El ataque ruso con drones y misiles contra los puertos de Odesa y Chornomorsk ha destruido en las últimas 48 horas 45.000 toneladas de trigo y 9.000 de aceite de girasol. Lo que me preocupa no es solo la magnitud de las pérdidas, sino el momento en que se produce: en pleno arranque de la temporada de cosecha, cuando Ucrania debería estar exportando al máximo de su capacidad para aliviar la presión sobre los precios globales de alimentos.
Ataques sistemáticos a la infraestructura portuaria ucraniana
El Ministerio de Defensa ruso informó este viernes de bombardeos durante la madrugada contra los puertos de Odesa y Chornomorsk, donde fueron alcanzadas infraestructuras de descarga y almacenamiento de combustible y lubricantes. Pero los objetivos que han salido peor parados esta semana son los puramente agrícolas. El 12 de julio, un ataque masivo sobre el puerto de Chornomorsk destruyó 45.000 toneladas de trigo y otras 9.000 de aceite de girasol, según la publicación especializada Ukrainian Shipping Magazine. Dos días después, el 14 de julio, otra ofensiva contra la terminal de la empresa Kernel —uno de los mayores exportadores de aceite de girasol del mundo— provocó la destrucción de la mitad de sus tanques y un incendio que calcinó hasta 25.000 toneladas adicionales de producto.
La campaña rusa no se limita a destruir grano ya almacenado. Los elevadores y la logística de carga y descarga están siendo demolidos de forma sistemática.
«Está siendo destruida, lo que dejará a los agricultores con los silos llenos de grano que no podrán exportar a sus compradores habituales.» — Denís Marcuhk, vicepresidente del Consejo Agrario de Ucrania, en declaraciones a la agencia Unián
La consultora Barva Invest ha sido aún más tajante. Su socio Bogdan Kostetski resume la situación con una frase que pone los mercados de materias primas en alerta:
«En la práctica, todas las exportaciones marítimas se han interrumpido.» — Bogdan Kostetski, socio de Barva Invest, en declaraciones a la revista Latifundist
Ucrania responde con una ofensiva sin precedentes en el mar de Azov
La intensificación de los ataques rusos no es casual. Llega tras casi dos semanas en las que las fuerzas de drones ucranianas han bombardeado con una frecuencia inédita cargueros y, sobre todo, petroleros rusos en el mar de Azov. Solo durante la madrugada de este viernes, los drones alcanzaron nueve cargueros, un petrolero, un barco de gas y un remolcador, según comunicó el comandante de sistemas no tripulados Robert Brovdi. Desde el 6 de julio, los operadores ucranianos han golpeado 159 barcos rusos: 42 en el mar Negro y 117 en el mar de Azov, una masa de agua interior delimitada por Crimea y las costas de Rusia y la Ucrania ocupada.
Esta campaña ha paralizado hasta un cuarto de las exportaciones de grano de Rusia, cuyas tierras más fértiles se concentran en la zona sur adyacente al mar de Azov. El resultado es un doble estrangulamiento del suministro global de cereales: ni el grano ucraniano puede salir por el mar Negro, ni el ruso por el mar de Azov. La oferta mundial de trigo y aceite de girasol se contrae en el peor momento posible del ciclo agrícola.
Qué significa esta escalada para los precios mundiales de alimentos
Lo que veo en esta secuencia de ataques es una tormenta perfecta para los precios de las materias primas agrícolas. Ucrania es el cuarto exportador mundial de trigo y el primero de aceite de girasol. Cuando sus puertos dejan de operar, el grano debe desviarse por vía terrestre a través de Rumanía, encareciendo el transporte y elevando los precios de exportación. En paralelo, el exceso de grano acumulado en el mercado doméstico ucraniano desploma los precios locales, lo que desincentiva a los agricultores a sembrar para la próxima campaña. Es un círculo vicioso que ya vivimos en 2022 y que vuelve a encender las alarmas en los mercados de futuros de Chicago.
No obstante, el riesgo inflacionista no se limita a los países importadores del norte de África y Oriente Medio, que son los más expuestos. La propia Europa, aunque produce trigo, es importadora neta de aceite de girasol y su industria alimentaria depende en buena medida del suministro ucraniano. Cualquier disrupción prolongada se filtrará a los lineales de los supermercados europeos en forma de precios más altos de pan, bollería y aceites refinados.
La próxima publicación del índice de precios de alimentos de la FAO será el termómetro más inmediato para medir el impacto. Mientras tanto, las primas de riesgo por disrupción de suministro ya se están incorporando a los futures del trigo.
🌍 El impacto en España y Europa
España no es un gran importador de trigo ucraniano —nuestros silos se nutren principalmente de producción nacional y francesa—, pero sí es muy dependiente del aceite de girasol que llega de Ucrania. En 2024, España importó más de 600.000 toneladas de aceite de girasol ucraniano, y la práctica totalidad de las importaciones extracomunitarias de esta grasa vegetal proceden de la zona del mar Negro. El bloqueo de los puertos de Odesa y Chornomorsk encarece de inmediato la materia prima con la que se elaboran margarinas, bollería industrial y conservas. La inflación de alimentos en España, que ya repuntó en el arranque de 2026, podría recibir un nuevo empujón alcista justo cuando el BCE evalúa próximos recortes de tipos. Para el consumidor español, la factura de la cesta de la compra amenaza con volver a subir.





