.
Europa y España, en el punto de mira de la nueva infraestructura
El rediseño no es solo un problema de Silicon Valley. La oleada de inversiones en centros de datos que vive España (AWS, Google Cloud o Meta a través de sus socios locales) se diseñó bajo el mismo paradigma: racks de servidores para aplicaciones tradicionales, no para agentes que razonan en tiempo real. Las consultas agénticas exigen un procesamiento en vivo, no por lotes, y una capa de almacenamiento semántico que entienda el contenido sin leer terabytes completos.
Telefónica Tech, el brazo cloud del mayor operador del IBEX 35, se enfrenta a un desafío similar: su oferta de centros de datos virtuales tendrá que adaptarse o quedará fuera del juego cuando sus clientes empresariales empiecen a desplegar enjambres de agentes. La pregunta no es si ocurrirá, sino si la velocidad de adaptación europea podrá igualar a la de los gigantes estadounidenses.
La propia Meta está acelerando el paso del procesamiento por lotes —que podía tardar 24 horas en actualizarse— a flujos en tiempo real, y ha comenzado a migrar desde un almacenamiento opaco a uno que comprende su propio contenido. Ese salto técnico, de conseguirse, marcará la diferencia entre dominar la nueva ola agéntica o ceder terreno frente a rivales como Google o Amazon, que ya construyen sus infraestructuras desde una base nativa en la nube.

La autonomía de los agentes no se discute; lo que está en juego es quién construirá los raíles por los que cruzarán los negocios de 2030.
Uno de los riesgos más señalados por Yagour es que «la autonomía sin gobernanza no es más que caos». Por eso, Meta ha empezado a levantar entornos de datos confiables donde cada resultado de un agente se rastrea hasta su origen, garantizando que los datos compartidos sean fiables y controlados. Es una apuesta por la gobernanza como capa competitiva, un movimiento que otras grandes tecnológicas aún no han articulado.
¿Hasta cuándo podrá Meta mantener el pulso sin rediseñar su núcleo?
La compañía de Menlo Park arrastra una deuda técnica en sus sistemas heredados que contrasta con la agilidad de sus rivales nacidos en la nube. Migrar a una arquitectura agéntica en 20 meses supone reescribir capas enteras de la pila de datos, una tarea que choca con la inercia organizativa y con un calendario de entregas de producto que no puede detenerse. Aunque la dirección de ingeniería tiene claro el camino, la ejecución masiva en ese plazo es, como poco, ambiciosa.
Contextualizamos aquí la trayectoria de Meta en el mercado español. La empresa llegó al país en 2010 con una oficina comercial y, desde entonces, ha tejido alianzas con operadores como Telefónica y Vodafone para optimizar el tráfico de sus aplicaciones. Ahora, con la IA agéntica, esa infraestructura de interconexión deberá soportar un volumen de consultas que crece a un ritmo insólito y que puede tensionar incluso los acuerdos de peering más robustos. El desafío no es solo interno: obligará a renegociar las capacidades de los nodos de intercambio en mercados como el español.
Desde esta redacción, observamos que el discurso de Yagour trasciende una mera actualización técnica: es una señal para accionistas y competidores de que Meta no se conformará con seguir el ritmo de la industria, sino que pretende marcar la pauta en la nueva capa de infraestructura agéntica. Si lo consigue, la recompensa es un foso competitivo difícil de copiar; si falla, la factura llegará en forma de una cuota de uso decreciente cuando los agentes de terceros prefieran correr sobre plataformas más elásticas.





