El decatleta Kevin Mayer sorprendió al afirmar que solo come carne y verdura, y que su origen vikingo explicaría por qué le sienta bien esa dieta. La ciencia del rendimiento, sin embargo, desmonta varios de sus argumentos: ni la genética determina un menú cerrado ni eliminar los hidratos de carbono es la estrategia óptima para un deporte tan explosivo como el decatlón. El nutricionista Valentin Lacroix, que ha trabajado con atletas de alto nivel en el INSEP, pone sobre la mesa la evidencia y los matices que cualquier persona activa debería conocer.
Qué dice Kevin Mayer y por qué la ciencia lo pone en duda
Durante una entrevista en el podcast Extraterrien, Mayer describió su modelo alimentario con una seguridad contundente: «Cuando como solo carne y verduras, seco a ojos vista y estoy más en forma». El patrón recuerda a la dieta paleolítica —cazadores-recolectores, sin cereales ni legumbres—, una corriente que ha tenido mucho eco en los últimos años pero que cada vez se matiza más.
Lacroix califica el discurso de «un poco esotérico» y explica: «No hay ninguna verdad en afirmar que el hombre prehistórico comía cetogénico, sin azúcares». Los modelos alimentarios ancestrales varían enormemente según la región del planeta, por lo que idealizar uno solo como el «original» carece de base firme. El experto añade que la información que tenemos sobre la dieta de nuestros antepasados es muy limitada, y que extrapolarla a las necesidades de un atleta actual es, cuanto menos, arriesgado.
Mayer también liga su herencia nórdica a la capacidad de digerir ciertos alimentos: «Vengo de los vikingos y estoy seguro de que donde vivían mis ancestros no había arroz». Lacroix responde con un dato evolutivo clave: las dos o tres últimas generaciones representan una parte ínfima de toda nuestra historia genética. «Es dificilísimo seguir realmente de dónde venimos, porque ha habido cruces constantes», señala. La idea de que un fenotipo —rubio y ojos azules— condiciona la respuesta a los nutrientes «es, desde el punto de vista científico, bastante especulativa».
Guiar la alimentación solo por el árbol genealógico es tan incierto como pretender que hubo una única forma de comer en la prehistoria.
El problema real: eliminar los hidratos de carbono en un deporte explosivo
El decatlón combina diez pruebas que exigen fuerza, velocidad y potencia. La mayoría son de muy alta intensidad y requieren la implicación de las vías energéticas que dependen de los hidratos de carbono. Por eso, prescindir de la pasta, el arroz o los cereales integrales puede ser contraproducente, sobre todo con los volúmenes de entrenamiento monumentales que acumula un atleta de este nivel.
Lacroix subraya que el consumo de proteína animal tiene sentido para el desarrollo muscular y el aporte de creatina, un compuesto que favorece la fuerza y la explosividad. Pero matiza: «El déficit de hidratos de carbono es, para mí, redhibitorio». En otras palabras, por mucha carne que se ingiera, si las reservas de glucógeno están bajo mínimos, el rendimiento en los lanzamientos, los saltos y los esprints cae de forma notable.
Aún más revelador es el dato sobre lesiones que menciona el nutricionista: un estudio con deportistas que entrenaban habitualmente en ayunas o con baja disponibilidad de carbohidratos mostró un riesgo de lesiones óseas al menos 1,6 veces mayor que el de quienes seguían una pauta más equilibrada. «El déficit de glucosa no solo fatiga el organismo, sino que fragiliza las estructuras óseas, musculares y tendinosas», explica.
📊 Lo que la ciencia del rendimiento tiene claro
- Hidratos de carbono diarios: Para un deporte de alta intensidad se recomiendan entre 5 y 12 gramos por kilo de peso al día, ajustando según el volumen de entrenamiento.
- Equilibrio, no eliminación: La clave no es suprimir grupos enteros de alimentos, sino elegir fuentes de calidad y distribuirlas a lo largo del día.
- Proteína y creatina: La carne magra y el pescado aportan creatina natural y los aminoácidos necesarios para la reparación muscular, pero nunca deben desplazar a los carbohidratos.
- Lesiones evitables: Un déficit crónico de energía y carbohidratos eleva el riesgo de fracturas por estrés y tendinopatías, incluso en atletas bien musculados.

Lo que la evidencia dice sobre la genética y la alimentación
La relación entre genes y nutrición es un campo apasionante pero aún muy joven. Existen algunas variantes que pueden influir en cómo cada persona metaboliza las grasas o los azúcares, pero esas «orientaciones metabólicas» no equivalen a una dieta cerrada. «Decir que un tipo de piel o un color de ojos determina lo que debes comer es, a día de hoy, demasiado aventurado», resume Lacroix.
La dieta paleolítica se basa en la idea de imitar un patrón ancestral, pero los datos arqueológicos muestran que nuestros antepasados comían tubérculos, frutas e incluso granos cuando el entorno lo permitía. Además, la premisa de que el genoma humano apenas ha cambiado en los últimos 10.000 años ignora las adaptaciones que sí se han producido, como la persistencia de la enzima lactasa en adultos de muchas poblaciones.
La verdadera optimización está en ajustar la ingesta a la demanda del entrenamiento, no en intentar imitar un menú prehistórico que quizá nunca existió.
El caso de Kevin Mayer sirve como recordatorio: los atletas de élite no siempre construyen sus hábitos sobre la ciencia más sólida. A veces, el éxito deportivo llega a pesar de los mitos, no gracias a ellos. Lo relevante para cualquier persona que entrene con regularidad es que la evidencia actual apuesta por la suficiencia de carbohidratos como pilar de la energía, la fuerza y la recuperación.
⚡ Rutina de Optimización Diaria
- Revisa tu plato base: Asegura una ración de hidratos de carbono de calidad (arroz integral, patata, legumbre, avena) en cada comida principal, en especial alrededor del entrenamiento, para mantener las reservas de glucógeno.
- Combina con proteína suficiente: Añade entre 25 y 40 gramos de proteína magra en cada ingesta para favorecer la síntesis muscular y el aporte natural de creatina.
- No te entrenes siempre en déficit: Si realizas sesiones de alta intensidad, evita el ayuno prolongado o la restricción severa de carbohidratos; escucha a tu cuerpo y prioriza la energía disponible para mover más peso, correr más rápido o saltar más alto.




