Boeing recupera la certificación de sus aviones 737 y 787 a partir de septiembre tras años de control de la FAA

La agencia estadounidense levanta el veto impuesto en 2019 tras los accidentes del 737 MAX que costaron más de 300 vidas. Boeing recupera la autonomía sobre los diseños del modelo de pasillo único y del 787 Dreamliner con condiciones de vigilancia reforzada.

EN 30 SEGUNDOS

  • ¿Qué ha pasado? La FAA devuelve a Boeing la autoridad para certificar sus propios modelos 737 y 787 a partir de septiembre de 2026.
  • ¿Quién está detrás? La FAA, la agencia federal de aviación civil de Estados Unidos, y Boeing.
  • ¿Qué impacto tiene? El fabricante acelera la validación de diseños y reduce costes, aunque la FAA mantiene inspecciones sorpresa en las plantas.

Boeing volverá a emitir sus propias certificaciones de diseño para los aviones 737 y 787 a partir del próximo septiembre. La Agencia Federal de Aviación estadounidense (FAA) ha decidido levantar el veto que pesaba sobre el fabricante desde 2019, cuando los dos accidentes mortales del 737 MAX obligaron a retirarle esa potestad. Según informa Preferente.com, la FAA ha estudiado durante meses los procedimientos y las garantías que ofrece Boeing y, tras ese examen, ha cambiado su criterio.

Por qué la FAA retiró a Boeing el derecho a autocertificarse

En marzo de 2019, con más de 300 fallecidos en los siniestros del 737 MAX, la FAA dio un paso excepcional: revocó la autorización delegada que permitía al constructor certificar que sus aeronaves cumplían las exigencias aprobadas por la propia agencia. La cascada de engaños y la falta de fiabilidad del fabricante, que quedó al descubierto durante las investigaciones, hicieron insostenible la autorregulación. Algo parecido se repitió después con el 787 Dreamliner, cuando estallaron revelaciones sobre bajos niveles de rigor en la cadena de montaje.

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Desde entonces, cualquier modificación relevante en el diseño de esos dos modelos requería la supervisión directa de los técnicos federales. La FAA se convirtió en inspector único, ralentizando los procesos y encareciendo el ciclo de producción.

Lo que recupera Boeing a partir de septiembre

El cambio, que entrará en vigor en septiembre de 2026, devuelve a Boeing la capacidad de autogestionar la certificación de los 737 —incluidos los pedidos del MAX— y del 787. La FAA aduce que la evaluación continuada de los protocolos internos del constructor ha demostrado que ya existen las garantías suficientes para restablecer la confianza. Eso sí, la agencia no desaparece del todo: los inspectores federales podrán entrar en cualquier momento en las factorías para realizar controles y auditorías.

En la práctica, la decisión resta burocracia a los procesos de renovación de flota y de lanzamiento de variantes. También alivia las finanzas de un fabricante que arrastra pérdidas y sanciones millonarias desde la crisis del MAX. Pero, al mismo tiempo, obliga a la FAA a mantener un delicado equilibrio entre la supervisión y la agilidad industrial.

Hoja de Ruta: Claves del Viaje

El impacto no es solo procedimental. En un momento en que las aerolíneas reclaman plazos de entrega más rápidos, recuperar el slots (los derechos horarios para operar rutas) depende a menudo de tener aviones homologados sin demoras. Boeing recupera así una ventaja competitiva que en los últimos años había cedido a Airbus, cuyo modelo de supervisión, bajo la Agencia Europea de Seguridad Aérea (EASA), también incluye delegaciones pero con distinto equilibrio.

Desde el punto de vista del pasajero, la medida reabre la cuestión de fondo: ¿es suficiente un cambio de procedimientos para restaurar la credibilidad de un diseño que costó más de 300 vidas? La FAA reconoce que no es una decisión fácil, y por eso mantiene las inspecciones sorpresa, pero el simple hecho de devolver la potestad a Boeing implica un voto de confianza que parte de la opinión pública podría interpretar como prematuro. La mayoría de los fallos técnicos registrados en la familia 737 MAX se concentraba justamente en sistemas cuyo control había estado delegado.

En esta redacción observamos una dinámica que se repite: la aviación comercial necesita fabricantes solventes y los reguladores quieren aligerar sus estructuras. Sin embargo, el caso del MAX demostró que la autorregulación mal supervisada puede tener consecuencias catastróficas. El verdadero termómetro será el seguimiento que la FAA haga efectivamente in situ, más allá de los papeles. Como tantas otras veces en la historia de la seguridad aérea, las garantías están en la inspección real, no en el reglamento.

Boeing gana agilidad, pero el coste reputacional del 737 MAX sigue lastrando la confianza de muchos pasajeros.

La primera ventana crítica se abrirá en septiembre, cuando los ingenieros de Boeing empiecen a firmar sus propias aprobaciones. Si en los meses siguientes no surgen incidentes relevantes, el caso podría darse por cerrado. Si, por el contrario, aparece cualquier fallo de diseño no detectado por el nuevo sistema, la FAA y el fabricante se enfrentarían a una crisis de consecuencias aún mayores que la de 2019.


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