Anthropic ultima un chip propio con Samsung para reducir su dependencia de Nvidia y plantar cara a OpenAI. La negociación con la surcoreana, adelantada por The Information, coloca a la empresa de Claude en la carrera por el hardware de inferencia personalizado, apenas una semana después de que OpenAI presentase su procesador ‘Jalapeño’ junto con Broadcom. Un movimiento que reconfigura el tablero de la inteligencia artificial y que evidencia que la batalla por el dominio de la IA ya no se libra solo con modelos, sino también con silicio.
Claves de la operación
- Competencia directa con OpenAI: Anthropic apuesta por un chip de inferencia propio. La empresa se suma a la tendencia liderada por su rival, que ya anunció su chip Jalapeño, para ganar autonomía frente a los procesadores de Nvidia.
- Samsung, un socio estratégico de primer orden. El fabricante surcoreano es proveedor clave de Nvidia y está inmerso en una «fábrica de IA» que optimiza su litografía. La alianza permitiría a Anthropic beneficiarse de esa capacidad.
- Diversificación, no ruptura total. Anthropic mantendrá sus acuerdos con Google, Amazon y Nvidia como parte de un stack de computación multifuente, pero el chip propio reduce el riesgo de cuellos de botella y de dependencia excesiva de un solo actor.
La ofensiva de Anthropic para no perder la batalla del hardware de inferencia
El anuncio de OpenAI ha sido un aldabonazo. Su chip ‘Jalapeño’, desarrollado con Broadcom, promete un rendimiento por vatio superior al de las alternativas comerciales. Anthropic, que ha centrado su ventaja competitiva en la seguridad de Claude y en capacidades multimodales, no podía permitirse ceder terreno en eficiencia operativa. La razón es simple: servir modelos de lenguaje a escala planetaria se ha convertido en un pozo de consumo energético y, por tanto, de costes. Un chip propio ajustado a las necesidades exactas de inferencia puede recortar el gasto en hasta un 60 %, según estimaciones de analistas del sector, además de reducir la latencia.
Google lleva años afinando sus TPUs. Amazon lo ha hecho con Trainium y Graviton. Microsoft apuesta por Maia. La fotografía del sector es clara: ninguna gran tecnológica quiere depender exclusivamente de Nvidia, cuyo monopolio en GPUs de IA ha disparado los precios y los plazos de entrega. Anthropic, que según The Information lleva meses sopesando la idea, ha encontrado en Samsung el socio idóneo para dar el salto.
La mayoría de los analistas coincide en que el movimiento es acertado. El diseño de chips a medida permite optimizar la arquitectura para tareas concretas —como la atención de Transformers— y eliminar componentes innecesarios. Además, la colaboración con un gigante de semiconductores como Samsung ofrece capacidad de producción a gran escala y acceso a nodos avanzados, clave para competir con los futuros procesadores de TSMC y de Intel.
La batalla por la inteligencia artificial se traslada al silicio, y el que fabrique más barato tendrá ventaja.
No se trata solo de costes; el control sobre el diseño permite personalizar la arquitectura para modelos específicos y, en última instancia, diferenciarse frente a los competidores que usan hardware genérico.
Samsung, el eslabón que le faltaba: de socio de Nvidia a ‘foundry’ de Anthropic
La elección de Samsung no es casual. El conglomerado surcoreano es el segundo fabricante mundial de semiconductores por capacidad y un proveedor histórico de memorias y procesadores para Nvidia. De hecho, Samsung produce una parte significativa de los chips que Nvidia necesita para sus GPUs H100 y H200. La sintonía entre ambas compañías ha ido a más: la «AI Factory» de Samsung, una iniciativa conjunta, optimiza el proceso de litografía OPC para chips de inteligencia artificial, lo que ha permitido mejorar el rendimiento de oblea. Anthropic se beneficiaría directamente de esa experiencia y capacidad.
El calendario de desarrollo apunta a que los primeros prototipos de Anthropic podrían iluminar la foundry de Samsung en la segunda mitad de 2027. La empresa de Dario Amodei busca un chip de inferencia optimizado para sus modelos Claude, que en los últimos benchmarks ha mostrado un rendimiento sobresaliente en tareas de razonamiento y generación de código. Disponer de un acelerador a medida permitiría a Anthropic empaquetar servicios de nube propios, compitiendo de tú a tú con OpenAI y ChatGPT Enterprise, que ya ofrecen descuentos por uso masivo de su infraestructura.

La diversificación geopolítica también pesa. Mientras TSMC concentra la producción avanzada en Taiwán —un flanco caliente de la tensión China-EE. UU.—, Samsung mantiene plantas en Corea del Sur y en Estados Unidos, lo que ofrece una capa de seguridad adicional. Para Anthropic, que tiene a Google y a Amazon como inversores de referencia, la alianza con Samsung supone además un contrapeso a la influencia de esos accionistas, que controlan sus propias plataformas de cloud.
Un espejo para la IA europea: ¿servirá de inspiración para España?
El movimiento de Anthropic trasciende el tablero estadounidense. La Comisión Europea ha impulsado una Estrategia de Chips dotada con 43.000 millones de euros para que el continente fabrique el 20 % de los semiconductores mundiales en 2030. Sin embargo, las grandes factorías como TSMC en Alemania o Intel en Magdeburgo aún están en construcción y la dependencia de Nvidia es abrumadora. La apuesta de Anthropic y Samsung muestra que los propios desarrolladores de IA pueden impulsar cadenas de suministro alternativas, lo que podría acortar el camino hacia una mayor autonomía.
En España, el ecosistema de inteligencia artificial todavía se apoya en los hiperescalares —AWS, Azure y Google Cloud— para la inferencia de modelos. Empresas como Telefónica Tech o la alianza Indra-Thales dependen de esos proveedores, y una disrupción en el suministro de chips afectaría a toda la economía digital. El ejemplo de Anthropic resulta especialmente instructivo: diseñar chips propios no es solo cosa de gigantes, sino una vía que las medianas compañías de IA pueden explorar en colaboración con centros de investigación como el IMEC o el Barcelona Supercomputing Center. El reto, claro, es la inversión: un desarrollo así supera los cientos de millones de euros.
Con todo, conviene mantener la cautela. El chip de Anthropic aún no es una realidad comercial y Samsung deberá sortear sus propios problemas de rendimiento en los nodos de 3 nanómetros. Si el cronograma se cumple y los prototipos ven la luz antes de 2028, el mapa de la inteligencia artificial se habrá transformado en tres ejes: modelos, datos y ahora, silicio a medida. La partida está en marcha.




