Inversión de 115 millones del Estado en Openchip: la apuesta por chips RISC-V

El Consejo de Ministros aprueba la entrada de la SETT en una ronda que busca más capital privado. El objetivo es alcanzar la producción a gran escala en 2028 y blindar la soberanía tecnológica europea.

El Ejecutivo aprobó ayer una inyección de 115 millones de euros en Openchip, la empresa catalana que diseña chips con arquitectura RISC-V. La operación, formalizada por la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica (SETT), supone el mayor respaldo público directo a una startup de semiconductores en España y marca un hito en la estrategia de soberanía digital. La decisión llega en un momento en que la UE redobla sus esfuerzos para asegurarse un puesto en la cadena de valor de los semiconductores, tras la crisis de suministro de 2021-2022.

Claves de la operación

  • El Estado entra en la ronda con 115 millones. La SETT ha aprobado la inyección que forma parte de una ampliación de capital aún por cerrar con inversores privados, por lo que la cifra final será superior.
  • Openchip prevé lanzar su primer prototipo este año. El inicio de la producción a gran escala está fijado para 2028, un calendario ambicioso que ahora cuenta con más músculo financiero.
  • La Generalitat blindará su posición con un 5% y un asiento en el consejo. Ha transformado parte de los 35 millones de créditos en acciones, asegurando además la permanencia de la sede en Cataluña.

La arquitectura RISC-V, el aliado de la autonomía estratégica europea

Frente al dominio de ARM e Intel, la arquitectura abierta RISC-V se ha convertido en una de las grandes apuestas de la UE para reducir la dependencia de proveedores extracomunitarios. Openchip, nacida en 2021 como un spin-off del Barcelona Supercomputing Center (BSC-CNS) y GTD Innovation & Technology, quiere ser la punta de lanza de ese esfuerzo industrial.

Publicidad

La compañía ya había captado 111 millones de fondos Next Generation y otros 35 millones en créditos de la Generalitat antes de esta ronda. Ahora, con la entrada de la SETT, el proyecto gana credibilidad para atraer a los grandes fondos europeos de capital riesgo, que observaban con cautela una iniciativa de tanto recorrido.

El diseño con RISC-V permite a Openchip eludir las licencias de las arquitecturas propietarias, un factor clave para la autonomía europea. No obstante, el reto va más allá: las fábricas capaces de producir a escala se concentran en Asia y Estados Unidos, y la UE aún carece de una capacidad de manufactura avanzada competitiva.

Openchip, de spin-off a punta de lanza industrial

El plan de negocio contempla el lanzamiento de un prototipo funcional en la segunda mitad de 2026, según confirmó el CEO Francesc Guim en declaraciones recogidas por este medio. La producción en serie está prevista para 2028, siempre que la fase de validación no encuentre obstáculos técnicos de envergadura.

El verdadero test para Openchip no es el prototipo de 2026, sino atraer el capital privado que confirme que su tecnología puede escalar en un mercado dominado por gigantes.

Actualmente, la plantilla ronda los 300 trabajadores, repartidos entre la la sede en Barcelona y delegaciones en Italia, Polonia, Francia, Alemania e Irlanda. La reciente designación de Tobías Martínez —ex consejero delegado de Cellnex— como presidente del consejo refuerza la apuesta por una gobernanza con pedigrí industrial que inspire confianza a los inversores.

España en el tablero global: riesgos y retos de un proyecto mayúsculo

Openchip encarna la ambición de la industria española de semiconductores, impulsada por el PERTE Chip y los fondos europeos. Pero el camino está plagado de desafíos. Los ciclos de desarrollo de un chip son largos, los retornos no son inmediatos y la competencia —TSMC, Samsung, Intel— tiene décadas de ventaja.

La inversión pública, que ya suma 146 millones entre fondos Next Generation y la SETT, coloca al Estado como un socio determinante, pero también expone la dificultad para movilizar capital privado en una fase tan temprana. La Generalitat, por su parte, ha preferido convertir deuda en equity y asegurar control territorial, una jugada que puede disuadir a inversores que exigen menor peso político en la gobernanza.

Aun así, la apuesta por los chips RISC-V tiene sentido geoestratégico. Bruselas ha identificado la soberanía digital como prioridad y Openchip es, hoy por hoy, uno de los pocos proyectos europeos con un diseño propio y horizonte de fabricación. Sin embargo, en el viejo continente otras iniciativas como SiPearl en Francia o Graphcore en Reino Unido han tropezado con las dificultades de un sector intensivo en capital. Openchip necesitará más que apoyo público para sobrevivir a la criba. Si logra los hitos técnicos prometidos, la ronda de capital privado que está negociando podría cerrarse antes de final de año, según fuentes del sector.


Publicidad