He leído el comunicado conjunto que los equipos de Narendra Modi y Sanae Takaichi difundieron anoche en Nueva Delhi y la señal es inequívoca: dos de las mayores economías de Asia están cerrando filas para blindar sus cadenas de suministro de minerales críticos. El movimiento reconoce abiertamente la vulnerabilidad frente a China, que controla la mayor parte del procesamiento de tierras raras y de otros materiales esenciales para baterías, semiconductores y sistemas de defensa.
Tras el encuentro bilateral del 2 de julio, Modi anunció que India y Japón “han acordado reforzar la resiliencia de las cadenas de suministro en sectores estratégicos como semiconductores, tecnologías cuánticas y minerales críticos”. La declaración se produjo en el marco de la alianza de seguridad Quad —que completan Estados Unidos y Australia— y llega en un momento en que Pekín utiliza su dominio de las materias primas como herramienta de presión geopolítica.
Los términos del nuevo eje mineral
Los detalles concretos del acuerdo incluyen tanto cooperación institucional como un fuerte componente de inversión privada. Las empresas japonesas e indias cerraron acuerdos por valor de 12.300 millones de dólares, parte de un compromiso más amplio de Tokio de inyectar 68.000 millones de dólares en India a lo largo de diez años. Las cifras son relevantes porque van más allá del papel: las inversiones se orientan a proyectos de exploración minera en India, plantas de procesamiento de litio y cobalto y desarrollo conjunto de tecnologías de reciclaje de baterías.
- Refuerzo de la cooperación en semiconductores, con posible transferencia de tecnología japonesa a la incipiente industria india de chips.
- Proyectos de joint venture para procesar minerales como el litio y el grafito, evitando la dependencia de las refinerías chinas.
- Desarrollo conjunto de un proyecto de antena de radio naval para mejorar la vigilancia marítima en el Índico, un guiño a la estrategia de contención de la influencia china en la región.
“Necesitamos construir con urgencia resiliencia en nuestras cadenas de suministro de minerales críticos.” — Sanae Takaichi, Primera Ministra de Japón, declaración tras la reunión, 2 de julio de 2026
La propia Takaichi aludió a la “weaponization de la economía y a prácticas y políticas no de mercado” que suponen un riesgo para la seguridad económica de ambos países, una crítica velada pero directa a las restricciones de exportación que China ha impuesto sobre el galio, el germanio y otros minerales estratégicos en los últimos años.
El rompecabezas estratégico de las tierras raras y el nuevo equilibrio de poder
Lo que veo aquí es la consolidación de una tendencia que ya venía dibujándose: la estrategia China+1 no se limita a la manufactura ligera, sino que está entrando de lleno en los cuellos de botella más sensibles de la industria global. China extrae alrededor del 60% de las tierras raras del planeta y procesa más del 85%. Ese dominio le permite fijar precios, limitar exportaciones y, en última instancia, utilizar los minerales críticos como arma económica. India posee reservas significativas de tierras raras, pero carece de la capacidad de refinado. Japón, por su parte, domina la tecnología de procesamiento avanzado y de reciclaje. La complementariedad es casi perfecta.
El acercamiento entre Nueva Delhi y Tokio podría acelerar la construcción de una cadena de suministro alternativa a la china, desde la mina hasta la batería. Sin embargo, el riesgo principal sigue siendo el tiempo: levantar una planta de procesamiento de tierras raras puede llevar entre cinco y siete años, y mientras tanto la industria europea de automóviles eléctricos seguirá dependiendo de las importaciones chinas. No obstante, el pacto de inversiones millonarias sugiere que el margen para decisiones políticas dilatorias se está reduciendo.
🌐 El efecto dominó en Occidente
El movimiento directo sobre el Viejo Continente es doble. Primero, la asociación entre India y Japón fortalece el bloque de países que buscan reducir su exposición a Pekín, lo que podría acelerar la entrada en vigor de acuerdos como el crítico tratado de materias primas de la UE con Australia y Canadá. En segundo lugar, si las inversiones anunciadas cuajan en capacidad real, la presión sobre los precios de los imanes de neodimio, el litio o el cobalto tendería a moderarse a medio plazo, beneficiando directamente a los fabricantes europeos de vehículos eléctricos —desde las plantas de baterías del Grupo Volkswagen en Sagunto hasta las fábricas de Stellantis en la eurozona.
Para el BCE y el Euríbor, el impacto es más indirecto pero relevante: una reducción de la volatilidad de los precios de las materias primas críticas contribuye a aliviar las presiones inflacionistas sobre los bienes industriales importados, uno de los componentes que el banco central sigue vigilando de cerca. En el contexto actual, cualquier señal de estabilización en los costes de la transición energética es bienvenida.




