Rusia responde a Ucrania con 500 drones y 70 misiles en Kiev, advierte Armesilla

El rector Santiago Armesilla califica la represalia como un 'nuevo episodio' dentro de la rutina del conflicto, pero advierte sobre la creciente presión de los sectores duros en el Kremlin.

No me considero alarmista, pero las imágenes de esta mañana desde Kiev me han hecho repasar una y otra vez el análisis de Negocios TV. Rusia ha lanzado un ataque masivo con cerca de 500 drones y más de 70 misiles. Al menos 13 civiles muertos, decenas de heridos. Es la respuesta directa a las incursiones ucranianas en Moscú y Crimea. El mensaje es contundente: la paciencia de Moscú se ha terminado.

El bombardeo que rompe los esquemas de Kiev

El analista de seguridad Juan detalló en el programa la magnitud de la ofensiva. Decenas de explosiones sacudieron barrios residenciales e infraestructuras energéticas mientras los sistemas de defensa aérea ucranianos apenas lograban interceptar una fracción de los proyectiles. Lo que más me sorprendió fue la explicación de la demora: Rusia necesitaba semanas para probar sus nuevos drones autónomos. Estos ingenios no requieren guía óptica ni enlace de radio, así que son extremadamente difíciles de neutralizar. Juan lo resumió sin rodeos: “Rusia no se iba a quedar atrás, iba a replicar y replicó”. Y lo ha hecho con una potencia que Kiev no veía desde los primeros meses de la guerra.

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Pero el experto fue más allá. Los ataques transfronterizos ya no distinguen entre frente y retaguardia. La reciente ofensiva ucraniana sobre Crimea —donde casi el 80% de la población se autopercibe como rusa— ha provocado un efecto paradójico: en lugar de sembrar desánimo, está reforzando el apoyo civil a la guerra. El cierre de suministros energéticos en la península por parte de drones ucranianos añade una dimensión civil que, según Juan, convierte cada golpe en un multiplicador de resentimiento y en una presión difícil de gestionar para Moscú.

Drones con cerebro propio: un salto cualitativo

La introducción de drones autónomos no es un detalle menor. Estos aparatos, capaces de operar sin intervención humana, permiten saturar las defensas ucranianas y golpear con precisión incluso si se cortan las comunicaciones. Por primera vez, la doctrina antiaérea se queda sin una de sus principales bazas: interferir las señales de control. Mientras tanto, las líneas de aprovisionamiento rusas siguen siendo blanco de ataques ucranianos que complican los movimientos logísticos. El escenario, me temo, se parece cada vez más a un tablero de ajedrez donde cada pieza se vuelve más letal y autónoma.

Armesilla: “Esto no es más que un nuevo episodio”

Santiago Armesilla, rector del Instituto Beatriz Galindo La Latina, intervino con un tono más contenido. Para él, la escalada empezó el mismo día que la guerra. “No veo nada novedoso”, afirmó, “es lo típico: tú me atacas, yo te ataco”. Desde su analisis, este bombardeo masivo se inscribe en la lógica de represalias puntuales que ha dominado los casi cuatro años de conflicto. A mí, confieso, esa normalización me resulta inquietante.

Armesilla puso el foco en la contención. Señaló que, pese a las presiones de los sectores más duros del establishment ruso —que tachan a Putin de poco agresivo—, el presidente ha evitado hasta ahora abrir la caja de Pandora. “Habrá que agradecer a la gente prudente de todos los bandos el que esto no se haya convertido en el escenario de una nueva guerra en el continente europeo”, sentenció. Y entonces soltó la frase que me dejó helado:

‘Habrá que agradecer a la gente prudente de todos los bandos el que esto no se haya convertido en el escenario de una nueva guerra en el continente europeo y por tanto de una nueva tercera guerra mundial caliente’

— Santiago Armesilla

La guerra dentro del Kremlin

Lo que más me preocupa de su análisis es la advertencia sobre las luchas internas. No solo Zelenski empuja los límites; también dentro de la clase dominante rusa hay quienes ven a Putin como demasiado comedido y reclaman más agresividad. Esa tensión, hasta ahora contenida por el liderazgo del presidente, es el verdadero termómetro de cuánto puede llegar a escalar la contienda. Un mal cálculo, un evento inesperado —como bien apuntó Armesilla—, y la guerra se sale de madre.

¿Contención o espiral? La incógnita de este verano

La paradoja es que cada ataque masivo, como el de hoy, parece reafirmar la dinámica del “día de la marmota” que describió el propio Armesilla. Sin embargo, el contexto no es el de 2022: Ucrania golpea Moscú con drones de largo alcance, la guerra se cronifica y la paciencia de las retaguardias se agota. Zelenski ha anticipado que hasta final del verano viviremos “un nuevo capítulo”, y el despliegue masivo de drones autónomos sugiere que Moscú está dispuesto a responder con una intensidad inédita. Los analistas militares occidentales hablan ya de un conflicto de desgaste que podría prolongarse años si no hay negociación.

Vivimos en una guerra de espejos donde cada ofensiva justifica la siguiente. La pregunta que me hago este 3 de julio es si la prudencia que hasta ahora ha evitado la catástrofe total puede seguir resistiendo la lógica de la venganza. Porque, como dijo Armesilla, un evento inesperado puede cambiarlo todo en cuestión de días. Y mientras los líderes miden sus fuerzas, Kiev vuelve a contar sus muertos.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Negocios TV a continuación:


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