BBVA vende Telefónica: la salida del 5% presiona al operador en un momento clave

La entidad presidida por Carlos Torres ha colocado en el mercado cerca del 3% del capital, dejando su participación en el 1,96%. El movimiento despeja la posibilidad de un nuevo bloque accionarial estable y añade incertidumbre a las aspiraciones estratégicas del operador.

BBVA ha reducido su participación en Telefónica del 5% al 1,96% tras vender en en bolsa un paquete equivalente a cerca del 3% del capital social. La operación, ejecutada en varias sesiones a lo largo de las últimas semanas, diluye una presencia que se remontaba a más de dos décadas y que durante años fue un pilar de estabilidad accionarial para la operadora.

La participación de BBVA en Telefónica se remonta a los años 90, cuando el banco entró en el capital de la recién privatizada Telefónica como parte de un núcleo estable de inversores nacionales. Desde entonces, ha sido un socio de referencia, aunque en los últimos ejercicios fue reduciendo paulatinamente su peso —llegó a estar por encima del 5%— hasta situarse en torno a esa cifra tras la pandemia. Ahora, el adiós es prácticamente total.

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Una desinversión de calado histórico

La decisión del banco presidido por Carlos Torres se produce en un contexto de revisión estratégica de la cartera industrial de BBVA, que ya había reducido otras participadas como las de Indra o Aena. Fuentes del mercado señalan que la colocación se realizó sin previo aviso y aprovechando ventanas de liquidez, lo que evitó una sacudida extra en el precio. El banco no ha comunicado los detalles del precio medio de venta, pero la operación podría haberse ejecutado en un entorno de entre 3 y 3,5 euros por acción, según estimaciones de analistas. La plusvalía generada, aunque modesta, se suma al beneficio del grupo en un año de elevada rentabilidad.

El efecto inmediato sobre la cotización fue limitado, ya que el mercado llevaba semanas descontando la posibilidad de una desinversión. No obstante, la presión vendedora se ha intensificado en los días posteriores, con la acción de Telefónica acumulando una caída cercana al 8% en lo que va de año. La salida de un inversor de referencia elimina un suelo implícito que muchos inversores institucionales valoraban, lo que deja al valor más expuesto a la volatilidad del mercado y a posibles movimientos especulativos.

El efecto en la cotización y el gobierno corporativo

Con esta operación, Telefónica ve cómo su accionariado se vuelve más fragmentado. La participación de la SEPI (10%), CaixaBank (4,86%) y BlackRock (3,12%) cobran ahora mayor peso relativo, pero ningún bloque alcanza el 10% por sí solo —la SEPI es el mayor, pero sin capacidad de control mayoritario sin apoyos. La dispersión dificulta la formación de mayorías estables y obliga al equipo directivo a negociar cada decisión relevante con un espectro muy amplio de intereses.

Este movimiento se produce apenas unos meses después de que el Gobierno, a través de la SEPI, reforzara su posición hasta el 10% en un intento de blindar a la compañía frente a intereses foráneos. Sin embargo, la salida de BBVA desdibuja en parte ese blindaje. La SEPI no tiene capacidad para ejercer un control mayoritario por sí sola, y la ausencia de BBVA le resta un aliado histórico que, en momentos delicados, había servido de contrapeso institucional.

BBVA era el ancla histórica; sin ella, Telefónica navega sin lastre en plena tormenta estratégica.

El nuevo tablero accionarial y los retos estratégicos del operador

La salida de BBVA llega en un momento especialmente exigente para Telefónica. La compañía está inmersa en una transformación que pasa por la venta de activos no estratégicos —como la reciente desinversión en su filial submarina—, la consolidación del mercado español y la batalla por el liderazgo en el 5G. La ausencia de un accionista bancario de referencia elimina un contrapeso que, históricamente, había servido de amortiguador frente a los vaivenes del mercado y que facilitaba el diálogo con las administraciones.

Al mismo tiempo, la reducción de la participación de BBVA despeja el fantasma de la irrupción de un nuevo gran accionista, como se especulaba hace meses. El banco ha optado por vender en bolsa en lugar de buscar un comprador estratégico, lo que diluye el riesgo de un bloque de control que pudiera intentar condicionar la estrategia. Sin embargo, la mayor capitalización flotante puede atraer a inversores oportunistas en busca de una posición de influencia, algo que el consejo de Telefónica tendrá que vigilar de cerca.

En mi opinión, la decisión de BBVA revela tanto una lectura defensiva sobre el sector telecom —cuya rentabilidad sigue siendo modesta— como una apuesta por redirigir capital hacia negocios con mayor retorno, como la banca minorista en México o Turquía. Telefónica, mientras tanto, se queda un poco más huérfana de referentes estables en un momento en que necesita aliados de largo plazo. Habrá que ver si ese vacío lo llena la SEPI con un aumento de participación, si surge un nuevo inversor institucional con vocación de permanencia o si, por el contrario, se abre una etapa de mayor volatilidad que complique el aterrizaje del plan estratégico.


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